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Alcózar, tres años después

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'Pero las aldeas suelen albergar a veces, envueltas en la ganga de un desconocimiento casi universal, verdaderas piedras preciosas de bondad y de cultura...' (1). I magino que era esperar demasiado; que después de todo, hubiera sido una auténtica proeza haber vuelto a levantar, aprovechando los milenarios cimientos de sus decanas ruinas, lo que en tiempos debió de ser, a juzgar por la calidad de sus restos, una auténtica joya del arte románico soriano: la iglesia de Nª Sª del Rivero, en Alcózar. Recuerdo con emoción, la última vez que estuve allí. Fue un caluroso sábado del mes de julio del año 2008 , casi un año después de aquél histórico 12 de septiembre de 2007 , en que se firmara un protocolo de actuaciones entre la Junta de Castilla, la Diócesis de Osma y la Fundación Duques de Soria, dándose luz verde a una aportación de 6 millones de euros, destinados a la restauración de un buen número de iglesias románicas de la provincia. Evidentemente, ésta iglesia de Alcózar, figur...

Otoño y vida en Arganza

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'¿Volver?. Vuelva el que tenga, / tras largos años, tras un largo viaje, / cansancio del camino y la codicia / de su tierra, su casa, sus amigos, / del amor que al regreso fiel le espera. / Mas, ¿tú? ¿Volver?. Regresar no piensas, sino seguir libre adelante, / disponible por siempre, mozo o viejo, / sin hijo que te busque, como a Ulises, / sin Itaca que te guarde y sin Penélope'. (1) T engo la impresión de que, de un tiempo a ésta parte, mi relación con este curioso despoblado situado en las estribaciones del Cañón del río Lobos y poco menos que a la vera de una ciudad -San Leonardo de Yagüe- que comenzó siendo una barriada más del pueblo, se está consolidando, de manera que se podría llegar a pensar en la existencia de una misteriosa fuerza que me impele a volver -siquiera echando mano de la casualidad, en la que no creo, cuando no en las circunstancias- con el propósito de mostrarme algo nuevo. Nada, en principio, que pudiera hacerme concebir esperanzas de rehabilitación, d...

Otoño en la Laguna Negra de los Picos de Urbión

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'El día ha terminado, mis ojos se cierran, pero largo es el viaje que me espera...' (1) Y o también me otorgo a mí mismo el derecho a fantasear... D icen las comadres, que por las noches la luna se mira en ella, coqueta y muy pagada de sí misma, como la madrastra del cuento de Blancanieves, preguntándole quién es la más bella. La Laguna Negra sonríe, pero, no obstante, calla. Hay quien puede llegar a pensar que con su silencio otorga; pero yo creo que, en realidad, callando aleja de su entorno al terrorífico fantasma de la vanidad. La luna suspira entonces, y como todas las noches desde que el mundo es mundo, dándose por vencida se despoja de su capa de armiño y se sumerge lentamente en el agua. Poetas hubo, Dios mediante, que la confundieron con una mujer de carne y hueso y la inmortalizaron así en lo más florido de nuestras leyendas. El rayo de luna , la llamaron. L os lobos, ocultos en lo más impenetrable de los bosques que la circundan, aúllan lastime...

Otoño en San Esteban de Gormaz

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'Es la gloria del muerto verano la que se ha dormido en mi corazón, es el trémulo gris del otoño el que abre caminos con trémulo sol, tras los campos de viñas doradas el alma dormida se me adormeció, hoy me cercan lejanos y altivos los vagos recuerdos que el viento llevó...' (1) S on odiosas. Lo sé. Pero si tuviera que hacer una comparación, pensaría que el Otoño es como esa Luz maravillosa al final del túnel con la que Madre Gaia premia el ocaso de plantas y árboles. El Omega que promete una nueva resurrección; una sabia vuelta a empezar; un Alfa interminable que se hará realidad dos estaciones más tarde, cuando aquello que se fue retorne de nuevo con toda su fuerza y esplendor. D e Salvador Dalí se han escrito ríos de tinta; listas interminables de adjetivos calificativos -honoríficos ouroboros, que siempre se muerden la cola- para describir aquello que, gustando o no, se define sencillamente como genialidad. ¿O quizás locura?. Creo que a veces, una y otra apenas están separ...

Valdespina

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C uando uno se encuentra con este tipo de topónimos, resulta poco menos que imposible evitar fantasear y no dejarse llevar por ese arcaico romanticismo presente siempre en un conjunto de mitos, dogmas y formas de pensamiento, que parido en los meandros culturales del mundo llamamos, simple y llanamente, Tradición. La Tradición, mar de los sargazos en el que se marchitan verdades universales hábilmente camufladas, suele ser muy clara, sin embargo, a la hora de reconocer al espino y sus derivados, como vehículo de sufrimiento por el que tiene que pasar el neófito en su largo camino hacia el Logos o el Conocimiento. De madera de espino fue la corona que laceró la frente de Jesucristo y le acompañó en su calvario; enredaderas y espinos formaban parte del hechizo que mantenían inaccesible el castillo de todo un clásico de los cuentos universales: la Bella Durmiente. Valles tenebrosos, repletos de espinos y peligros, se encuentran también entre los lugares por los que tienen que pasar los hé...

Viana de Duero

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- Y el nombre -me pregunto yo-, ¿no será una desvirtuada referencia a la antigua diosa Diana?. A ún hoy, al cabo de un mes de mi visita a Viana de Duero, todavía continúo preguntándome si la reflexión de mi amigo, el Magister Alkaest, obedece a una realidad ancestral, quizás en la línea de esa historia mágica heredera de Gárgoris y Habidis, tan elocuentemente descrita por Sánchez Dragó. De hecho, puede que sea una Diana la que, precisamente, corona y embellece la fuente con forma de trébol de cuatro hojas, que se localiza en un jardincillo anexo a la iglesia de San Bartolomé. Una iglesia muy modificada, es cierto, como la gran mayoría de los templos cuyos torreones campean en los pueblitos de Almazán y Gómara, pero que, a diferencia de algunos de éstos, todavía conserva interesantes elementos de esa arquitectura, la románica, en la que la poesía del cantero sembraba estrofas en la piedra. Una piedra, en cuyo ábside, y de manera sorprendente, aún puede verse el carnet de identidad, o su...

Por tierras de Almazán y Gómara: Villalba

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E n realidad, desconocía la existencia de este pueblecito, y su hallazgo obedece, si he de ser sincero, a un despiste de circulación. A veces ocurre; la torpeza es un defecto que nos puede alcanzar a todos en un momento determinado, sin previo aviso. A mí, me alcanzó en Almazán, un poco antes del desvío hacia Gómara y Ágreda, haciéndome tomar la dirección de un lugar interesante, pero ya conocido, al menos superficialmente: Morón de Almazán. No era cuestión, evidentemente, de dar la vuelta en cualquier lugar, y como tiempo tenía hasta la hora de comer -había aceptado honrado y gustoso una invitación en tal sentido en Villasayas, aprovechando las fiestas patronales y las actividades lúdico-culturales que las acompañaban- poco, o mejor dicho, nada me importaba recorrer los cuatro o cinco kilómetros que distan hasta un pueblo de relevante historia, como Morón. Entonces lo ví, hacia la izquierda, asentado en unos campos dorados por el sol, dentro de un entorno de secano en nada parecido a ...