martes, 12 de mayo de 2015

Aldealices: iglesia de Santa María Magdalena


Siguiendo los derroteros de nuestra ruta en dirección a Carrascosa de la Sierra y Castilfrío, se propone una breve parada en un pueblo que tiene un curioso nombre, Aldealices, y motivados por la curiosidad, echar un vistazo a ese delicioso templito con el que, bajo la sorpresiva advocación de Santa María Magdalena, hemos de toparnos de improviso, situado como está, a escasos metros de la carretera general. Aun con reformas posteriores, en conjunto, su visión no deja de producir cierto sentimiento de sosiego, o cuando menos, cierta melancólica impresión de curiosidad, posiblemente motivada por esa aparente sencillez, esa sugestiva mezcla de rusticidad y de antigüedad, que sin necesidad alguna de soberbias conjugaciones estilísticas, combinan lo sencillo pero imprescindible con la técnica artesanal, respetando, no obstante, los principios básicos contenidos en la geometría sacra en la que teóricamente se basa. Mirando su espadaña hacia la referencia inequívoca de esas sierras del Alba –interesante advocación, que ciertamente, en no pocos lugares señala la presencia de cultos precristianos e imágenes de Vírgenes Negras (1), que en este caso, también podría tener cierta relación con la presencia en las cercanías de unos vestigios celtíberos, denominados como Los Castellares- y del Rodadero y en las proximidades del río Merdancho, la fusión cuasi-perfecta de piedra y laja, caracteriza y a la vez respeta las tradicionales construcciones serranas de los pueblos de la zona, nacidos en tiempos medievales alrededor de la Mesta y herederos, como ya se ha dicho en anteriores ocasiones, de aquéllos aguerridos pelendones que surtieron de guerreros a la desafortunada Numancia.

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Protegen la forma de semi tambor de su ábside, unos sólidos contrafuertes, de los cuales sobresale uno que, curiosamente, está situado en el centro, precisamente en el lugar donde tradicionalmente quedaba reservado para un pequeño ventanal que, dadas las características del presente templo, debió de haber sido de pequeñas dimensiones, sin ornamentos y del tipo aspillera. De época posterior es, sin embargo, la pequeña ventana que se aprecia en el muro, a la izquierda. Cegada, pero parece que románica en origen, se aprecia un pequeño pórtico en el lateral norte, más cerca de la espadaña que del centro de la nave, aproximadamente en el mismo lugar que ocupa el pórtico principal de entrada –sencillo y sin ornamental, al igual que las series de canecillos que se distribuyen por el arco absidial y los laterales de la nave- situado en el lateral contrario, es decir, en el muro sur, el cual se haya protegido por un porche de mampostería. A falta de sillares con los típicos símbolos de cantería, se aprecian algunas cruces o graffiti de peregrino, toscamente labradas. Por último, señalar que, protegido por un muro y pegado al ábside de la iglesia, se localiza el pequeño cementerio.


(1) Consten como ejemplo de ello, el Santuario de la Virgen de Alba, en Arrojo, concejo de Quirós, Asturias o la imagen de la Virgen de Alba o de la Aurora, que actualmente se conserva en la cripta de la iglesia de Santiago, en la localidad zaragozana de Luna.

jueves, 30 de abril de 2015

Magaña: San Martín de Tours


De Cerbón a Magaña, habrá escasamente una quincena de kilómetros de distancia, tal vez menos, continuando una ruta no en vano denominada de los Torreones, como evidencia la pequeña población de Trébago –en la distancia, han quedado otras como Aldealpozo-, que se encuentra algunos kilómetros antes, pero donde todavía se puede admirar el torreón, anexo a la parroquial, que está considerado como el más septentrional de los que se localizan en la zona, y que antiguamente estaba comunicado visualmente con los de Matalebreras y Montenegro de Ágreda. Asociado a Trébago y a su torreón, el viajero podrá escuchar, además, una de las muchas leyendas tradicionales que circulan por estas paraméricas tierras repletas de incógnitas y de misterio, que tanto y tan bien surtieron de feroces guerreros pelendones los orgullosos focos de resistencia numantinos: la de la mora encantada. Una leyenda, en cuya épica historia, algunas fuentes pretenden situar el origen de la ermita de la Virgen de un río cuyo nombre, Manzano, ya debería llamarnos la atención por la formidable carga simbólica que arrastra. Dejándonos llevar, no obstante, más adelante, pronto veremos, encaramado en lo más alto del pueblo, uno de los formidables recintos militares, desde cuyas históricas almenas moros y cristianos controlaban los pasos de acceso hacia el interior de la sierra y las tierras aún más altas, siendo uno de los núcleos de población más importantes San Pedro Manrique, población famosa por su espectacular paso del fuego, así como por la supervivencia, en sus Móndidas, del mito medieval del tributo de las cien doncellas, que se remonta a los tiempos del rey Mauregato y las primeras monarquías asturianas: el castillo de Magaña.

Si bien es cierto que la iglesia de Magaña, dedicada a la figura de San Martín, hunde sus primitivos cimientos en los idus tempranos y más que tenebrosos del siglo XII, su aspecto actual dista mucho de recordarnos el verdadero templo que fue en aquellos tiempos. Y no obstante el detalle, aún mantiene, siquiera sea en las numerosas estelas sepulcrales reutilizadas como vulgar mampostería en diferentes lugares de sus muros, recuerdos o alusiones a esa época oscura, sí, pero también rica en matices históricos, en leyendas y en tradiciones. Es por ello que tal vez, si nos atrevemos a examinarla, aunque someramente, pero con una visión global de su conjunto histórico-artístico, sin importar estilos ni edades, observemos, después de todo, y en sus diferentes objetos, elementos de una herencia cultural que, a la postre y a pesar de su grado de deterioro, no están exentos de interés. Buena parte de ellos, se encuentran recogidos en su Retablo Mayor. Un Retablo Mayor, también es cierto, que falto de rehabilitación y deslucido en muchos de los cuadros que lo componen, debió de ser generosamente excepcional en sus orígenes, y en el que, a poco que el observador se fije, descubrirá detalles cuando menos interesantes. Sobre todo, si éste dirige su atención hacia el pie del referido retablo, y la fija en esas pequeñas, deslucidas y agrietadas representaciones testamentarias, entre otras consideraciones, tomando nota del singular simbolismo que contienen. Quizás por su rareza, destaque aquella que hace referencia,  de una manera muy poco conocida y con escasísimas representaciones, por su gnosticismo, a la siempre fascinante figura del Evangelista, mostrándolo con la pluma en la mano, escribiendo probablemente su Apocalipsis, pero a la vez, rememorando esa versión gnóstica o heterodoxa a la que aludía anteriormente, recogida, entre otros, por Tertuliano, uno de los primeros Padres de la Iglesia y referida al supuesto martirio sufrido por éste durante el reinado de Domiciano, acaecido entre los años 81 y 96 después de Cristo. Según esta versión de los últimos días del Evangelista, Juan fue capturado durante la persecución de los cristianos y sometido a tortura. Considerada generalmente como una leyenda, se cuenta que durante su cautiverio, fue enviado a Roma cargado de cadenas –que no sólo las arrebatadas al Miramamolín en la batalla de las Navas de Tolosa y actualmente conservadas en la Colegiata de Roncesvalles fueron importantes y simbólicas- y ante la Puerta Latina, sobrevivió milagrosamente cuando lo sumergieron en un caldero -¿alusión, también, a la tradición celta?- con aceite hirviendo. No muy lejos de éste, y también manteniendo un sobresaliente interés en cuanto a simbolismo, un Árbol de la Vida o Árbol de Jesé se muestra coronado por la figura de la Virgen con el Niño en el regazo –habría que suponer, que la figura femenina que se observa al pie del árbol, es Eva- mostrando en sus ramas –con ramas en lugar de capítulos se desarrolla también el medieval Perlesvaus o el Alto Libro del Graal-, además, a diferentes personajes del Linaje Divino, y nunca mejor dicho. Hay otra escena, así mismo, que nos muestra a Cristo en el Huerto de los Olivos, aceptando el Cáliz Amargo y la Cruz del Martirio ofrecidos por un ángel. Pero otro detalle sorprendente, es observar que en la parte más alta del Retablo, aquélla generalmente ocupada por alguna de las figuras que componen la Santa Trinidad –cuando no por las tres, o más común todavía, el Padre y el Hijo coronando a la Virgen- o cuando menos, por el santo o la santa titular de la parroquia, un cuadro igualmente deslucido por el polvo y el tiempo, nos ofrece la visión de otra figura de rico simbolismo –a la que no pocos autores identifican con la de Magdala, interprételo quien quiera y como quiera- célebre Patrona, entre otras agrupaciones, de los mineros: Santa Bárbara.

Posiblemente gótica también –como el animal (¿perro o cordero?) y el personajillo que se localizan en ambos extremos de la balaustrada del coro-, es la magnífica pila bautismal, con forma de copa o cáliz, que se haya recogida en un pequeño cuarto situado al final de la nave, debajo del coro. También resultan interesantes varias imágenes marianas, como son la Virgen de la Barrusa, procedente de una ermita cercana y la Virgen de Monasterio, llamada así, porque procede del pueblo que lleva su nombre.

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lunes, 16 de febrero de 2015

Cerbón: iglesia de San Pedro


No muy lejos de donde los terribles saurios de Fuentes de Magaña dominaban el mundo hace millones de años, una iglesuca románica despierta el interés del visitante, con lo curioso y a la vez lo original de su diseño: la iglesia de San Pedro, situada a la entrada del pueblo de Cerbón; un pueblo que dista de Fuentes de Magaña, aproximadamente dos kilómetros de distancia, y que podríamos situar, así mismo, poco menos que al comienzo de una más que interesante ruta hacia las Tierras Altas sorianas. El templo, con toda probabilidad de los más antiguos de la provincia, seguramente de mediados o finales del siglo XII, presenta, no obstante su sencilla, casi diríase que primitiva ruralidad, una particularidad muy específica, que le hace ser, posiblemente, y salvando las distancias con algunas comparaciones referidas al templo-santuario de la Virgen de la Peña de Ágreda, único en su género: está provisto de dos ábsides gemelos. Cuenta la tradición –y este podría ser un detalle interesante sobre el que especular largo y tendido, si se dispusiera de documentación que así lo corroborara-, que tal disposición se debe a que en tiempos existió allí un cenobio mixto, en el que una comunidad de hombres y mujeres –puestos a suponer, cualquiera podría pensar, que aun en época tan tardía, pudieran haberse dado casos tan cercanos a la denominada herejía priscilianista- desarrollaban conjuntamente sus actividades religiosas, separados, no obstante, por un muro. Un muro que, situado en el interior del templo, dividiría la cabecera en dos zonas perfectamente determinadas, en las que ambas comunidades, eso sí, por separado, desarrollarían silenciosamente sus obligaciones religiosas.

[Colina de Losa, Burgos, capitel del 'asceta']

Si esto fuera así –o mejor dicho, lo hubiera sido en el pasado-, resulta curioso, una vez observados los detalles ornamentales de los canecillos de ambos ábsides, comprobar la proliferación de pequeñas cabezas masculinas, con rostros de aspecto severo e incluso inquietante, que parecen responder a modelos de monjes de la época y donde no parece existir ni una sola referencia femenina. Curiosos, así mismo, resultan los motivos de los capiteles que sustentan las arquivoltas del pórtico principal de entrada al templo, situado en el lado sur de la nave. Y es que, a pesar de los terribles efectos de desgaste originados por el tiempo y la erosión, parecen corroborar, en parte, el supuesto origen navarro de los primitivos colonizadores de Cerbón, así como otras, digamos casualidades, que nos recuerdan –o pueden ayudar a sugerir una hipótesis con ciertas probabilidades de similitud-, el supuesto origen de los canteros o de algún cantero en particular: Álava y las Merindades burgalesas.

[Délika, Álava, Diosa Madre]

Esto queda de manifiesto si, acudiendo al mundo de las comparaciones –por muy odiosas que éstas puedan resultarnos en un principio-, comparamos algunos de los elementos decorativos, con aquellos otros que se localizan en la denominada Llanada Alavesa, así como en el norte burgalés. Quizás de los más significativos y además, elemento alternativo que ayuda a soportar la referida teoría, tengamos la posible presencia de un elemento foliáceo y signo de identidad común: el espárrago. Elemento que, entre otros muchos ejemplos, se localiza en el curioso templo dedicado a la figura de San Martín, sito en Gazeo, cuya cabecera posee, además, unas inquietantes pinturas, de cuya escabrosa temática –y lo comento sólo como anécdota- se hizo eco, hace algún tiempo, el popular programa de Iker Jiménez, Cuarto Milenio. Pero quizás el elemento más relevante –aquél que invita a la hipótesis y la polémica con mayor intensidad- y salvando ciertas diferencias, sea esa curiosa, cuando no significativa representación de un posible asceta, místico o eremita, que nos recuerda otro de los escasos ejemplos que existen de su género en el románico peninsular y que nos derivan a las mediáticas Merindades burgalesas, más concretamente, a la parroquial de Colina de Losa, donde, por cierto, también figura la representación del mencionado espárrago. Ahora bien, dado el desgaste de la pieza en cuestión, tal vez –digo sólo tal vez-, esa posible representación ascética –se observan brazos y piernas enrollados al cuerpo- no sea, sino, una probable referencia a la Diosa Madre –ajena a las aves y la espiral del vientre que acompañan, por ejemplo, a otra curiosa representación que se localiza en un capitel de la parroquial de Délika, en la frontera con Vizcaya- y eso que se toma por brazos, responda, en realidad, a serpientes que amamantan de los pechos, detalle que en algunas ocasiones lleva a emparentar a este tipo de representaciones con alusiones a la lujuria. Pero, ¿acaso la propia Naturaleza, no es completamente lujuriosa en su despliegue, explosión de vida y abundancia, sin que ello sea óbice de pecado?.

[Colina de Losa, Burgos: los espárragos]

Independientemente del estado de conservación de la parte superior del pórtico, donde se aprecia cierto descabalamiento en los sillares, así como de los pequeños y rudimentarios canecillos que alternan, indistintamente motivos humanos, animales e incluso geométricos, completan la ornamentación de los capiteles las tradicionales arpías de cuellos exageradamente alargados, un curioso hércules o atlante sujetando con sus brazos la parte superior de un capitel, así como hieráticos rostros surgiendo de la floresta, posible alusión a los cultos a la naturaleza propios de la Antigua Religión.

En definitiva, primitivo y rural, es cierto, pero un templo muy interesante, cuyos elementos y distribución, en su conjunto, se prestan a abundantes y extraordinarias especulaciones.

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jueves, 12 de febrero de 2015

Fuentes de Magaña: una visita al Cretácico


Las singularidades de una Comunidad como ésta vieja y querida Extremadura castellana, son muchas y variadas y no sólo se refieren a ese románico que marca distancias desde la suprema espectacularidad de sus templos más referentes, a lo más sencillo de unas construcciones rurales que, aun a pesar de los pesares, todavía conservan retazos entrañables de su primitivo y mediático encanto medieval. Soria es una tierra antigua, el lecho de cuyos ríos, como el Cidacos, conserva retales de mundos arcanos antediluvianos y matrices, a la vez, de fabulosas historias, leyendas y tradiciones. Una tierra, donde los fantasmas del pasado claman con fuerza, mostrando los jirones de sus olvidados sudarios. Rutear por las Tierras Altas, es expandir la consciencia, abriendo la mente a un sin fin de posibilidades que, de una manera mediática y cada una en su ámbito de influencia, generan un pequeño universo multicultural que bien merece la pena conocer.

Comienza, pues, nuestra nueva ruta, al pie de esas impresionantes sierras cargadas de soledad, de antiguas gestas, de magia, de hechizo y de desolación, pero también ricas en leyendas, en tradiciones, en oscuros cultos de un pasado remoto; tierras celtíberas, de fieros pelendones que adoraban a dioses que el Cristianismo, en su imperante penetración, no pudo nunca hacer que sus voces se acallaran definitivamente y donde, después de todo, el románico también dejó herencias dignas de explorar y conocer, no exentas, en algún caso, de sorpresiva singularidad.

Todo el que accede por primera vez a Fuentes de Magaña, no tarda, para su sobrecogimiento y espanto, en verlo en la distancia, como el terrible dragón que, aposentado en mitad de unos campos que en verano reciben las albadas del grillo y la cigarra, parece mantenerse alerta, bravío y soberano en su propia fortaleza, esperando a ese atrevido San Jorge que, caballero de negra armadura y pasiones lunares, embista desaforadamente con la afilada lanza en ristre, como precursor del más célebre de nuestros caballeros: Don Quijote de la Mancha.

Nuestro perfecto ejemplo de monstruo del Cretácico, fue concebido, no obstante, en el año 2012, garantizando su pedigrí en los Talleres de Don Ricardo González Gil, si bien es cierto, que sus antepasados, esos grandes y terroríficos saurios cuyas afiladas garras hendieron la tierra durante milenios, gobernaban igualmente estos pagos con la estridencia de sus pulmones sobrehumanos y el látigo mortal de sus infinitas colas blindadas. De nombre científicamente greco-latino, este soberbio ejemplar de saurópodo -no en vano, dicen de él, ser una de las réplicas más grandes del mundo- vivió hace la friolera de 225 millones de años, caracterizándose por tener la cabeza demasiado pequeña en relación al tamaño colosal del cuerpo, dientes romos, nariz alargada y cuello largo y esbelto. Y otro dato más a tener en cuenta cuando nos adentremos por estos lugares: posiblemente, tanto sus restos fosilizados como los restos de otros muchos especímenes que vivieron en la zona, fueran los causantes de las numerosas leyendas acerca de monstruos y gigantes que se focalizan por la región.

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miércoles, 11 de febrero de 2015

Rioseco de Soria


De vuelta, prácticamente, al punto donde comenzó la presente ruta románica por esta parte tan particular de la provincia, y antes de iniciar nuevas aventuras por otras zonas notablemente interesantes y de mediática naturaleza, con multitud de detalles y atractivos, resulta imprescindible hacer un alto en una curiosa población, adscrita al Alfoz de Calatañazor: Rioseco de Soria. Hasta bien entrado el siglo XX, en su nomenclatura llevaba precisamente asociado el adjetivo calificativo de Calatañazor, interesante población que todavía conserva buena parte de su antiguo encanto medieval, con la que linda al norte y donde refiere el cantar tradicional que Almanzor perdió su atambor, o esa buena suerte que le hizo pasearse como una auténtica plaga por los reinos cristianos, quienes veían en él la figura del Anticristo; al sur lo hace con Torreandaluz; al este con Nafría la Llana y Fuentelárbol y al oeste, con Torralba del Burgo y Torreblacos. A su término pertenecen, igualmente, varios despoblados, entre los que se cuenta el cercano –aproximadamente, a un par de kilómetros tomando la carretera en dirección a Torreandaluz-, de Escobosa de Calatañazor. De la importancia que tuvo en tiempos, queda constancia, no obstante, también, la magnífica picota o rollo medieval que, situada a mitad de la población, se localiza no muy lejos de donde se levanta la interesante iglesia del siglo XII, dedicada a la importante y mística figura de San Juan Bautista.


A pesar de sus singularidades, y como muchos otros templos de la comunidad y tierra sorianas, se aprecian notables alteraciones en su estructura, producidas, necesariamente, a lo largo de una serie de intervenciones históricas, donde poco o ningún aprecio se tenía por conservar la integridad de unos elementos bizantinos, que habían quedado obsoletos incluso en el gusto y las modas de unas épocas marcadas por el Renacimiento y el Barroco. No olvidemos, a este respecto, que algunas mentes brillantes de tiempos posteriores, incluso modernos, opinaban, por ejemplo, refiriéndose a los artistas renacentistas, que en el fondo no dejaban de ser sino unos meros decoradores. Por otra parte, de los excesos del barroco –responsables, en gran medida, de esos apelmazados y recargadísimos retablos mayores, que impiden en multitud de casos apreciar las magníficas pinturas románicas que ilustraban la mayoría de cabeceras románicas y góticas-, tenemos la famosa y despectiva frase de Gustavo Adolfo Bécquer, referida al churriguerismo.

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No obstante las alteraciones, que afectan a buena parte de la nave, la iglesia de San Juan Bautista todavía conserva interesantes elementos originales, entre los que destacan, su ábside o cabecera, constituida, decorativamente hablando, a base de arquillos ciegos, tipo lombardo, así como numerosos canecillos originales que, en mayor o en menor grado de conservación, muestran diversidad de motivos, que van desde los de carácter antropomorfo –tipos y costumbres, entre los que no faltan músicos y alguno erótico-, a los foliáceos y zoomorfos típicos en este tipo de construcciones. Posiblemente, y en esto suelen coincidir prácticamente todos los expertos, los elementos más destacables, después de todo, sean la imagen en piedra policromada de la Virgen del Barrio –titular de la ermita, también de características románicas y de igual nombre, que se localiza a escasos cincuenta o cien metros de la iglesia y donde en Semana Santa los parroquianos pujan por levantarle el manto a la Virgen-, que preside el altar; y sobre todo, la excepcional pila románica, también del siglo XII que, si bien resulta poco menos que única en la provincia y comparable a algunas fantásticas pilas burgalesas –como la de Mazariegos, actualmente expuesta en el Museo Arqueológico Nacional-, no habría que olvidar otras interesantes pilas, como la de la iglesia de la Asunción, en Castilfrío de la Sierra.

viernes, 30 de enero de 2015

Matanza de Soria: iglesia de San Juan Bautista


Hablar de una población como Matanza de Soria, implica, cuando menos, embarcarse en esa misteriosa y oscura nave del misterio y la leyenda que envuelve sus orígenes y se remonta, según algunas versiones, a esos holocausticos años cercanos al terrible Año Mil en los que, como anticipo del fin del mundo, el formidable caudillo Almanzor semejaba la reencarnación del terrible dragón del Apocalipsis de San Juan, arrasando los reinos cristianos, una y otra vez, en sus despiadadas razzias. Otras crónicas más aceptadas por los historiadores, como la del famoso arzobispo de Toledo, don Rodrigo Ximénez de Rada -el arzobispo de la celebérrima batalla de las Navas de Tolosa, cuyos restos mortales reposan en el también monasterio soriano de Santa María de Huerta-, refieren que fueron las tropas del rey Vermudo II de León -otras fuentes hablan de Ramiro II, el que protagonizara la famosa victoria de Simancas-, en unión con las tropas de Castilla y Navarra quienes persiguieron a parte del ejército de Almanzor, que huía de la famosa batalla -se acepta, generalmente, que ésta no fue tal, sino algo más parecido a una refriega entre la vanguardia cristiana y la retaguardia musulmana que se retiraba hacia Medinaceli, con su caudillo gravemente enfermo después de su última razzia o acción de castigo-, lo acorralaron y dieron muerte precisamente aquí, siendo los heridos del cruento enfrentamiento quienes fundaran el lugar.

Sea como fuere, y aunque muy reformada en buena parte de su estructura principal, en Matanza sobrevive un hermoso ejemplar de templo rural, que se encuentra bajo la advocación de San Juan Bautista. Un templo que, dominando el pueblo desde un altozano, conserva parte de la nave original, así como el ábside o cabecera, semicircular, donde se aprecian un pequeño ventanal central y una serie de canecillos, de factura rudimentaria, con motivos variados pero típicos en cuanto a la simbología y temática desarrollada generalmente en este tipo de construcciones. De tal manera, que entre éstos, se puede decir que abundan las representaciones zoomórficas -cabeza y cuerpo entero-, algunos toscos rostros humanos, algún utensilio musical y un pez, quizás referencia al primitivo ictus, uno de los primeros símbolos del Cristianismo. Los capiteles del ventanal, exponen representaciones foliáceas o vegetales. Como curiosidad, y posiblemente siguiendo los patrones de los recientemente descubiertos en la parte superior trasera de la nave de la iglesia de San Miguel, en San Esteban de Gormaz, en este templo de Matanza se han descubierto, también, algunos escabrosos graffitis medievales.

Como dato final, decir que la portada original, desaparecida, fue sustituida por otra, sencilla y posiblemente neoclásica, a la que se añadió un pequeño porche, entre cuyos muros se aprecia, como relleno, algún fragmento de estela funeraria con la representación de la conocida flor de seis hojas, que hasta tiempos relativamente recientes se ponía en los dinteles de las casas, como símbolo protector y también como amuleto contra la influencia de las brujas.

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martes, 27 de enero de 2015

Zayas de Torres


Situado, aproximadamente, a cinco kilómetros de Zayas de Báscones, Zayas de Torres es otra pequeña población que conserva, cuando menos, dos detalles interesantes: su arquitectura tradicional, que posiblemente en el caso del barro cocido, recuerde los siglos de influencia de la dominación musulmana, y la portada de su imponente iglesia, que se encuentra bajo la advocación de la Virgen de la Fuente. En el primero de los casos, si bien se trata de una arquitectura venida a menos, pareja a la vida y situación de muchos pueblos que van rindiendo progresivamente su tributo de almas a la emigración y la búsqueda de nuevas oportunidades de su juventud, la utilización de los elementos arcillosos de su suelo como material de construcción, recuerda las construcciones norteafricanas, de las que queda un singular ejemplo en la provincia, en la antigua fortaleza, venida también a menos –de hecho, hace uno o dos años, se desmoronaron varios de sus lienzos principales que todavía permanecían en pie milagrosamente- de Serón de Nágima. A esto, habría que añadir, así mismo, las singulares casonas multifuncionales, donde madera y piedra se conjugan armónicamente para ofrecer un magnífico ejemplo de lo que ha sido, durante siglos, la típica casa familiar castellana.

Por otra parte, la iglesia, románica en sus orígenes, ha visto completamente modificada su planta original, hasta el punto de que sólo conserva intacta su portada. Una portada, cuya forma y dimensiones, vuelve a ponernos en contacto, probablemente, con un románico de origen burgalés –no olvidemos la cercanía con la provincia de Burgos- que pudo haber ejercido su influencia, durante los siglos XII y XIII, con la expansión de los talleres itinerantes de canteros procedentes de Santo Domingo de Silos y su entorno, como parece confirmar, además, el detalle de numerosos templos que todavía conservan esta advocación. La iglesia se levanta dominando el pueblo, en el llamado Cerro del Castro, detalle que, unido a la advocación, nos ofrece una idea bastante aproximada de sus antiguos habitantes y los cultos posteriormente cristianizados. Parece ser, así mismo, que por ésta Zayas, pasó también el Cid Campeador camino del destierro: en buena hora, Campeador, habéis ceñido la espada. De Castilla os vais, camino donde vive gente extraña… No cabe duda, tampoco, de que la iglesia debió de tener una hermosa e interesante galería porticada, de cuyas piezas originales –como en el caso de algunos otros templos que hemos tenido ocasión de ver en esta ruta, incluido el cercano sito en Zayas de Báscones-, no queda rastro alguno, no pudiendo por menos de preguntarse uno dónde fueron a parar. Protegida la galería por alambrada metálica para impedir el paso de las aves y evitar sus excrementos en el suelo, a través de ella, se observa una magnífica portada, como se ha dicho, y algunos arcosolios –posiblemente sepulturas en origen- adosados al muro. Constituida por ocho arquivoltas, la mayoría de los capiteles están lisos, por lo que hemos de pensar que puedan ser de reciente factura sustituyendo a los originales, aunque todavía persisten algunos de época, que muestran motivos vegetales y alguno historiado.

Zayas de Torres hace frontera al norte con el río Perales; al sur con Alcozar -paralizado quedó el proyecto de restauración de su imponente iglesia románica- y Rejas de San Esteban -donde merece la pena acercarse para contemplar sus dos magníficas iglesias románicas-; al este, con Zayas de Báscones y al oeste, con Bocigas de Perales.


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