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Perdices

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A unos ocho kilómetros de distancia de Almazán, y en dirección a los campos de Gómara y más allá de estos, a la tierra de Ágreda y las estribaciones del mítico Moncayo, un pueblecito, Perdices, languidece cual cigarra calentándose bajo un sol otoñal que, amparándose en el popular refranillo alusivo a los veranos de San Martín, es incapaz de disimular su recelo a dejarse llevar por el ciclo equinoccial e inmutable de las estaciones, que prevé un largo, gélido y crudo invierno. Supliendo la carencia de atalaya mora o murallas cristianas -aparentemente- su parroquial, de origen románico y advocada, como simbólico pilar, en la figura de San Pedro, se eleva solitaria, como Torre de Hércules, sobre un altozano. A dosado a su ábside -en cuyos contrafuertes el magíster anónimo, de alguna manera subliminal quiso jugar con la magia del hexágono- el pequeño cementerio guarda con celo el recuerdo de unos deudos para los que un día el tiempo dejó de existir y que, como diría don Antonio Machado, s...

Villasayas: románico y amabilidad

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C uesta creer que en las estepas que rodean en la actualidad Villasayas, hubiera antaño hermosos montes de pino, aunque estos fueran replantados parcialmente a mediados del siglo XX. A duras penas, y a pesar de los sucesivos añadidos que desvirtúan su verdadera esencia, sobrevive, también, buena parte del románico original de su iglesia parroquial, que se encuentra bajo la advocación de la Asunción de la Virgen. E l pueblo, que en su época de esplendor llegó a contar con más de seiscientos vecinos, se encuentra plácidamente situado a diecisiete kilómetros de Almazán; a unos ocho kilómetros de Barahona -fuera, no me cabe duda, del influjo hechicero de sus famosas brujas, y sus misteriosos, y de hecho, peligrosos pozos airones- y a apenas una treintena escasa de kilómetros de la vecina provincia de Guadalajara y dos de sus principales, cercanos e históricos referentes: Atienza y Sigüenza. De hecho, la iglesia de Villasayas dependió durante siglos del obispado de ésta última población, s...

Caltojar: arpías y románico

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C onfieso que el flash de la cámara se disparó por error. Lo supe apenas una fracción de segundo después, cuando percibí que una sombra dantesca profanaba la pétrea y cuasi-perfecta concavidad del ábside, mientras un grito, estridente, amenazante y de proporciones desmesuradas, me indujera a pensar que una arpía había burlado las leyes de la física y aplicándose arbitrariamente una oscura magia medieval, hubiera abandonado su destacada posición en un ignoto capitel. Hasta ese momento, no recordaba que, una vez dejada atrás con tristeza la ermita de San Baudelio -sumida en el caos provocado por su designación como una de las sedes de las Edades del Hombre- hubiéramos decidido entrar en un cine y asistir a la proyección de una nueva secuela de la saga de El Señor de los Anillos, donde hombres, hobbits, enanos, elfos y orcos pugnaban duramente por el control de la Tierra Media. D espués de la bronca, y una vez superado el estupor inicial, sí recuerdo, no obstante, que una frase de una can...

El románico de Caracena. Primera Parte: la iglesia de San Pedro

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'Gentil o hebreo o simplemente un hombre cuya cara en el tiempo se ha perdido; ya no rescataremos del olvido las silenciosas letras de su nombre...' [Jorge Luis Borges] Como en los versos de Borges, cuando uno se encuentra frente a una iglesia románica, tal, por ejemplo, la iglesia de San Pedro, en Caracena, su primer pensamiento es preguntarse por el extraordinario poeta que, utilizando con geométrica precisión el martillo y el escoplo, labró versos de oculta rima en el corazón primordial de la piedra. Es cierto. Cuanto más y más templos románicos visito, mayor es la sensación que tengo -observando sus arcos, sus arquivoltas, sus capiteles o sus canecillos- de estar contemplando un inmenso poema, la clave de cuya rima, por desgracia, hace tiempo que se ha perdido. A veces el poeta-escultor deja su firma grabada en la piedra, bien con sus iniciales, bien con el nombre completo al que, por regla general, se solía añadir la acepción latina 'me fecit'. No parece ser el cas...

Pueblos con encanto: Caracena

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A medida que me acerco a Caracena, no puedo evitar que una profunda sensación de respeto se adueñe progresivamente de mi. Atrás han quedado lugares no exentos de magia, como Gormaz y su fortaleza califal; La Rasa; Navapalos y su atalaya islámica; Carrascosa de Abajo y Fresno de Caracena, estos últimos con un aviso de 'atención, travesía muy peligrosa', pues el viajero se ve en la obligación de atravesar su 'corazón' para continuar viaje. Pero al final del camino, de este camino que se pierde por bosques, quebradas y desfiladeros de una belleza impresionante, mi entusiasmo aumenta porque sé que voy a un lugar que, aunque poco menos que despoblado en la actualidad, fue puntal de cierta importancia de esa Historia que nunca deberíamos olvidar, pues a partir de ella se consolidó nuestra nación: la Reconquista. Imposible, pues, despreciar esos muñones de piedra y vigas vencidas que se levantan a la entrada del pueblo, sabiendo que una vez fueron morada y hogar de familias c...