Viaje a Izana
I niciar un viaje, por corto que sea, conlleva siempre riesgos. A los riesgos físicos de sufrir mil y un percances por el camino, se suma, también, otro riesgo que ha de tener en cuenta todo espíritu inquieto y aventurero: el de lo desconocido. Es en este tipo de riesgo, donde yo particularmente incluyo ese factor misterio que, bien por cuenta propia o bien en oscura alianza con el fatum o destino de las tragi-comedias griegas, te lleva por otros derroteros muy alejados de aquéllos que tenías en mente al salir de casa. E ntonces, a medida que uno varía el rumbo y pisa por primera vez lugares nuevos, surgen los enigmas y con ellos, previsiblemente, las preguntas. Y es que éstas, como bien cantaba Bob Dylan allá por los años setenta, quizás se encuentren en el viento. Aunque, particularmente, me siento más atraído -por cuanto a relación con el tema- con ese consejo que en la novela Peregrinatio -esa maravillosa continuación de Iacobus , de Matilde Asensi- el caballero Galcerán de Born...