La Ribera Mágica del Duero
'He vuelto a ver los álamos dorados, álamos del camino en la ribera del Duero, entre San Polo y San Saturio, tras las murallas viejas de Soria -barbacana hacia Aragón, en castellana tierra-'. [Antonio Machado] '¡Manrique!. ¡Manrique!', creo escuchar las voces angustiadas de aquellos que buscan al joven enamorado, que se ahogó en las aguas del Duero persiguiendo un rayo de luna, apenas unos metros más allá de la puerta de lo que en tiempos fue el antiguo monasterio templario de San Polo y hoy es propiedad privada. Es muy temprano y la escarcha, obstinada, se niega a desaparecer. Aún así, allá arriba, en la distancia, a mitad de camino hacia la ermita de San Saturio, creo distinguir la silueta -abrigo largo hasta las rodillas, sombrero calado hasta las orejas y las manos en los bolsillos- de don Antonio, leyendo curioso las iniciales que docenas, cientos de enamorados han dejado grabadas en las cortezas de los árboles, y el tiempo aún conserva, como un suspiro de eternida...