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Ventosa: 'hogares neolíticos'

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'Las casas sorianas de los pueblos de la cordillera carpetana son poco características. Unas constan de una sola planta, otras de dos. Según la relación del poblado con el sistema orográfico, se han distinguido en Segovia y Soria (así como en Guadalajara y en Madrid) cuatro clases de poblados: 1) pueblos de la parte llana y valles hondos y amplios con casas de ladrillos y adobes; 2) pueblos de las altiplanicies con casas de piedra y arcilla cocida, y ladrillo para limitar huecos y aristas; 3) pueblos asentados en las faldas de las montañas, barrancos y fallas, con casas de granito las más de las veces, y obra de cantería limitando los huecos y aristas; 4) pueblos asentados en las montañas con casas de mampostería en seco, con escasos huecos y muy bajas. A veces hay excepciones en esta tierra poco benigna para el hombre...'. [Julio Caro Baroja (1)] N o muy lejos de Miño de Medinaceli y de Conquezuela, prácticamente lindando con la provincia de Guadalajara, un pueblecito, Ventosa...

Maneras neolíticas de vivir: las cuevas de Ventosa

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Ahora se utilizan para albergar al ganado -ovejas, prácticamente- y depositar fanegas de alpaca y aperos. Pero, aunque parezca mentira, constituyeron la vivienda de personas hasta tiempos relativamente recientes. Las cuevas de Ventosa representan un crudo testimonio de esa otra España, ajena al Plan Marshall en los años cincuenta y ajena, también, a las expectativas actuales de los países integrados en la Comunidad Económica Europea. Más aún, constituyen un caso más de la España negra, humilde y troglodita que todos deberíamos conocer al menos una vez en la vida, para aprender a valorar lo que tenemos y mejor aún, para darnos cuenta, en realidad, de lo afortunados que somos por no tener que vivir en esas condiciones.

Peregrinando hacia el Misterio: Ventosa

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Si no fuera por dos casonas totalmente reformadas, la furgoneta aparcada en uno de los laterales de la sólida mole de la parroquial y el ladrido intempestivo de los perros sueltos, la primera impresión del visitante al poner los pies en Ventosa, sería, no me cabe duda, la de estar en otro de los numerosos despoblados que, tristemente, jalonan la provincia. Y en realidad, no andaría muy desencaminado en sus apreciaciones, pues, como mucho, los habitantes de este lugar -que lleva el apelativo 'del Ducado' en referencia a los duques de Medinaceli, señores en tiempos de la zona- no pasan de tres. A lo sumo, cuatro. Situado en lo más alto de un risco, Ventosa hace honor, desde luego, a su nombre. El paisaje, no obstante, que se contempla desde allí, es realmente impresionante: al frente y a la derecha, Miño de Medinaceli; a la izquierda, Conquezuela. Por la parte de atrás, hacia la izquierda, ya en tierras de Guadalajara y en dirección a Sigüenza, Olmedillo y sus famosas cuevas; a l...

Peregrinando hacia el Misterio: Miño de Medinaceli

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Nuestra próxima parada, una vez visitado Ventosa y semi-explorado muy superficialmente las interesantísimas cuevas de Olmedillo, es Miño de Medinaceli. Lejos de ser otro pueblo más, cercano a Medinaceli -unos 15 kilómetros, aproximadamente- Miño de Medinaceli constituye un foco arqueológico y cultural de primer orden. Siete son los kilómetros que separan a Miño de Medinaceli de Conquezuela, sobre la que ejerce, también, su Ayuntamiento. Y curiosamente, a tres kilómetros y medio exactos de una y otra, se encuentran la ermita y la cueva de la Santa Cruz. En los peñascos que circundan el pueblo, así como en sus inmediaciones, los arqueólogos han encontrado numerosos focos culturales, que van desde los tiempos del Neolítico y la Edad del Bronce, hasta esa épica parte de nuestra historia nacional, denominada como la Reconquista. Buena prueba de ello, son, en cuanto a los primeros se refiere, los que se localizan en el denominado Abrigo de la Dehesa y el denominado Túmulo de la Sima. Pero nu...