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Saboreando el arte y el misterio de Almazán

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R esulta difícil pasear por una ciudad como Almazán y no dejarse llevar por cierta soporífera ensoñación, sobre todo cuando uno se deja voluntariamente envolver por ese extraño magnetismo derivado de la pervivencia en el tiempo de detalles afines a una Historia henchida de ecos, de murmullos y de gritos, donde el choque de civilizaciones -y no pretendo hacer zapaterismo gratuito-, impulsó, después de todo, huellas de diferentes culturas y maestrías, donde incluso reyes cristianos -como Pedro I el Cruel y su hermanastro, Enrique de Trastámara- dirimieron diferencias más allá de lo que supuestamente tira la sangre, haciendo buena -o lo que viene a ser lo mismo, histórica- la frase de Bertrand du Guesclin: yo ni quito ni pongo rey, tan sólo ayudo a mi señor. Pero como la Historia, también el Arte, desgraciadamente, se torna partidario; y ese partidismo, mal utilizado, se transforma en egoísmo y tiende a saciar hasta el paladar más exquisito, hastiándolo. Reconoceré, desde luego -est...

San Esteban de Gormaz: Exposición de la Barbarie

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A pesar de haber dejado atrás el meridiano del mes de agosto, y haber sentido en la piel, a primera hora de la mañana, ese aliento fresco que se cuela despreocupadamente por los valles que, semejando una cuña cercan a la hermosa ciudad de Medinaceli, el sol apenas nos decepcionó cuando hacíamos nuestra particular 'entrada triunfal' en la hermosa villa de San Esteban de Gormaz. Tanto, o quizás más añeja aún que la propia historia del pueblo, la iglesia románica de San Miguel (siglo XI) , nos recibió engalanada de fiesta, como si los vecinos hubieran decidido, de común acuerdo, hacerla reina mayor por un día. Siendo la decana de las iglesias románicas -no sólo de la provincia de Soria, sino de España- junto a su piedra, bellamente labrada, aunque miserablemente castigada por el tiempo cuando no por la acción descabellada de los hombres, una exposición de antiguos y terribles artilugios nos abofeteo en plena cara, recordándonos que la imaginación humana no conoce límites a la hora...