jueves, 6 de mayo de 2010

Soria, Paraíso Natural

'He desaparecido en ciudades infinitas y en aldeas tan pequeñas que nadie en ellas tenía ya pasado ni futuro...'.

[Carlos Ruiz Zafón: 'El juego del Ángel']


Nunca he dejado de preguntarme, cómo una provincia, en teoría tan pequeña; tan olvidada por las Administraciones públicas y tan castigada por el espectro desolador de la despoblación, puede albergar tantas sorpresas y a la vez, tantas y tan variadas maravillas.
Desde las frías y áridas parameras, que no en vano la han otorgado desde tiempos inmemoriales también el sobrenombre de extremadura, hasta las fantásticas cumbres de los Picos de Urbión, donde duerme su sueño eterno de magia y leyenda ese espejo lunar conocido como la Laguna Negra, numerosos son los rincones naturales que, a fuerza de belleza y esplendor, hacen que Soria bien merezca el calificativo de Paraíso Natural.
Un paraíso que, por otra parte, incrementa su belleza en dos épocas muy concretas del año: la primavera y el otoño.
En el vídeo que ilustra la presente entrada, sólo se muestran algunos de esos lugares entrañables; lugares especiales por los que perderse y dejar que el espíritu se solace libremente, fundiéndose con una naturaleza magnética, que tan sólo exige respeto y veneración. Pero existen muchos otros lugares, con características, si no tan sobresalientes, sí al menos de brillante atractivo, como los campos cubiertos de amapolas adyacentes al yacimiento de Numancia; o la corte de pinares de Vinuesa; o el abrazo de los ríos Duero y Tera a su paso por Garray; o las estribaciones indisolublemente mágicas del Moncayo y la tierra agredense...
En definitiva, un paraíso natural recomendable para todas aquellas personas que, de sentimientos parejos al del personaje de la novela de Zafón, se encuentren cansados, cuando no hastiados de perderse en ciudades infinitas...