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Maneras de vivir: Numancia

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No resulta ninguna quimera, ni siquiera ninguna licencia poética, la popular aseveración del Santero de San Saturio -inmortal personaje de Gaya Nuño- cuando afirmaba desde las páginas de tan maravilloso libro, que 'me gusta ir a Numancia cuando zumba el viento, cuando cae frío de las alturas, cuando todos los elementos cooperan en hacer triste, espantosa e inerme la ruina'. La última vez que estuve en Numancia, mientras paseaba ensoñadoramente por lo que otrora fueran sus calles, reconozco que no dejaba de pensar en estas palabras. El viento zumbaba, aunque ligera y pausadamente, sin llegar en ningún momento a amenazar con convertise en ese hermano mayor y vocinglero llamado cierzo. Aunque la mañana había amanecido fresca -no olvidemos que estamos en invierno- las nubes le habían dejado un pasillo al sol y sus rayos, más bien tibios, animaban a pasear. Es cierto, así mismo, que apenas había visitantes, a excepción de una pareja de Logroño, a juzgar por la matrícula de su coche,...

Crónicas de la Soria Blanca: Numancia

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¿Pueden las ruinas de una ciudad despertar tanta variedad de sentimientos; ofrecer tanta belleza, incluso cuando su historia está teñida de tragedia, sangre y destrucción?. Creo que sí. En este sentido, me considero afortunado por haber podido pasear entre esos muñones cargados de recuerdos, donde a veces el susurro del viento semeja el grito de libertad con el que miles de gargantas celtíberas enfrentaron un holocausto que, siglos más tarde, aún perdura entre las páginas más heróicas de la épica de este país. Y es que en Numancia -por mucho que se empeñe ese otro ejército invasor que espera impaciente la orden para lanzar a la ofensiva a sus excavadoras-, los fantasmas se niegan a desaparecer. He tenido el privilegio de visitar las ruinas de ésta ciudad arévaca en varias ocasiones, con el interés añadido de hacerlo en diferentes épocas del año; y si he de ser objetivo, no sabría decidirme en cuál de ellas la coquetería de Numancia hace que uno se sienta deslumbrado frente a su belleza...