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Mostrando las entradas etiquetadas como mitos y leyendas de Soria

Beratón

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S ituado, aproximadamente, a siete kilómetros de Cueva de Ágreda, con la que mantiene un armónico parentesco en cuanto a raíces celtíberas se refiere, Beratón tiene el privilegio de ser, además, el último pueblo soriano que luce palmito o hace frontera, con Aragón. Aparte de estar situado en la denominada vertiente soriana del Moncayo –como ya aventuramos en la entrada anterior, metafórico cuerno de la abundancia cuyo cierzo transporta incansables contingentes de mitos protohistóricos-, le corresponde, también, el genuino honor de ser el escenario en el que Gustavo Adolfo Bécquer –aquél incomprendido poeta en su época, del que Eugenio d’Ors llegó a afirmar, no obstante ganado por la humilde fuerza emocional de sus rimas, que sus versos eran como un acordeón tocado por un ángel -, inmortalizó una de sus más hermosas y conocidas leyendas: La corza blanca . Ésta leyenda, junto con la de El Gnomo –que habría que situar en la otra orilla, es decir, en la vertiente aragonesa del Moncay...

Omeñaca: siete cabezas de infante para un almuerzo

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'Las ruinas son el mejor testimonio del poder del tiempo, ellas enlazan la generación viva con la generación muerta, el hombre que las contempla con el hombre que las construyó. Y luego..., si la tradición les hace hablar..., la tradición es la lengua de los monumentos antiguos y los monumentos antiguos son el documento de la tradición. Entre ambos hacen inmortal al hombre... y el hombre, sin embargo, generalmente los desprecia'. (Ibo Alfaro) (1)   D entro del románico mencionable de la provincia, y lejos, quizás, de los detalles de excelencia y calidad, cuyo modelado roza la perfección en muchos de sus templos más significativos, existe otro románico, menos voluptuoso, pero no por ello menos interesante, que permanece inalterable dentro de esa línea clasificatoria -costumbre ésta, demasiado humana, por eso, quizás, me resulta tan fea- entre lo espectacular y lo sencillo, lo rural y lo circunstancial, lo egocéntrico y lo práctico. A este románico fronterizo entre uno y...

El mito termestino de Elpha

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'Assiniestro dexan Agriza que alamos poblo alli son los cannos do a elpha ençerro...'. [Cantar de Mío Cid] T odas las culturas tienen en su haber un compendio de mitos y leyendas, tendentes a dar sentido a unos génesis cuyos recuerdos hace siglos que se perdieron, pero que, de manera fragmentaria y en la mayoría de ocasiones, apenas comprensibles, han permanecido en la memoria colectiva de los pueblos conformando parte de sus arquetipos. Hay ocasiones, incluso, en que esos mitos primitivos, esos arquetipos arcaicos, se ven nutridos por fabulaciones modernas que, en mayor o en menor medida, alteran y a la vez enriquecen el misterio original. Tiermes, desde luego, no es una excepción. A l contrario que otros arquetipos modernos, creados por escritores y poetas excepcionales, que enseguida acuden a la mente cuando se pronuncia simplemente el nombre de Soria -la tierra de Alvargonzález, poema épico que Machado situó en el entorno de la Laguna Negra, o el Monte de las Ánimas, donde ...

San Polo: memento de templarios

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- ¿ Eran monjes?. ¿Eran soldados?. ¿O eran, quizás, magos?. Nadie lo sabe a ciencia cierta. Tan sólo estamos seguros -tan seguros como que Dios existe- que nobles y templarios se enfrentaron un aciago día. La sangre se derramó a raudales por ese monte que queda enfrente de las ruinas del viejo monasterio de San Juan, y que a partir de entonces, maldito ya, en Soria conocemos como el Monte de las Ánimas. Los cadáveres de los monjes fueron enterrados al otro lado del Duero, en los terrenos donde se asentaba su monasterio, lugar que se conoce como San Polo. Lo creáis o no, aún siguen allí las viejas estelas sepulcrales que indican el sitio donde yacen sus restos y que, si os fijáis, contienen, aparte de la cruz, extraños símbolos más propios de endemoniadas brujerías que de verdaderos devotos de Dios, -dijo el viejo Anselmo, después de apurar el culillo de anís de su copa, mientras afuera, seguramente amplificado por el viento, nos llegó el sonido del reloj del Ayuntamiento, que anunc...