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Perdices

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A unos ocho kilómetros de distancia de Almazán, y en dirección a los campos de Gómara y más allá de estos, a la tierra de Ágreda y las estribaciones del mítico Moncayo, un pueblecito, Perdices, languidece cual cigarra calentándose bajo un sol otoñal que, amparándose en el popular refranillo alusivo a los veranos de San Martín, es incapaz de disimular su recelo a dejarse llevar por el ciclo equinoccial e inmutable de las estaciones, que prevé un largo, gélido y crudo invierno. Supliendo la carencia de atalaya mora o murallas cristianas -aparentemente- su parroquial, de origen románico y advocada, como simbólico pilar, en la figura de San Pedro, se eleva solitaria, como Torre de Hércules, sobre un altozano. A dosado a su ábside -en cuyos contrafuertes el magíster anónimo, de alguna manera subliminal quiso jugar con la magia del hexágono- el pequeño cementerio guarda con celo el recuerdo de unos deudos para los que un día el tiempo dejó de existir y que, como diría don Antonio Machado, s...

Retorno a Caracena

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S ituado en un lugar desolado de las estribaciones de la Sierra de Pela, no exento de belleza y magia, Caracena es uno de los rincones supervivientes de un auténtico mundo perdido; un mundo, que aún hoy, al cabo de los siglos, permanece amarrado, inmutablemente, a ese puerto imaginario con forma de cuerno de marfil, por el que los antiguos griegos pensaban que venían los sueños. E n realidad, no deja de ser un sueño llegar a un lugar tan aislado, y sin embargo, tan rico en matices. I ncreíble, por otra parte, parece el detalle de que un lugar de tales características, acreedor de tanta historia y tantos misterios asociados, apenas cuente con leyendas y tradiciones que, a fuerza de repetirse de generación en generación, la Justicia –en ocasiones tan ciega e injusta como la Historia- haya consentido en otorgar una sencilla, pero objetiva dote de realidad. P arte de esa dote, y a falta de nuevos descubrimientos que la amplíen y la hagan definitivamente atractiva para esa interesada rama d...

Pueblos con encanto: Caracena

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A medida que me acerco a Caracena, no puedo evitar que una profunda sensación de respeto se adueñe progresivamente de mi. Atrás han quedado lugares no exentos de magia, como Gormaz y su fortaleza califal; La Rasa; Navapalos y su atalaya islámica; Carrascosa de Abajo y Fresno de Caracena, estos últimos con un aviso de 'atención, travesía muy peligrosa', pues el viajero se ve en la obligación de atravesar su 'corazón' para continuar viaje. Pero al final del camino, de este camino que se pierde por bosques, quebradas y desfiladeros de una belleza impresionante, mi entusiasmo aumenta porque sé que voy a un lugar que, aunque poco menos que despoblado en la actualidad, fue puntal de cierta importancia de esa Historia que nunca deberíamos olvidar, pues a partir de ella se consolidó nuestra nación: la Reconquista. Imposible, pues, despreciar esos muñones de piedra y vigas vencidas que se levantan a la entrada del pueblo, sabiendo que una vez fueron morada y hogar de familias c...