viernes, 13 de julio de 2007

Bordejé: misterios en un pueblo pequeño


Una iglesia, que a pesar de tener sólo ciento cuarenta y cinco años, atrae -como un faro en la distancia- al viajero que, enlazando en Medinaceli con la carretera N-111, 'camino Soria', sueña con experiencias nuevas que más tarde poder compartir con amigos y familia.
Bordejé, un pueblo pequeño; tan pequeño, que no se emplearían más de cinco minutos en recorrerlo andando de arriba abajo. Un pueblo tranquilo, de gentes sencillas -refugiadas de la calima de julio en el porche o en el interior de sus casas- pero de sonrisa franca, dispuestas a recibir al forastero con la mejor disposición, aunque 'no sepan de historia', y sólo puedan indicarle la mejor dirección para subir con el coche a ese faro de carretera, que por una cuestión de soberana curiosidad, le ha obligado a hacer un alto en su camino.
Como es tradicional en muchos pueblos españoles, la iglesia -como he comentado anteriormente- es el edificio que más destaca, y también el guardián más pacífico y fiel de esa pequeña parcela de suelo anexada a uno de sus laterales, donde reposan en silencio, que no en olvido, aquellos vecinos que un día -ligeros de equipaje, como diría Don Antonio Machado- cambiaron el tortuoso peregrinaje de la vida por un descanso merecido y eterno.
Observada a simple vista, la iglesia de San Antón (año 1862), patrón del pueblo, para más señas, ofrece una estructura robusta, sólida y entera. Pero decepciona, sin embargo, comprobar el estado total de ruina del enconfrado de su fachada. Este detalle, lleva a plantearse el primero de los misterios a que hacía referencia en el título: ¿por qué está así, máxime cuando no se evidencia señal de ruina y tampoco elementos que sugieran unas obras de restauración?. ¿Había algo en esa fachada que debía ser ocultado de miradas indiscretas?. No es una pregunta banal, si sugiere relación con el segundo de los misterios: las marcas de cantería.
Tratar el tema de las marcas de cantería viene a significar, no me cabe duda, abandonar por algún tiempo el mundo de la lógica por las tinieblas de ese otro mundo llamado de la especulación.
Realmente, no se puede decir que la iglesia de San Antón sea promiscua en éste tipo de marcas. Pero al menos cuenta con una -ojo al dato- que aunque conocida -recordemos a Hamlet cuando le decía a su amigo Horacio que no hay nada nuevo bajo el sol- no es muy frecuente y trae de cabeza a los investigadores. Me refiero -y al hacerlo emplazo al lector a echar un vistazo a la foto- al signo de las tijeras.
No hace mucho leí un libro bastante interesante. Su título, 'La aventura de los templarios en España', me pareció lo suficientemente sugerente como para saber que tenía entre las manos uno de esos curiosos libros que se cogen y no se devuelven a la biblioteca hasta no haber terminado de leer la última página. En líneas generales, su autor -Xavier Musquera- narraba los pormenores de sus investigaciones, basadas en la búsqueda de las huellas del Temple en España, aunque centrándose más en el norte de la Península -Galicia, Asturias, Cataluña- comunidades donde su presencia había sido más activa y donde sus huellas, todavía hoy día, abundan, haciendo unos magníficos comentarios -y esto lo digo para todos los sorianos- sobre la ermita de San Saturio.
Como es lógico, un trabajo de campo de la envergadura del realizado por Xavier Musquera, trae como recompensa la recopilación de una gran cantidad de datos y símbolos, con los que entretenerse durante años. Entre los símbolos que encontró -y que de hecho, más estupefacción le produjo- estaba precisamente el que nos ocupa en este, nuestro segundo misterio de la iglesia de San Antón, en Bordejé: las tijeras.
Pero dejemos que sea él quien lo describa -espero que no me acuse de plagio- pues fue gracias a él como yo descubrí algo que espero sea interesante, animando, de paso, al lector, a aportar su granito de arena:
'En aquél instante no pude evitar una sonrisa al contemplar estos grabados que me eran familiares. Ante estas imágenes, ¿qué cabía pensar?. ¿Acaso el zapatero y el sastre eran a su vez canteros y les apetecía grabar en la piedra el símbolo del gremio al que pertenecían?. ¿O bien se trataba de canteros que hacían horas extraordinarias después de su jornada laboral?. ¿Puede uno imaginarse, según las explicaciones oficiales sobre los gremios, a un sastre y a un zapatero haciendo de funambulistas subidos a un andamio, a unos cuantos metros de altura?. Algo no encaja'.
Efectivamente, estoy de acuerdo con él: algo no encaja. Pero en el caso que nos ocupa, y para dar mayor aire de misterio al tema, diremos que Xavier Musquera encontró este curioso símbolo en varias iglesias gallegas -Santa María a Nova (Noia), Santa María do Campo (A Coruña) y San Francisco (Betanzos)- edificadas en los siglos XII-XIII. La iglesia de San Antón, en Bordejé, es del siglo XIX. ¿Nos hallamos frente a una pervivencia gremial de un gremio -valga la redundacia- cuya actividad no parece muy acorde con la actividad de los gremios de constructores medievales?. La sugerencia queda en el aire. Y como no hay dos sin tres, vayamos con el tercero y último de los misterios de la iglesia de San Antón: el extraño símbolo que se halla en uno de los laterales del pórtico de entrada.
En el pórtico de entrada, y perpendicular a la puerta -no deja de ser curioso el agujerito, perfectamente circular en el lateral bajo izquierdo de la puerta, por donde supongo que entra y sale el gato- un extraño símbolo parece haber sobrevivido, milagrosamente, al destino de los que pudieran haber existido en el ya inexistente encofrado. No es fácil de distinguir, pero si se pone la suficiente atención en ello, parece estar constituído por dos círculos concéntricos de los que parten cuatro brazos, semejantes a pétalos, como formando una cruz. En el centro del círculo más pequeño parece existir una pequeña forma. ¿Tal vez otra pequeña cruz?. Por su aspecto, bien pudiera recordar una cruz celta, aunque una afirmación así pueda resultar llegar quizás demasiado lejos. Posiblemente se distinguiera mejor si se tintara de negro para delimitir su contorno. Pero claro, esta sugerencia no creo que les resultase grata a los vecinos, por muy afables que sean. Comprensiblemente.
Bordejé está ahí. Sus misterios, también. Quisiera poner como colofón una de las preguntas aparecidas en el libro de Xavier Musquera:
'¿Contar con lo tradicional, para acceder a lo verdaderamente trascendente?'.

2 comentarios:

koborron dijo...

no conozco la iglesia de Bordejé, pero supongo que aunque la construcción actual sea de bien entrado el siglo XIX, habría una iglesia anterior. Las marcas de canteros estarían en piedras reutilizadas de la primera iglesia. En cuanto al primer misterio no sería la primera vez que algun clérigo fundamentalista eliminase imagenes por considerarlas irreverentes. Desgraciadamente, como dijo el clásico, la estulticia se reproduce con virulencia.
Este pueblo de la Tierra de Almazán ha conservado su nombre árabe, bor - borj - borch significa torre, luego es posible que todavía haya restos de alguna atalaya.
Un saludo
http://berlanga.blogia.com/

juancar347 dijo...

Gracias por el comentario. Algo parecido pensé cuando vi el detalle de la fachada. Sin embargo, reconozco que no me paré a pensar que se pudiera haber construído sobre una iglesia anterior, que parece lo más lógico. Tampoco observé restos de atalayas, aunque tampoco estuve el tiempo suficiente para indagar por los alrededores.
Un saludo,
Juan Carlos