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Revisitando el claustro románico de la concatedral de San Pedro

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S orprende pensar, que los primeros orígenes de este representativo monumento histórico-artístico, se remonten, según algunas fuentes que se reparten en la propia concatedral, al año 1118, fecha en la que, en Tierra Santa, se concibió un proyecto religioso-militar, cuya historia continúa atrayendo la atención de un mundo todavía ávido de respuestas imposibles hacia los grandes misterios de todos los tiempos: la creación de la Orden del Temple. Pobres y poco conocidos, como suelen ser, generalmente, todos los inicios que se remontan milenios en el tiempo, se supone que los orígenes de la actual concatedral, se constituyeron alrededor de una humilde ermita dedicada a la figura de San Pedro, el guardián de la Llave, figura a la que, vaya Vd a saber por qué, los gremios compañeriles no hicieron santo patrón de las canteras de las que se nutrían, para hacer Arte de su esfuerzo y su sudor. Y no obstante, a juzgar por los restos de aspecto prerrománico que aún pueden observarse, quizás hu...

Recordando la Soria celtíbera y numantina

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'Los recuerdos de mi vida se han convertido en joyas para mí; los extraigo de las profundidades acuosas del pasado cuando suena la hora de contemplarlos y he encontrado para escribirlos una mano que me muestra docilidad...' (1)   R ecuerdo con especial afectuosidad este libro. La primera página, todavía conserva, escrito a bolígrafo, el lugar y la fecha en que lo compré: Soria, 1 de julio de 1987. Era una costumbre que tenía por entonces -a falta de ex libris - pensando que al hacerlo, el libro quedaría definitivamente revalorizado con la magia del día y el lugar, aumentando, cuando menos, su valor afectivo. Recuerdo, también, que fue antes de retirarnos -iba con mi tío- al embalse de la Cuerda del Pozo, donde permanecimos una semana haciendo vida contemplativa en un lugar apartado y tranquilo, situado enfrente de la Playa de Pita. Había algunos árboles muy cerca de donde plantamos la tienda de campaña, pero por alguna extraña circunstancia que ni yo mismo sabría explic...

Paseando por la ribera de los poetas

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M uchos poetas lo alabaron. Algunos, incluso lo despidieron, lamentándose de que ya nadie a acompañarle baja ni se detiene a oír su eterna estrofa de agua (1). Otros, tanto o más melancólicos, lo acompañaron un trecho por su ribera, soñando bucólicos con iniciales que son nombres de enamorados, números que son fechas (2). Y aún hubo quien, cortejado por la Musa inquieta, supo arrancarle un rayo de luna (3), que por la noche se transformaba en una dona del auga , como dirían en esas tierras celtas del Norte, donde todavía la magia forma parte de la vida cotidiana. Fue el mismo poeta que, alejándose algunos metros de su cantarina orilla, imaginó una cruenta historia de fantasmas para conmemorar el Sammain celta bajo la piadosa forma de la noche de Todos los Santos. Es Júpiter, el Padre Duero; aquél, cuya sabia canción, posiblemente inspiró también a los alarifes mudéjares que soñaron unos arcos, a golpes de escuadra y cincel, que imitaban la magia de Dios. Y quizás también a aquéll...

Recordando a un personaje entrañable: el Santero de San Saturio

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  D icen que regresar es recordar. El pasado fin de semana, regresé a Soria. Y al acudir, por enésima vez a San Saturio, me encontré con la grata sorpresa de ver que, aunque de ficción, el entrañable personaje de Gaya Nuño, nuestro inmortal santero, había regresado. Créase o no, tuve una extraña sensación, viendo la humildad en la que vivía -un triste catre, unos raídos pantalones, un orinal y un ventanuco con el que solazar los ojos viendo pasar al nostálgico Duero- llegué a sentirme estúpidamente rico, no obstante mi arrastrada pobreza de nacimiento. Y en el fondo, puestos a pensar en ello, cuando la Parca nos alcance, ¿qué equipaje podemos llevar?. E sto no es una entrada al uso, sino un sencillo, pequeño homenaje a un gran escritor soriano, como fue Juan Antonio Gaya Nuño y al más universal de los celtíberos: el Santero de San Saturio. Nadie mejor que ellos, para descubrir Soria y su provincia.     ' L legué a Soria en octubre, el mes del Santo y del ...

En la noche de los tiempos: Conquezuela

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'¡Salud y viva Soria libre, mágica y templaria!' (1) A pesar de las modificaciones sufridas en el entorno a lo largo de los diferentes periodos históricos, hay lugares en los que todavía, al cabo de los milenios, alienta el Espíritu. Un Espíritu viejo, antiguo, ancestral, resultado de un amanecer que se remonta a la noche de los tiempos. A esa noche larga, lejana y oscura, que produce vértigo a los historiadores y provoca sueños cosmogónicos en la imaginación de los románticos. Uno de tales lugares, qué duda cabe, es Conquezuela y su entorno. S ituado a escasa distancia de Medinaceli, es uno de los lugares más interesantes, desconcertantes, primigenios y mágicos de la provincia. Para algunos investigadores -y me abstengo de citar nombres, obviando, siquiera por ésta vez, aquéllo de nobleza obliga, detalle de justicia que tan poco se practica hoy en día- incluso también templario. Pero ésta no es la cuestión principal, sino, como mucho, un mero detalle, con más o meno...

San Esteban de Gormaz: ermita de San Roque

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'...con Gormaz y Osma formó un alfoz común que durante mucho tiempo se conoció con el nombre de las Tres Casas, únicos puntos guarnecidos en el paso del río por esta comarca, y en el transcurso del XII perteneció a San Salvador de Oviedo y al monasterio de Arlanza...? (1). D ado que la Historia no es una ciencia exacta, sino más bien una extensa recopilación de datos y testimonios aproximados, en los que sobresalen numerosas lagunas, resulta difícil precisar cómo era y qué había exactamente en un lugar, en un periodo determinado. La historia de San Esteban de Gormaz, como la propia historia de la provincia, es antigua; y aunque se conocen muchos datos -de hecho, es uno de los pocos lugares de Soria, por ejemplo, que cuenta con un centro de interpretación del románico-, no deja de ser cierto, también, que sobresalen marjales importantes, difíciles, no obstante, de vadear sin correr el riesgo de ahogarse. Tal es así, que San Esteban, qué duda cabe, puede presumir, cuando meno...

Omeñaca: siete cabezas de infante para un almuerzo

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'Las ruinas son el mejor testimonio del poder del tiempo, ellas enlazan la generación viva con la generación muerta, el hombre que las contempla con el hombre que las construyó. Y luego..., si la tradición les hace hablar..., la tradición es la lengua de los monumentos antiguos y los monumentos antiguos son el documento de la tradición. Entre ambos hacen inmortal al hombre... y el hombre, sin embargo, generalmente los desprecia'. (Ibo Alfaro) (1)   D entro del románico mencionable de la provincia, y lejos, quizás, de los detalles de excelencia y calidad, cuyo modelado roza la perfección en muchos de sus templos más significativos, existe otro románico, menos voluptuoso, pero no por ello menos interesante, que permanece inalterable dentro de esa línea clasificatoria -costumbre ésta, demasiado humana, por eso, quizás, me resulta tan fea- entre lo espectacular y lo sencillo, lo rural y lo circunstancial, lo egocéntrico y lo práctico. A este románico fronterizo entre uno y...