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Aguilera: iglesia de San Martín

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C ercanos al entorno, aunque adentrándonos hacia el interior, pero siguiendo esa carretera general que une dos poblaciones de cierta importancia, como son Almazán y el Burgo de Osma, merece la pena detenerse en algunos pueblos y acercarse hasta sus parroquiales. Ese sería el caso, para empezar, de la pequeña población de Aguilera y su curiosa e interesante iglesia, dedicada a la figura de San Martín de Tours. Aunque no parece haber documentación histórica que lo avale, algunas fuentes observan cierto templarismo en este templo que, por sus características, bien haber constituido, como era costumbre en la época –el siglo XII, cuando la región representaba parte de la denominada frontera del Duero , que separaba la España cristiana de la España musulmana-, un ejemplo –abundante, por cierto en la provincia- de lo que se ha dado en denominar iglesia-fortaleza. Perteneciera o no, en algún momento determinado a los templarios, lo que sí es cierto, es que está comprobada la presencia de...

Nódalo: iglesia de San Miguel Arcángel

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E l siguiente pueblo en nuestra ruta por el románico de la zona, situado, no obstante también a escasa distancia de Nafría la Llana y a apenas un par de kilómetros de la carretera nacional 122 que une Soria con Valladolid, es Nódalo. Su parroquial, dedicada a la figura de San Miguel Arcángel, está situada, como solía ser costumbre en tiempos medievales -si tenemos en cuenta los útiles consejos de Vitrubio, estaríamos incluso de acuerdo también con la advocación- en lo más alto del pueblo, motivo por el que, en días ventosos y destemplados, se vea batida por los cuatro costados. Muy reformada -cabe destacar, el añadido de la sacristía en un lugar inusual, como es el de estar en la zona oeste, junto a la espadaña-, contiene, sin embargo, algunos elementos interesantes, que merece la pena descubrir. Casi todos, sin excepción, se refieren a su portada principal, situada en el lado sur del templo. Una portada, que si no tan espectacular como esas otras que hemos tenido ocasión de ver en...

Nafría la Llana: iglesia de la Natividad de Nuestra Señora

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E l camino continúa y en apenas unos kilómetros, el viajero llega a otra pequeña población, de nombre Nafría la Llana, cuya parroquial dedicada a la Natividad de la Virgen, merece, sin duda, una más que digna mención, perteneciendo, según aseveran los expertos, a la primera mitad del siglo XII. A diferencia de las visitadas hasta ahora en ésta pequeña ruta románica por la comarca, conserva prácticamente inalterables muchos de sus primitivos elementos románicos, si bien es cierto, que algunos no están en las óptimas condiciones que cabría esperar, sobre todo en lo referido a los canecillos. Tal es así, que en vista de algunos de ellos, como por ejemplo, el pequeño arcosolio que se levanta por encima del pórtico principal, situado en el lateral sur de la nave, se podría sacar alguna curiosa deducción, sobre todo si se compara con los recursos arquitectónicos empleados en otras iglesias de las proximidades, como podría ser el caso de Caltañazor y su iglesia principal, situada dentr...

Fuentelárbol

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D ejamos atrás Torreandaluz y la mediática portada de su parroquial dedicada a la figura de Santo Domingo de Silos, y en apenas una breve andadura de cinco kilómetros, seis a lo sumo, llegamos a Fuentelárbol, población que, en opinión de este viajero, conserva en su nomenclatura unas raíces celtíberas que determinan el lugar y, en muchas ocasiones, señalan, así mismo, con la presencia de una iglesia, la posterior cristianización. Un ejemplo de ello, podría encontrarse en otro pueblecito soriano, distante tres kilómetros de Almazán, de nombre Fuentelcarro, cuya parroquial tiene la fuente o pozo adosada a su pared oeste, como interesante podría resultar señalar, además, la existencia de un ancestral pozo en uno de los laterales de la iglesia de San Juan de Rabanera, en Soria capital, templo en el que, como se sabe, se reutilizaron numerosos elementos de la cercana y arruinada iglesia de San Nicolás, en uno de cuyos lienzos todavía se pueden apreciar unas bellas pinturas románicas que...

Torreandaluz: iglesia de Santo Domingo de Silos

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S in duda, el otoño es una buena estación para recordar. Tal vez no sea la mejor, pero me consta, que al menos lo disimula muy bien, hasta el punto de parecerlo. Como hojas que se balancean al menor atisbo de brisa, los pensamientos adquieren la dimensión de esas pompas de jabón que inundaban los mundos sutiles de un hombre bueno, otorguémosle el apellido Machado, sólo por poner un ejemplo relevante y revoloteando con imperiosa rebeldía, rechazan la barrera física de los candados, abandonando los carcomidos barrotes del Semper fidelis y nostálgico baúl de los recuerdos. Se convierten, comparativamente hablando, en reos atrapados y reducidos sin misericordia por los sabuesos de la prosa. Cualquiera diría, que en apenas unos segundos, demostrando la teoría de la relatividad de Alberto Einstein -me otorgo a mí mismo el capricho de la familiaridad, porque tal vez ambos pertenezcamos a alguna de esas doce tribus perdidas de Sefarad -, punto de partida y de llegada se fraccionan en apen...

Villaciervos

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D e la medieval Villaciervos de Yuso, o de Abajo, como se la conocía allá por el siglo XII, cabe reseñar esa curiosa torre del reloj, construida hacia 1884, que el viajero se encuentra prácticamente de sopetón unos tres kilómetros más adelante, apenas abandonado Villaciervitos, continuando viaje por la carretera nacional 122 que une Soria con Valladolid. Cuentan, que entre sus tradiciones perdidas, estaban unas curiosas danzas que se crearon hace justamente cien años; que se cantaban albadas en las bodas, como en Aragón y que los mozos pedían la gallofa el Martes de Carnaval, el segundo día de Pascua y también por Santa Ana, la Madre de la Madre. De sus cofradías, dicen que todavía continúa vigente la de la Vera Cruz. Dicen, así mismo, que ayudaron a una reina y su séquito, que se quedaron atascados en el puerto, en el lugar conocido a partir de entonces como Cuesta de la Reina, y que de similar manera a como ocurriera frente al moro, que había puesto cerco a las murallas del casti...

Villaciervitos

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D ecía Juan Antonio Gaya Nuño, siempre por boca de su fiel e inolvidable personajes, claro está, nuestro inmortal Santero de San Saturio , que las villas, aldeas y lugares sorianos cautivan, ante todo, y frecuentemente sin otro señuelo, por sus nombres . Lejos del espíritu sanguino del cazador -que a mí la caza, como la música militar, nunca me supo levantar-, arribar a una población con un nombre tan romántico como Villaciervitos, me produce una peculiar tormenta de sensaciones, capaz de levantar en el alma pequeños aguaceros de especulativa imaginación. Pienso, luego he de suponer que existo, que si a apenas a unos breves kilómetros, otro pueblo lleva el no menos expresivo nombre de Villaciervos -por el que pasaremos también en breve-, ambos lugares debieron de constituir para el cérvido -cuya esbeltez, agilidad y gracia parecía ejercer una poderosa fascinación sobre el hombre primitivo, a juzgar por su representatividad en numerosos grabados rupestres, incluidos los del cercano ...