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Mostrando las entradas etiquetadas como río Duero

Saboreando el arte y el misterio de Almazán

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R esulta difícil pasear por una ciudad como Almazán y no dejarse llevar por cierta soporífera ensoñación, sobre todo cuando uno se deja voluntariamente envolver por ese extraño magnetismo derivado de la pervivencia en el tiempo de detalles afines a una Historia henchida de ecos, de murmullos y de gritos, donde el choque de civilizaciones -y no pretendo hacer zapaterismo gratuito-, impulsó, después de todo, huellas de diferentes culturas y maestrías, donde incluso reyes cristianos -como Pedro I el Cruel y su hermanastro, Enrique de Trastámara- dirimieron diferencias más allá de lo que supuestamente tira la sangre, haciendo buena -o lo que viene a ser lo mismo, histórica- la frase de Bertrand du Guesclin: yo ni quito ni pongo rey, tan sólo ayudo a mi señor. Pero como la Historia, también el Arte, desgraciadamente, se torna partidario; y ese partidismo, mal utilizado, se transforma en egoísmo y tiende a saciar hasta el paladar más exquisito, hastiándolo. Reconoceré, desde luego -est...

Cosas que encontré en el Baúl de los Recuerdos

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A veces es bueno recordar, detenerse durante unos minutos a meditar, y dejar que la mente, cuando no el corazón o el alma, abran con cierto disimulo ese entrañable Baúl de los Recuerdos que todos llevamos dentro. Hace algún tiempo, aprovechando esa llave tan particular que es la Melancolía, pensé en Soria -en realidad, pienso en Soria muy a menudo- y al instante, como esplendorosas estrellas fugaces cruzando raudas ese horizonte crepuscular que envuelve al mundo de los sueños, tres nombres tomaron forma en mi memoria, con la fuerza irresistible de su ancestral y misteriosa belleza: los Arcos de San Juan, San Baudelio de Berlanga, y por supuesto, ese viejo Duero que atraviesa Soria con su eterna canción, formando un arco de ballesta sobre el promontorio en el que se levanta la no menos entrañable ermita de San Saturio. I nsisto. Dicen que recordar es vivir. Tal vez yo viva recordando; y lo haga, siendo plenamente consciente de que estas líneas que ahora escribo, no serán, sin...

Romance del Duero

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P oco antes del alba, en ese preciso, inatrapable instante en el que se cierra el portal de las leyendas y el rayo de luna que perdió al enamorado Manrique desaparece arrastrado por las aguas del Duero, el paisaje vuelve a dibujar otra vez un sendero tranquilo, que se difumina a lo lejos -incluso más allá de la ermita de planta octogonal que se asienta sobre la ladera del monte de Santa Ana- hasta fundirse con una quimera que, a falta de nombre mejor, conocemos como horizonte. D e igual manera, río y ribera se funden en un estrecho abrazo, íntimo, personal, atrapados en la engañosa superficie de un espejo, en el que dos mundos, lejos de chocar, simplemente se aparean y confunden como amantes inseparables. H ay algunas hojas caídas en el suelo, que apenas revolotean, pues aún el cierzo, cual doncella encantada esperando el beso del príncipe otoño, duerme profundamente allá a lo lejos, en las cimas encantadas del Moncayo, anciano de rostro severo que en cuestión de meses lucirá leonina y...

Crónicas de la Soria Romántica: Iniciales que son Nombres, Cifras que son Fechas...

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'Estos chopos del río, que acompañan con el sonido de sus hojas secas el son del agua cuando el viento sopla, tienen en sus cortezas grabadas iniciales que son nombres de enamorados, cifras que son fechas...'. ******* A penas nada ha cambiado desde los tiempos en que Antonio Machado, siendo maestro en Soria, escribiera estos versos, sintiéndose inspirado por el hechizo de este sendero que, partiendo de la puerta del antiguo monasterio templario de San Polo, acompaña al Duero por su ribera izquierda hasta terminar, algunos centenares de metros más arriba, en la evocadora ermita de San Saturio. D esafiando al tiempo, e inmortalizadas en las duras cortezas de los chopos, esas iniciales que son nombres de enamorados , esas cifras que son fechas, permanecen inalterables como el más certero testimonio de la necesidad que acompaña al ser humano de expresar una parte importante de sí mismo: sus sentimientos. L ejos de ser un acontecimiento social aislado o característico de una determ...

Almazán

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¿ Se llega a conocer alguna vez a las personas?. ¿Y a esa prolongación de ellas, que en el fondo, son las ciudades?. Cuanto más antigua es una ciudad, más difícil resulta llegar a conocerla. Hay una parte de la Historia, que siempre es reacia a la hora de darse a conocer. Comparativamente hablando, se puede decir que las ciudades son, de alguna manera, semejantes a esa novia recatada que no permite que el novio la vea hasta que no se encuentran en el altar. Después, caído el velo imaginario de lo que tradicionalmente se denominaban las vergüenzas y descubierto el misterio del amor a solas, se convierten en algo más que en marido y mujer: se convierten en cómplices. Y como cómplices, comparten entrega y dedicación. He aquí, bajo mi punto de vista, donde radica el quiz de la cuestión. Y o creo que para llegar a conocer una ciudad, es necesario, cuando no requisito imprescindible, hacerse cómplice de ella. Y no hay mejor manera de conseguirlo, que residiendo en ella, aunque sea sólo uno...

Solitaria y entre brumas

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Sábado, seis de diciembre. Madrugada, como es natural. Dispuesto a afrontar una nueva aventura: un viaje místico, romántico, buscando esa magia románico-gótica de los monasterios cistercienses; deseando empaparme de lugares legendarios y fascinantes, como el Moncayo y sus alrededores. Soñando con reencontrarme con Gustavo Adolfo Bécquer en el Monasterio de Veruela y descubrir el sortilegio que puso alas en su imaginación, aún presintiendo cercana su muerte. Pero antes, quería reencontrarme con unos viejos amigos; saludarles en paz y en silencio; aspirar parte, también, de esa magia que me cautivó hace tantos, ¡tantos años ya!. He aquí, pues, tal y como me los encontré: adormilado y triste él, solitaria y entre brumas, ella.