miércoles, 4 de junio de 2008

Soria verde y natural

Poco antes de la primavera del año pasado, comencé mis peripecias por esta provincia, cuya variedad de matices, idiosincracia y belleza, me ha ido enamorando poco a poco. Recuerdo que el año pasado, aproximadamente un día tal que hoy, al visitar por primera vez las ruinas de Numancia, me quedé profundamente impresionado. No podía olvidar que allí, en ese lugar recordado y loado por la Historia, se produjo un drama espantoso, terrible, que en dicho moento, la Naturaleza, con su extraordinaria sabiduría, había maquillado esos restos con la maestría con que sólo Ella sabe hacerlo. Pensé entonces, que no había mejor época para visitar e ir conociendo una provincia, que la primavera.
Y no me equivocaba. Porque, a pesar del tiempo tan atípico que hemos tenido, y de este mes de mayo, particularmente inestable, que nos ha proporcionado más lluvia de la que nunca hubiéramos imaginado -los estadistas, ese gremio de puntillosos que enseguida sacan porcentajes aunque sea de las veces que van y vienen al servicio, no han tenido ningún reparo, en manifestar, maravillados por su descubrimiento, que no se ha conocido en España un mes igual al mes de mayo que acabamos de decir adiós, si no nos remontamos hasta el siglo pasado- y que ha cubierto, casi diríase que milagrosamente, las peligrosas carencias de agua de más de una región.
Atípico o no; molesto para el conductor; desmembrador de cosechas y artífice de algún que otro inoportuno desbordamiento -recordemos, por ejemplo, el Ebro a su paso por Zaragoza y el peligro que su nivel supone actualmente para las instalaciones de la Expo-, en el fondo creo que todos estaremos de acuerdo en que ha sido un mes provindecial, y que el agua con que nos ha regalado nos beneficia y satisface a todos, o a casi todos.
Posiblemente, ésta haya sido una de las principales circunstancias por las que la primavera, casquivana y lujuriosa, nos ha regalado, también, con unas visiones espectaculares. Visiones que, aunque sólo constituyan una ínfima parte de esa belleza que está a punto de amohinar el verano, quiero compartir, aprovechando la oportunidad que se me brinda en el presente blog.
He aquí, pues, un pequeño homenaje a esa eclosión de vida y color, que sólo en un lugar como Soria, puede sentir el viajero que se convierte en auténtica Magia.
¡Buen provecho a todos!.


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