Almenar y el castillo cuna de Leonor
Apenas pasan algunos minutos de las diez de la mañana, y tras una breve conversación con el párroco -que me ha indicado la dirección de la ermita de la Virgen de la Llana, aunque se ha reservado, supongo que con cierta desconfianza, que él tenía la llave del cuarto donde se conservan el arcón y las cadenas de la leyenda del cautivo de Peroniel- me encuentro deambulando ensoñadoramente por esa tierra de nadie -pongámoslo entre comillas- que constituyen los campos que separan la ermita del imponente castillo. No deja de ser una aventura emocionante pisar esta tierra cargada de Historia -y parcialmente cubierta por una espesa mortaja de rocío- mientras el cierzo, juguetón, brama a ratos, salivando una gelidez que golpea la cara y acuchilla las manos con zarpa de fiera, como diría para la ocasión un caballero legionario. Anclado sobre la colina, el castillo se recorta sobre un cielo ceniciento. A pesar de ser uno de los mejores conservados de la provincia -no en vano, hablamos de una propi...