San Caprasio in excelsis
S on apenas media docena los kilómetros que separan a Narros de otra antigua población mesteña, que como en su caso, va manteniéndose con mayor o menor holgura en base a los réditos de una sufrida agricultura y una ganadería quizás venida a menos, pero cuya antigua gloria late con fuerza todavía en su nombre: Suellacabras. De igual manera que Narros, Suellacabras mantiene también, en su conjunto urbano, esa ruda predilección por el encanto natural de la piedra y esa fidelidad –tal vez motivada adecuadamente en los siglos oscuros por la Santa Inquisición-, de aplicar a los dinteles de sus casas el santo sacramento de la bendición, con cruces monxoi, custodias, soles y aves, que paradójicamente y como en el caso de la estela funeraria de Narros, a la que ya hicimos referencia, también ocuparon alguna interesante reseña cuando fueron tímidamente sacados de su ostracismo original, allá por los felices años ochenta, en aquél referente de la España mistérica, que fue la revista Mundo Des...