Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como maneras de vivir

Maneras neolíticas de vivir: las cuevas de Ventosa

Imagen
Ahora se utilizan para albergar al ganado -ovejas, prácticamente- y depositar fanegas de alpaca y aperos. Pero, aunque parezca mentira, constituyeron la vivienda de personas hasta tiempos relativamente recientes. Las cuevas de Ventosa representan un crudo testimonio de esa otra España, ajena al Plan Marshall en los años cincuenta y ajena, también, a las expectativas actuales de los países integrados en la Comunidad Económica Europea. Más aún, constituyen un caso más de la España negra, humilde y troglodita que todos deberíamos conocer al menos una vez en la vida, para aprender a valorar lo que tenemos y mejor aún, para darnos cuenta, en realidad, de lo afortunados que somos por no tener que vivir en esas condiciones.

Peregrinando hacia el Misterio: Ventosa

Imagen
Si no fuera por dos casonas totalmente reformadas, la furgoneta aparcada en uno de los laterales de la sólida mole de la parroquial y el ladrido intempestivo de los perros sueltos, la primera impresión del visitante al poner los pies en Ventosa, sería, no me cabe duda, la de estar en otro de los numerosos despoblados que, tristemente, jalonan la provincia. Y en realidad, no andaría muy desencaminado en sus apreciaciones, pues, como mucho, los habitantes de este lugar -que lleva el apelativo 'del Ducado' en referencia a los duques de Medinaceli, señores en tiempos de la zona- no pasan de tres. A lo sumo, cuatro. Situado en lo más alto de un risco, Ventosa hace honor, desde luego, a su nombre. El paisaje, no obstante, que se contempla desde allí, es realmente impresionante: al frente y a la derecha, Miño de Medinaceli; a la izquierda, Conquezuela. Por la parte de atrás, hacia la izquierda, ya en tierras de Guadalajara y en dirección a Sigüenza, Olmedillo y sus famosas cuevas; a l...

Maneras de vivir: Numancia

Imagen
No resulta ninguna quimera, ni siquiera ninguna licencia poética, la popular aseveración del Santero de San Saturio -inmortal personaje de Gaya Nuño- cuando afirmaba desde las páginas de tan maravilloso libro, que 'me gusta ir a Numancia cuando zumba el viento, cuando cae frío de las alturas, cuando todos los elementos cooperan en hacer triste, espantosa e inerme la ruina'. La última vez que estuve en Numancia, mientras paseaba ensoñadoramente por lo que otrora fueran sus calles, reconozco que no dejaba de pensar en estas palabras. El viento zumbaba, aunque ligera y pausadamente, sin llegar en ningún momento a amenazar con convertise en ese hermano mayor y vocinglero llamado cierzo. Aunque la mañana había amanecido fresca -no olvidemos que estamos en invierno- las nubes le habían dejado un pasillo al sol y sus rayos, más bien tibios, animaban a pasear. Es cierto, así mismo, que apenas había visitantes, a excepción de una pareja de Logroño, a juzgar por la matrícula de su coche,...