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Santo Domingo, una joya del románico soriano

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C ambiamos de panorama, pero no para alejarnos de esa visión retrospectiva, artística, mítica y cultural, que hace de Soria un excelente caldo de cultivo para exigentes paladares hermenéuticos dispuestos a saborear complejos guisos de Arte, Historia y Tradición. Y nada mejor que hacerlo, que invitando a visitar la capital soriana y dejarse tentar, aun en la medida de lo posible, por este exquisito plato combinado que es, metafóricamente hablando, la iglesia de Santo Domingo, originalmente de Santo Tomé. Levantada con una cuidada maestría y un estricto control de los arquetipos básicos de la geometría sagrada –a saber, entre otros: número, mesura, equilibrio y proporción-, muestra un cuerpo consistente, en cuyos aderezos esculturales se aprecian esas vaporosas y aromáticas fragancias que los especialistas coinciden en situar allende los Pirineos, en las vecinas escuelas canteriles de Poiteau. De Poiteau, precisamente, era originaria la princesa Leonor Plantagenet –hija de una gran f...

San Caprasio in excelsis

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S on apenas media docena los kilómetros que separan a Narros de otra antigua población mesteña, que como en su caso, va manteniéndose con mayor o menor holgura en base a los réditos de una sufrida agricultura y una ganadería quizás venida a menos, pero cuya antigua gloria late con fuerza todavía en su nombre: Suellacabras. De igual manera que Narros, Suellacabras mantiene también, en su conjunto urbano, esa ruda predilección por el encanto natural de la piedra y esa fidelidad –tal vez motivada adecuadamente en los siglos oscuros por la Santa Inquisición-, de aplicar a los dinteles de sus casas el santo sacramento de la bendición, con cruces monxoi, custodias, soles y aves, que paradójicamente y como en el caso de la estela funeraria de Narros, a la que ya hicimos referencia, también ocuparon alguna interesante reseña cuando fueron tímidamente sacados de su ostracismo original, allá por los felices años ochenta, en aquél referente de la España mistérica, que fue la revista Mundo Des...

La fantástica estela medieval de Narros

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M arzo, un buen mes para volver a retomar el camino y recordar las últimas aventuras en esa Soria pura, cabeza de Extremadura , mucha de cuya insigne riqueza histórica fue dilapidada en una metafórica partida de dados, desarrollada ten con ten, entre la voracidad humana y los arrebatos de furia de los cierzos que levantaban hogaño el vuelo desde las eternas cumbres del Moncayo. Tal sería el caso de Narros, antiguo pueblo ganadero, que reposa a mitad de camino –toque de campanilla de cuello ovino más, toque de campanilla de cuello ovino menos-, de Almajano y de Suellacabras, en esa paramérica llanada que podría considerarse como el comienzo de aquéllas indómitas Tierras Altas, que todavía hoy, y a pesar de los pesares, continúan cobijando el sabor amargo de antiguos misterios. Prácticamente nada queda, como se constata también en la cercana Renieblas –sede, por cierto, de uno de los campamentos romanos de Escipión, que participaron en el asedio de Numancia-, de esos cementerios medi...

Feliz Navidad

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¿ Qué más puedo añadir, aparte de unirme a los artísticos deseos de los Tres Tenores?. Pues en definitiva, que cada uno vivamos estas fiestas lo mejor posible; que el Nuevo Año nos colme de satisfacciones y sobre todo, que nos dé Salud para seguir disfrutando a tope de ésta, nuestra Soria pura, cabeza de Extremadura . F eliz Navidad

Rastreando estelas funerarias medievales por la llanura soriana

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A veces, cuando la Musa no acude a mi llamada al tocar suavemente los cascabeles que luce en su volátil tobillo, al contrario que el servil y dudoso genio de la lámpara de Aladino -en la que algún soriano residente en Castilfrío, creyó ver una referencia islámica al Santo Grial cuando interpretaba el papel de cronista de Gárgoris y Habidis y todavía quedaban numerosas huellas y vestigios de eso que una vez fue la España mágica -, suelo acudir al cinismo -en ocasiones, rozando ese sueño de la razón que produce monstruos , elocuente aforismo atribuido a don Francisco de Goya y Lucientes-, de un escritor norteamericano, contemporáneo de Edgar Allan Poe, de probables redaños demócratas y de estar vivo hoy en día, gato que posiblemente saldría huyendo del agua fría de los ultra populismos, llamado Ambrose Bierce. Asociaba éste la palabra espacioso (1) -hemos de suponer, que con conocimiento y causa a partes proporcionales-, con el Hades; y en consonancia, parte de su definición de cem...

Beratón

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S ituado, aproximadamente, a siete kilómetros de Cueva de Ágreda, con la que mantiene un armónico parentesco en cuanto a raíces celtíberas se refiere, Beratón tiene el privilegio de ser, además, el último pueblo soriano que luce palmito o hace frontera, con Aragón. Aparte de estar situado en la denominada vertiente soriana del Moncayo –como ya aventuramos en la entrada anterior, metafórico cuerno de la abundancia cuyo cierzo transporta incansables contingentes de mitos protohistóricos-, le corresponde, también, el genuino honor de ser el escenario en el que Gustavo Adolfo Bécquer –aquél incomprendido poeta en su época, del que Eugenio d’Ors llegó a afirmar, no obstante ganado por la humilde fuerza emocional de sus rimas, que sus versos eran como un acordeón tocado por un ángel -, inmortalizó una de sus más hermosas y conocidas leyendas: La corza blanca . Ésta leyenda, junto con la de El Gnomo –que habría que situar en la otra orilla, es decir, en la vertiente aragonesa del Moncay...

Cueva de Ágreda

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L imítrofe con Aragón y anclado poco menos que a la orilla de ese mágico Moncayo de cuyas gélidas cimas desciende a oleadas como un mar picado aquel infernal cierzo en cuyas metafóricas aguas surfean aparatosamente escobas de bruja, capirotes de gnomo, pezuñas de corza blanca y gigantes intempestivos con nombre de chorizo , una pequeña población, Cueva de Ágreda, sorprende gratamente a todo buscador que todavía se entretenga en rastrear esas antiguas alusiones a la España mágica , llevando en mente –cuando no en mientes-, aquélla máxima, no siempre acertada pero en ocasiones indiscutiblemente rondadora de esa anestésica enfermedad del alma llamada nostalgia, que cualquier tiempo pasado fue mejor. Hablar en pasado podríamos, si no actuara como impedimento que el pueblo, después de todo y de cara a la galería foránea que todos los veranos remite con monitores certificados a una chiquillería exultante de aventuras, exterioriza y alude, en algunos de sus elementos, a leyendas y tradici...