lunes, 11 de septiembre de 2023

[SPN-ENG] Bécquer, monasterios y daimones / Bécquer, monasteries and daimones

 


Tal vez los viejos filósofos griegos, como Platón, no erraran, después de todo, al suponer que cada alumbramiento llevaba aparejada la asignación providencial de un daimón o entidad espiritual, que, para bien o para mal, acompaña a todo hijo de vecino, inspirándole en los momentos cruciales de esa aventura trascendental, que, desde luego, podemos llegar a suponer que es algo tan misterioso y a la vez, tan intenso, como la vida. Supongo que a muchos, imbuidos ahora por ese condicionamiento racional, que es el metafórico servicio obligatorio con el que se nos declara aptos para una servidumbre adulta, en la que se nos escamotea de un plumazo el estado adánico de la infancia, no querrán reconocer -pues ya lo dice el refrán: genio y figura, hasta la sepultura- que tuvieron un ‘amigo invisible’, que los acompañó durante los momentos más felices y también, en aquellos otros, menos dulces y por lo tanto, más dolorosos, en los que la frustración y la soledad hacían acto de presencia.


Dicen -y no seré yo quien se pronuncie, acerca del sentido bondadoso o maléfico de las lenguas que lo aseveran- que los daimones, al igual que los amuletos o los talismanes, desaparecen misteriosamente de nuestras vidas, para volver a aparecer, de idéntica y misteriosa manera, en momentos de peligro o de extrema necesidad, con el fin de continuar auxiliándonos o, cuando menos, para consolarnos frente a un grave trance que estemos o vayamos a atravesar. Y lo hacen, de la forma más insospechada que imaginarse pueda. Quizás, por eso, cuentan, en esta vieja tierra celtíbera, que es Soria, que, en las inmediaciones de este viejo monasterio de San Juan, cuyos arcos vieron un día pasear a un poco menos que terminal Gustavo Adolfo Bécquer, su viejo daimón se le volvió a aparecer bajo la forma de un hermoso gato negro, que no se separaba de él y añaden, que posiblemente fue éste, quien le inspiró una de sus leyendas más aterradoras y fantásticas: ‘El Monte de las Ánimas’.


Perhaps the old Greek philosophers, like Plato, were not mistaken, after all, in supposing that each birth entailed the providential assignment of a daimon or spiritual entity, who, for better or worse, accompanies every neighbor's son, inspiring him in the crucial moments of that transcendental adventure, which, of course, we can come to suppose that it is something as mysterious and at the same time, as intense, as life. I suppose that many, now imbued with this rational conditioning, which is the metaphorical obligatory service with which we are declared fit for adult servitude, in which the Adamic state of childhood is removed from us at the stroke of a pen, will not want to recognize - well, the saying goes: genius and figure, to the grave- that they had an 'invisible friend', who accompanied them during the happiest moments and also, in those others, less sweet and therefore more painful, in the that frustration and loneliness made an appearance.




They say - and I will not be the one to pronounce myself, about the good or evil meaning of the languages that assert it - that daimons, like amulets or talismans, mysteriously disappear from our lives, to reappear, identically and mysterious way, in moments of danger or extreme need, in order to continue helping us or, at least, to console us in the face of a serious situation that we are or are going to go through. And they do it, in the most unexpected way imaginable. Perhaps, for this reason, they say, in this old Celtiberian land, which is Soria, that, in the vicinity of this old monastery of San Juan, whose arches once saw a little less than terminal Gustavo Adolfo Bécquer walk by, his old daemon it appeared to him again in the form of a beautiful black cat, which did not separate from him and they add, that it was possibly this one, who inspired one of his most terrifying and fantastic legends: ‘The Mound of the Souls’.



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