domingo, 21 de diciembre de 2014

Feliz Vida y Feliz Camino



Un año más nos dice adiós: Solsticio de Invierno o Navidad, tanto da, como tampoco importaba la condición de los peregrinos que acudían al hospital de Roncesvalles. No importa, tampoco, cómo lo sienta cada uno; importa sólo cómo lo viva. Por eso, como todos los años, quiero brindar por la Vida con todos vosotros; y lo hago, con la expresividad de un lugar muy especial para mí: el monasterio de San Juan de Duero. Un lugar que, en mi opinión, define, posiblemente mejor que ningún otro, el sentimiento que produce una provincia, Soria, en el alma de poetas, de viajeros y de visitantes: admiración.

Sobran las palabras, y a diferencia del turrón, lo justo no empacha. Por eso, sin más preámbulos, pero sí de todo corazón, Soria se hace camino al andar, os desea:

Una Feliz Vida y un Feliz y Venturoso Camino.

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miércoles, 10 de diciembre de 2014

Zayas de Báscones





Dejamos atrás la interesante y antigua Castromoros, nombre con el que conocía en la Edad Media a San Esteban de Gormaz, con sus imponentes iglesias de San Miguel y de la Virgen del Rivero, muestra del románico más arcano y genuino de la provincia, así como los numerosos fragmentos de lápidas romanas utilizados como relleno en su calle Mayor y continuamos viaje por la carretera general SO P-5004, que se dirige hacia San Leonardo de Yagüe y las estribaciones del impresionante Cañón del Río Lobos, límite con la provincia de Burgos, visitando algunos lugares de interés. Uno de tales lugares, sería Zayas de Báscones, pueblecito apenas habitado y dedicado al pastoreo, principalmente, que, situado en las inmediaciones –aproximadamente, a seis o siete kilómetros de San Esteban-, aún conserva, en su iglesia, algunos detalles de interés, que merece la pena conocer.

Muy reformada, salta a la vista, es difícil preguntarse qué no fue de su galería porticada original –si es que la tuvo-, sustituida, en tiempo indeterminado, por otra mucho más sencilla, conformada por simples vigas de madera. Un sólido marco de madera, igualmente, guarda, así mismo, una magnífica portada, cuyo diseño y dimensiones, a estas alturas de nuestro recorrido, ya nos deben resultar familiares, haciéndonos suponer la intervención de un determinado taller de cantería, probablemente de origen burgalés –a este respecto, no olvidemos el considerable número de iglesias que están bajo la advocación de Santo Domingo de Silos, y quién sabe, si en más de un caso, no señalen la posibilidad de que sus constructores pertenecieran a un taller itinerante procedente de su entorno, lo que expongo tan sólo a modo de sugerencia-, que se fue extendiendo, progresivamente, hacia el interior de la provincia, posiblemente atraído por las nuevas oportunidades de trabajo inherentes a la Reconquista.

En el pórtico, se aprecian media docena de arquivoltas, de factura simple y lisa, excepto la penúltima, que exhibe un hermoso entrelazado que, sin duda, demuestra habilidad y oficio. Hay cuatro capiteles, repartidos a ambos lados, de los cuales, los de la derecha muestran grifos bebiendo de una fuente y un motivo foliáceo, con forma de enramado. Por su parte, los capiteles de la izquierda, vuelven a aludir a la lúdica simbólica del pecado, identificado con motivos mitológicos, mostrando arpías de cuello exageradamente largo y otro capitel con diseño foliáceo, tipo planta con fruto.

En este mismo lateral sur, y en su parte superior, se aprecia una serie de canecillos, destrozados, en algún caso y completamente lisos en los demás. Intrigante, no obstante, resulta el ábside, que originalmente debió de ser de forma semicircular, y posteriormente modificado y ampliado hasta darle la forma rectangular que luce en la actualidad. No obstante, conserva uno de los pequeños ventanales originales, el del centro, cuyos capiteles muestran sencillos motivos vegetales.

Junto al lateral norte, está adosado el pequeño cementerio, aunque también se observa, y en similares condiciones que en el lateral sur, aunque quizás algo mejor conservados, otra serie de antiguos canecillos, igualmente de factura simple y lisa. De aquí parte otra carretera, la SO P-5205, que en cuatro kilómetros, aproximadamente, desemboca en Zayas de la Torre.
 
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lunes, 1 de diciembre de 2014

Miño de San Esteban: iglesia de San Martín


De camino a esa antigua, hermosa y emblemática urbe que es San Esteban de Gormaz, conviene detenerse en Miño -pueblo situado en sus inmediaciones-, y echar un vistazo a su interesante iglesia románica, dedicada a la figura de San Martín, no el Dumiense ni el de Finojosa, sino el que, según la Leyenda Dorada de la Vorágine, partió su capa por la mitad para ofrecérsela a un pobre y participó en el Concilio de Tréveris contra Prisciliano, retirándose a la soledad de los ermitaños, después de la sentencia y ejecución de éste último: el de Tours. Si bien es cierto, que como la gran mayoría de los templos, tanto de la provincia como de provincias limítrofes -Burgos, Segovia, Guadalajara o La Rioja-, ha visto en gran medida mermada y modificada su primitiva estructura, la parroquial de Miño todavía conserva, sin embargo, numerosos elementos originales, como para hacer que se la considere como uno de los templos más interesantes de la zona. Entre estos elementos destacan, sobre todo, su galería porticada y su magnífica portada. Una portada amplia y generosa, proporcionalmente hablando, de más que probables influencias de tipo burgalés, como hemos ido viendo en templos anteriores. A diferencia de algunas de éstas, no obstante muestra curiosas manifestaciones artísticas en el diseño de sus arquivoltas, entre las que no faltan ajedrezados, del tipo denominado generalmente jaqués o jacetano, tan característicos y representativos del románico aragonés y afín al Camino de Santiago; nudos y entrelazados, bolas y flores cuadripétalas. Conserva, así mismo, dos hermosos capiteles: el de la izquierda, que representa sendos jinetes de un tipo muy peculiar, que parecen cabalgar sobre leones y estar sus cuellos atrapados por lianas -¿una interpretación muy personal, quizás, del cantero en relación a los mitos antiguos y sobre todo, a esas apocalípticas figuras celtas, denominadas Caballeros del Cisne o Cygnatus?-, y pareja de grifos, el de la derecha.

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En bastante peor estado, pero aun visibles, los capiteles de su galería porticada, muestran las consabidas arpías y una variada gama de motivos foliáceos, sobre una cornisa, en la que se repiten las bolas que conforman, igualmente, como hemos dicho, la composición artística de la tercera arquivolta del pórtico de entrada. Más variados, y también en desigual estado de conservación, los motivos de los canecillos, en este mismo lado sur y situados en la parte más occidental, se podrían enumerar -comparativa o metafóricamente hablando-, como los arcanos mayores de la baraja del Tarot, quedando definidos de la siguiente manera: pareja de cabezas humanas -masculina y femenina-, animales, vegetales, cabezas de monstruos o demonios, una curiosa contorsionista que, a falta del músico acompañante, recuerda, aunque salvando las evidentes distancias, uno de los motivos más desarrollados por el denominado Maestro de Agüero o de San Juan de la Peña, y una pareja de amantes.

A la cabecera o ábside, que posiblemente en sus orígenes, fuera semicircular y profusamente ilustrada en cuanto a canecillos historiados se refiere, se la debió de modificar en época indeterminada, añadiéndosele una especie de remate o prolongación rectangular, así como la sacristía en un lateral, que la da un extraño aspecto. Aunque todavía conserva prácticamente completa las series de canecillos en su lateral norte, éstos, al contrario que los anteriormente descritos del lateral sur, resultan bastante simples y esquemáticos.

De cualquier manera, tanto el templo como el pueblo que lo alberga, no desmerecen en absoluto de cualquier ruta románica que se desee realizar por la provincia y su visita se recomienda.

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Valdenebro: iglesia de San Miguel Arcángel





A escasa distancia de ambas Bayubas, la de Arriba y la de Abajo –o como más probablemente se denominaran, así mismo, en tiempos históricos de Suso y de Yuso, como los famosos monasterios de La Rioja-, se encuentra, también, el  bonito pueblo de Valdenebro. Valdenebro es un pueblo que, siguiendo milenarias tradiciones, se recoge, formando un arco de ballesta –como diría el gran poeta Antonio Machado, refiriéndose al Duero a su paso por San Saturio- alrededor y debajo del montículo en el que se levantan los cimientos de su vieja parroquial. Una parroquial que –posiblemente, siguiendo los preceptos de Bitrubio en cuanto al lugar en el que se debe construir un templo, determinado por la deidad al que ha de estar consagrado-, se encuentra bajo la advocación de San Miguel Arcángel. Dejando aparte algunas complementarias circunstancias –como las reformas y añadidos de épocas modernas, entre ellos, la sacristía-, este templo de San Miguel, contiene todavía interesantes elementos originales, con los que especular.
Uno de los más notables, posiblemente, se localice en su cabecera, rematada con arcos ciegos, tipo lombardo –similar, a los que se muestran en otros lugares de la provincia, como en la parroquial de San Juan Bautista, en la cercana población de Rioseco de Soria-, que parece sugerir la actuación de un taller diferente al que levantó el templo de la vecina Bayubas. Si bien de canecillos simples y lisos, los capiteles de su pequeño ventanal, así como los que soportan los arcos ciegos, parecen complementarios y de idéntica temática a aquellos otros que se localizan en su portada principal, situada en el lado sur, a la que ofrece cobijo un pórtico moderno. Destaca ésta, así mismo, por su voluminosidad –donde los expertos, sugieren más que posibles influencias de origen burgalés-, y a juzgar por el color de la piedra, ha debido de ser restaurada en época reciente y desprovista de la pátina temporal que es de suponer, la hacía venerable, en época reciente. Curiosamente, si bien en sus motivos, como se ha dicho, se recoge una austeridad comparativamente cisterciense, llama la atención, la inclusión, entre la temática vegetal, de dos capiteles historiados, que muestran sendos leones con sus cuellos atados a tallos de plantas, en la parte central de los capiteles de la izquierda, así como un torso humano, en idéntica situación, pero en el lado derecho, que podría hacer alusión, quizás, a cualquiera de los dos Juanes, el Evangelista o el Bautista, cuyas figuras, tanta devoción despertaron siempre entre las gentes, y cuyas festividades, como se sabe, basadas en el modelo bifronte del dios romano Jano, determinan los que quizás sean dos de los periodos más señalados y festivos: los solsticios de verano.

Como dato complementario, añadir que también en este lugar, y situada a escasos metros de distancia de la espadaña de la iglesia, se localizan las escuelas de un pueblo, cuyo vocablo conserva esas antiguas raíces celtíberas, determinantes de las características del antiguo asentamiento: valle de los enebros. Vocablo que, comentándose como detalle anecdótico, podría determinar también la influencia de antiguas divinidades, posteriormente cristianizadas, como ocurre con la vecina provincia de Guadalajara, y el santuario, situado a las afueras del pueblo de Tamajón, algunos más arriba de un curioso complejo rocoso conocido la Ciudad Encantada y en ruta de peregrinos, dedicado a la Virgen de los Enebrales.

 
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lunes, 24 de noviembre de 2014

Bayubas de Arriba



Sin salir todavía de la Comunidad de Villa y Tierra de Berlanga, pero acercándonos hacia el Burgo de Osma y San Esteban de Gormaz, algunos pueblos, en mayor o en menor medida, todavía conservan, en sus parroquiales, parte de ese antiguo legado románico originario. Es el caso de Bayubas de Arriba, un municipio del que se conoce su existencia desde época tan tardía, como es el año 1060. Repoblado en tiempos de Alfonso I el Batallador –rey en cuyo testamento, legó prácticamente todo su reino a las Órdenes Militares-, se supone que los cimientos de su iglesia parroquial, dedicada a la figura de la Asunción de María –posiblemente, tuviera otra advocación originalmente-, corresponden a finales del siglo XII y principios del siglo XIII. También parece que el nombre del pueblo ha sufrido alteraciones a lo largo del tiempo, pues ya figura en antiguas crónicas con el nombre de Veyugas o Vayugas, e incluso otro, más curioso y compuesto, de Agua-Yumbas de Arriba y Bayugas de Arriba –según el Nomenclátor de 1785-, hasta desembocar en el actual Bayubas.
Si bien es cierto, por otra parte, que la parroquial ha perdido muchos de los elementos románicos originarios, también lo es, que todavía conserva su cabecera y su planta, si bien en la primera, los canecillos son completamente lisos y el pequeño ventanal ha sido cegado, perdiéndose, también, el posible relieve que pudieran haber tenido sus capiteles. Así mismo se mantiene en pie, aunque se echan en falta dos de los supuestamente cuatro capiteles sobre los que se sustentan sus arquivoltas, una magnífica portada. Los motivos de ambos capiteles sobrevivientes, son idénticos, y llaman la atención sobre los antiguos cultos, al representar pequeñas cabezas surgiendo de la voluptuosidad de la floresta.

Así mismo, y como curiosidad añadida y posible prueba del tremendo expolio sufrido en la provincia, todavía conserva, a escasos metros del ábside y unida al suelo por una capa de cemento -tal medida de seguridad, se aplicó también en algunos otros lugares, como Renieblas y Narros-, una estela funeraria medieval, cuyos motivos -crucíferos por un lado- apenas se distinguen por el tiempo y el desgaste.

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jueves, 20 de noviembre de 2014

Aguilera: iglesia de San Martín



Cercanos al entorno, aunque adentrándonos hacia el interior, pero siguiendo esa carretera general que une dos poblaciones de cierta importancia, como son Almazán y el Burgo de Osma, merece la pena detenerse en algunos pueblos y acercarse hasta sus parroquiales. Ese sería el caso, para empezar, de la pequeña población de Aguilera y su curiosa e interesante iglesia, dedicada a la figura de San Martín de Tours. Aunque no parece haber documentación histórica que lo avale, algunas fuentes observan cierto templarismo en este templo que, por sus características, bien haber constituido, como era costumbre en la época –el siglo XII, cuando la región representaba parte de la denominada frontera del Duero, que separaba la España cristiana de la España musulmana-, un ejemplo –abundante, por cierto en la provincia- de lo que se ha dado en denominar iglesia-fortaleza. Perteneciera o no, en algún momento determinado a los templarios, lo que sí es cierto, es que está comprobada la presencia de las órdenes militares en las cercanías, como lo demuestra la proximidad del templo de San Juan Bautista, en Hortezuela que, se supone, perteneció a un convento o a una encomienda de la orden de San Juan de Jerusalén y sobre cuya portada todavía puede verse su escudo, luciendo una magnífica cruz de Malta
Próxima a ambas poblaciones, también se localiza la importante plaza de Berlanga de Duero –con su magnífica Colegiata dedicada a la figura de Santa María del Mercado o del Azogue, su impresionante castillo amurallado y sus leyendas cidianas-, y algunos insignificantes kilómetros más allá, en majestuosa soledad, la inimitable iglesia mozárabe de San Baudelio de Berlanga.

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Como en los casos que hemos visto con anterioridad, también en esta iglesia de Aguilera, llaman la atención las volumétricas proporciones de su portada, así como las representaciones de los capiteles que sirven como basa de sustento a sus seis arquivoltas. Capiteles, compuestos por motivos foliáceos, aves bebiendo de una fuente y pareja de arpías, en el lado izquierdo, secundados por otro motivo foliáceo, una lucha entre caballeros y un tercero, el central, bastante inusual, o cuando menos poco corriente, que muestra a dos individuos volteando  por los pies a un tercero. Numerosos y variados, también, son los motivos crucíferos o graffitis de peregrino, que se observan en las paredes de su vistosa galería porticada, así como algunas marcas de cantería y alquerques, o triples recintos celtas, que vuelven a recordar, así mismo, parte de la estrategia desplegada, por ejemplo, por los templarios en sus fortalezas. Cuestión de opiniones o no, personalmente observo una mayor habilidad en el diseño de los motivos vegetales de los capiteles del pórtico, superiores –vuelvo a repetir, según mi opinión- a aquellas otras representaciones antropomorfas que lo complementan, cuya mano, además, no parece ser la misma que la que labró los capiteles anteriormente descritos del pórtico principal de entrada: ¿manos mudéjares, quizás, especializadas en tales temáticas, por cuanto cualquier otro tipo de representación antropomórfica les estaba prohibido?. Incluso, pudiera darse el caso, además, de que éste, es decir, el pórtico principal, no fuera originario de este templo y pudiera haber sido incorporado con posterioridad, como así ocurrió con la torre. Independientemente de cualquier tipo de especulación, sí parece evidente, sin embargo, la utilización de elementos de relleno, como lo demuestran esos capiteles que se localizan en el frontal superior de la galería porticada, por su parte exterior, que encajan en el lugar donde deberían haber estado los canecillos que complementarían a los que todavía permanecen, consistiendo éstos en cabezas humanas y cabezas animales.
Como colofón, y a título informativo para quiera ampliar ruta, adentrándose por tierras berlanguesas, añadir que hay un camino rural, que en apenas media docena de kilómetros, desemboca en Berlanga de Duero.
 
 

jueves, 13 de noviembre de 2014

Nódalo: iglesia de San Miguel Arcángel


El siguiente pueblo en nuestra ruta por el románico de la zona, situado, no obstante también a escasa distancia de Nafría la Llana y a apenas un par de kilómetros de la carretera nacional 122 que une Soria con Valladolid, es Nódalo. Su parroquial, dedicada a la figura de San Miguel Arcángel, está situada, como solía ser costumbre en tiempos medievales -si tenemos en cuenta los útiles consejos de Vitrubio, estaríamos incluso de acuerdo también con la advocación- en lo más alto del pueblo, motivo por el que, en días ventosos y destemplados, se vea batida por los cuatro costados. Muy reformada -cabe destacar, el añadido de la sacristía en un lugar inusual, como es el de estar en la zona oeste, junto a la espadaña-, contiene, sin embargo, algunos elementos interesantes, que merece la pena descubrir. Casi todos, sin excepción, se refieren a su portada principal, situada en el lado sur del templo. Una portada, que si no tan espectacular como esas otras que hemos tenido ocasión de ver en Torreandaluz, Fuentelárbol e incluso en Nafría la Llana, si resulta interesante. Contiene sendos capiteles a ambos lados del arco, siendo los mitológicos motivos, una pareja de grifos afrontados, en el de la derecha, y una pareja de arpías en la izquierda, cuya factura y rostro recuerdan el de algunos otros templos de su misma época y características, que se localizan en la vecina provincia de Burgos. Sobrios, no obstante, resultan los motivos foliáceos que decoran el arco más septentrional y en el del centro.

Sobreviven, así mismo, algunos canecillos en la parte superior del marco, cuya temática varía desde los rostros humanos -posiblemente de guerreros, a juzgar por los cascos que portan en la cabeza- y una curiosa testa de lobo que, lejos de parecer amenazadora, sorprende por esa sonrisa, quizás cínica, con la que el cantero medieval seguramente quiso lanzar un pequeño guiño de complicidad al observador, bien de la época bien de épocas pretéritas.

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