viernes, 25 de noviembre de 2011

Alcózar, tres años después



'Pero las aldeas suelen albergar a veces, envueltas en la ganga de un desconocimiento casi universal, verdaderas piedras preciosas de bondad y de cultura...' (1).



Imagino que era esperar demasiado; que después de todo, hubiera sido una auténtica proeza haber vuelto a levantar, aprovechando los milenarios cimientos de sus decanas ruinas, lo que en tiempos debió de ser, a juzgar por la calidad de sus restos, una auténtica joya del arte románico soriano: la iglesia de Nª Sª del Rivero, en Alcózar. Recuerdo con emoción, la última vez que estuve allí. Fue un caluroso sábado del mes de julio del año 2008, casi un año después de aquél histórico 12 de septiembre de 2007, en que se firmara un protocolo de actuaciones entre la Junta de Castilla, la Diócesis de Osma y la Fundación Duques de Soria, dándose luz verde a una aportación de 6 millones de euros, destinados a la restauración de un buen número de iglesias románicas de la provincia. Evidentemente, ésta iglesia de Alcózar, figuraba entre ellas.

Fruto de esos trabajos de restauración, y haciendo buenas las palabras de Roso de Luna que sirven de prólogo en el encabezado de la presente entrada, fue el descubrimiento, al poco de comenzar las excavaciones, de varios capiteles, que habían estado ocultos hasta entonces. Capiteles, que durante un tiempo se guardaron en el interior de las propias ruinas, bajo llave, para después ser trasladados al Ayuntamiento, donde he de suponer -aunque con los dedos cruzados- que todavía deben estar o, en su defecto, depositados en la iglesia parroquial del pueblo.

De cualquier manera, y obviando mis intentos frustrados por acceder a ellos -debo achacar a la casualidad, en la que generalmente no creo, no coincidir nunca con la persona que tiene la llave o la potestad para utilizarla- no puedo evitar sentir una mayor frustración aún, si cabe, cuando me pregunto por qué están paralizados los trabajos, y qué se ha hecho con la parte correspondiente de esos seis millones de euros que, en teoría y anunciado en su momento como un gran acontecimiento, estaban destinados a financiar este proyecto de recuperación.
Agua de borrajas.





(1) Mario Roso de Luna: 'El tesoro de los lagos de Somiedo', Editorial Eyras, 1980, Primera Parte, Capítulo I, página 4.

lunes, 21 de noviembre de 2011

Otoño y vida en Arganza



'¿Volver?. Vuelva el que tenga, / tras largos años, tras un largo viaje, / cansancio del camino y la codicia / de su tierra, su casa, sus amigos, / del amor que al regreso fiel le espera. / Mas, ¿tú? ¿Volver?. Regresar no piensas, sino seguir libre adelante, / disponible por siempre, mozo o viejo, / sin hijo que te busque, como a Ulises, / sin Itaca que te guarde y sin Penélope'. (1)



Tengo la impresión de que, de un tiempo a ésta parte, mi relación con este curioso despoblado situado en las estribaciones del Cañón del río Lobos y poco menos que a la vera de una ciudad -San Leonardo de Yagüe- que comenzó siendo una barriada más del pueblo, se está consolidando, de manera que se podría llegar a pensar en la existencia de una misteriosa fuerza que me impele a volver -siquiera echando mano de la casualidad, en la que no creo, cuando no en las circunstancias- con el propósito de mostrarme algo nuevo. Nada, en principio, que pudiera hacerme concebir esperanzas de rehabilitación, desde luego, porque no creo que se dé tan quimérico suceso; pero si para soñar -a juzgar por lo que pude observar a finales de octubre- con la visita de numerosos excursionistas y curiosos, atraídos por la magia del entorno y las leyendas afines a una orden de caballería medieval que cada día está más de moda: los templarios.




No deja de ser una grata novedad, por tanto, observar que, después de todo, hay ocasiones en las que parece que la Justicia -dama voluptuosa donde las haya- no es tan ciega como generalmente nos pretender hacer creer (2), y al menos ha levantado parte de esa venda que le cubre los ojos, para otorgar a Arganza siquiera un débil resquicio de protagonismo.

Curiosa, por otra parte, resulta a veces la manera en la que se entera uno de algunos detalles relacionados con aquello de lo que habla. Me refiero, sin ir más lejos, a esa casa alargada, situada a pie mismo de carretera, en cuyo lateral, siempre me llamaban la atención una mesita blanca, de piedra, y unos banquitos de similar constitución. Ahora sé, por el cartel que genuinamente luce, que se trataba de las antiguas escuelas del pueblo. Y la esperanza que mencionaba más arriba, se refiere a que la Red de Espacios Naturales de Castilla y León se haya fijado en ellas, invirtiendo la nada desdeñable cantidad de 39.000 euros en su restauración, con vistas a crear un Aula de Desarrollo Ambiental.

Hasta aquí, lo que considero como una feliz iniciativa que pueda otorgar un resquicio de renovación vital a un curioso pueblecito, situado en un lugar de misterios y belleza trascendental, no muy lejos de la frontera de otra provincia, Burgos, que comparte protagonismo e Historia con ese gran foco de atracción turística y cultural, en lo que, desconocido prácticamente antaño, hoy en día todo el mundo conoce: el Cañón del Río Lobos.

Sólo me queda una pequeña duda, que empaña, quizás, ese atisbo de esperanza. Y es la siguiente: ¿se llevará a feliz término el Proyecto o, por el contrario, se quedará en agua de borrajas como la restauración de la iglesia románica de Nª Sª del Rivero, allá, en los cerros de Alcózar?.




(1) Luis Cernuda.


(2) Ocurre con ella, lo mismo que con el Diablo, quien, según Baudelaire, su mejor jugada consiste en hacernos creer precisamente que no existe.