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La conexión irlandesa de Villasayas

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' N o era lógico el vacío existente con respecto a la península ibérica en la actuación de los monjes/artistas irlandeses en el continente europeo. Sin embargo, su obra estaba aquí, a veces escondida bajo la definición de artistas locales, a veces imputada a otras escuelas, fueron necesarios muchos años de estudio silencioso, de interpretar de nuevo lo mal interpretado, de tener los conocimientos y el coraje necesario para corregir el error. Una corrección no siempre admitida por el pensamiento conservador' (1). D os son las razones principales que me mueven a insistir, en éste preciso momento, con un pueblo que, a fuerza de mirar hacia atrás, me trae siempre muy gratos recuerdos: Villasayas. E l primero de ellos, conlleva una intención, completamente sana y desinteresada, de rendir un pequeño tributo a una persona que, habiéndoseme presentado -yo diría que no precisamente de forma casual, pues no creo en la casualidad- por esos misteriosos caminos de Dios, no sólo me honra co...

Santo Domingo: una borrachera de románico

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H ablar de la iglesia románica de Santo Domingo conlleva, ineludiblemente, la obligación de reconocer, sin ningún género de cortapisas y tapujos, que nos referimos a una de las joyas indiscutibles no sólo de Soria capital, sino también, y de manera extensiva pero justa, de toda la provincia. Una joya que sirvió de colofón a una inolvidable jornada durante mi última visita a Soria, acaecida hace apenas una semana, en la que, aparte de poder gozar durante un breve espacio de tiempo de esa auténtica terapia natural que conlleva siempre acercarse hasta la ribera Saturiana del Duero, tuve ocasión, también, de penetrar en parte de esa hermética propiedad privada que es actualmente el antiguo monasterio templario de San Polo. H e de reconocer, por otra parte, que el calificativo de borrachera románica es una apropiación -espero que no considerada indebida- de una frase realizada en cierto momento por la persona amiga que me acompañaba, y que, de igual manera que un servidor, puso en riesgo ...

Romance del Duero

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P oco antes del alba, en ese preciso, inatrapable instante en el que se cierra el portal de las leyendas y el rayo de luna que perdió al enamorado Manrique desaparece arrastrado por las aguas del Duero, el paisaje vuelve a dibujar otra vez un sendero tranquilo, que se difumina a lo lejos -incluso más allá de la ermita de planta octogonal que se asienta sobre la ladera del monte de Santa Ana- hasta fundirse con una quimera que, a falta de nombre mejor, conocemos como horizonte. D e igual manera, río y ribera se funden en un estrecho abrazo, íntimo, personal, atrapados en la engañosa superficie de un espejo, en el que dos mundos, lejos de chocar, simplemente se aparean y confunden como amantes inseparables. H ay algunas hojas caídas en el suelo, que apenas revolotean, pues aún el cierzo, cual doncella encantada esperando el beso del príncipe otoño, duerme profundamente allá a lo lejos, en las cimas encantadas del Moncayo, anciano de rostro severo que en cuestión de meses lucirá leonina y...

Barca, marinera tierra adentro

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P asé por Barca, un caluroso día del pasado mes de julio, cuando regresaba de Andaluz, a donde había acudido con las primeras luces del alba para recuperar mi cuaderno de notas que, con gran pesar, había olvidado una semana antes en uno de los últimos bancos de la iglesia románica de San Miguel. Un cuaderno pequeño, de tapas de cartón artisticamente labradas para justificar el precio, en cuyas guardas, junto a una pequeña basílica de recuerdos varios -la mayoría, entradas cuyo donativo, románticamente, me inducen a pensar que servirá para mejorar las condiciones de nuestro Patrimonio Artístico y Cultural-, conservo con especial cariño sellos auténticos de lugares emblemáticos del Camino de las Estrellas -Eunate y Torres del Río, por ejemplo- que me recuerdan constantemente esos deseos enormes que siento de llevar a cabo algún día esa travesía trascendente y que, mientras llega el momento, me consuelan con escarceos de fin de semana en los que, por otra parte, picoteo de pueblo en puebl...

Cañón del Río Lobos: festividad de San Bartolomé y romería de la Virgen de la Salud

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A fuera, brillaba el sol. Vívido, iluminaba los árboles, proyectando negras sombras detrás de las destacadas rocas y, de rechazo, mandando miríadas de puntos resplandecientes desde el azul del lago. Aquí, en el frío reparo de la cueva de la vieja ermita, la luz se filtraba a través de las ramas colgantes y llegaba verdosa, suave, a los ojos cansados de una exposición al sol relumbroso. A sí comienza una extraordinaria historia, de un no menos extraordinario y controvertido libro de Lobsang Rampa (1), extraño personaje que, aún después de muerto, continúa generando multitud de polémicas en cuanto a su verdadera identidad y los pormenores de su increíble vida. Así podría comenzar yo también mi pequeña crónica de la festividad de San Bartolomé y la romería de la Virgen de la Salud si, obviando mi llegada a este fabuloso y mistérico enclave situado a lomos de las provincias de Soria y Burgos, narrara el acontecimiento desde el interior de la mastodóntica Cueva Grande, situada a escasos met...

Gormaz: Fortaleza Califal

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S ituada en lo más alto de ese montículo que adquiere la forma de un pecho natural en la distancia, la que en tiempos fuera la imponente fortaleza califal de Gormaz duerme un sueño milenario, celosamente guardada por un auténtico ejército de rastrojos entre los que sobresale, con regia autoridad, el cardo salvaje, de flor color nazareno -por su similitud con el hábito del Cristo de Medinaceli- y tallo espinoso. Como espinosa es, en el fondo, su arcana historia. Una historia que se remonta, cuando menos, a ese imperativo siglo X en el que, se supone que aprovechando vestigios anteriores de cuya memoria y referencia apenas hay constancia, fue mandada edificar por un personaje que dejó como recuerdo para la posteridad, entre otros, parte de ese maravilloso bosque de columnas que conforman el interior de la Mezquita de Córdoba: Al-hakem II.

Gormaz: ermita de San Miguel

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N o podría comenzar esta entrada, sin mencionar a una persona muy querida, apreciada y por más señas, artista : Laura Alberich, nuestra inestimable Baruk. Bien es cierto que sin ella, el vídeo, así como mis apreciaciones -juiciosas o equivocadas, que cada uno las juzgue como considere necesario y sienta- estarían incompletas. En tiempos de egoísmo como los que corren, encontrar personas capaces de compartir sus tesoros y sus conocimientos, no resulta fácil. Afortunadamente, soy de los que opina que no existe regla sin excepción. Doy, pues, mis más sinceras gracias a Laura, por haberme cedido -con esa generosidad e interés de las que tengo buena constancia que la caracterizan- las fotografías de su archivo personal que, de hecho, son el alma de la ermita de San Miguel de Gormaz: sus pinturas románicas. ******* P uede que sea una gran verdad que el Tiempo, después de todo, termina haciendo justicia, situando las cosas en su justa dimensión y lugar. San Miguel de Gormaz tuvo su primer mo...