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El románico perdido de San Pedro Manrique

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‘Por sus circunstancias geográficas, San Pedro Manrique es, a su modo, un Finisterre de secano, donde Soria no sólo linda con otras provincias, sino con otros mundos…’ (1) I ndependientemente del lado sociológico y antropológico de la fiesta, de sus mitos y de sus ritos, vertiente apasionante donde las haya, y universo cultural de primer orden, uno de esos otros mundos –el filósofo francés Paul Elouard diría que, en efecto, los hay pero están en éste- no es otro, que ese que podríamos definir como el románico perdido de San Pedro Manrique, cuyos breves, míseros despojos que yacen en la actualidad envueltos en brumas de ignorancia y de silencio, nos ofrecen, no obstante, un testimonio, siquiera aproximado, de la gran riqueza histórico-cultural que ésta hermosa villa de la serranía Soriana, tuvo en el pasado. S us vestigios, sus pistas, sus guiños e incluso los recuerdos tradicionales nos hablan de la excelencia de talleres artesanos, cuya habilidad y maestría apenas tenía...

Misterios de Oncala

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S obrecogen esas quebradas, esos montes solitarios, liberados de la selva arbórea que, según contaban los cronistas clásicos, permitían que una ardilla emprendedora y audaz, cruzara la vieja Hispania de un extremo a otro, simplemente por el placer de la aventura o quizás buscando el lugar más idóneo para asentarse y chascar a gusto sus nueces. Oncala, término que aún recuerda, en su pronunciación, el sonido seco, determinante que brotaba de las curtidas gargantas de los pelendones celtíberos, que habitaban estas inmensas infinidades. El viejo grito de guerra pelendón -quizás semejante al ijujú de los astures- agostado por la maquinaria bélica más poderosa de la Antigüedad; sustituido milenios más tarde por el familiar balido de los rebaños y el silbido de los pastores que dieron durante siglos vida, riqueza y futuro al lugar, y que hoy, apenas son un recuerdo de lo que fueron en realidad.  T al vez por eso, o porque precisamente de estos pagos se nutría generosamente la des...