domingo, 1 de agosto de 2010

Gormaz: Fortaleza Califal


Situada en lo más alto de ese montículo que adquiere la forma de un pecho natural en la distancia, la que en tiempos fuera la imponente fortaleza califal de Gormaz duerme un sueño milenario, celosamente guardada por un auténtico ejército de rastrojos entre los que sobresale, con regia autoridad, el cardo salvaje, de flor color nazareno -por su similitud con el hábito del Cristo de Medinaceli- y tallo espinoso. Como espinosa es, en el fondo, su arcana historia. Una historia que se remonta, cuando menos, a ese imperativo siglo X en el que, se supone que aprovechando vestigios anteriores de cuya memoria y referencia apenas hay constancia, fue mandada edificar por un personaje que dejó como recuerdo para la posteridad, entre otros, parte de ese maravilloso bosque de columnas que conforman el interior de la Mezquita de Córdoba: Al-hakem II.

2 comentarios:

Lima dijo...

Uno se imagina un mar alrededor, y la paz interior que nos invade se ve anegada por el desasosiego de ese puzzle de muros y de ruinas. Hay que volver a mirar los amplios horizontes para serenarse, hablar con alguien para volver al presente y abandonar la idea de convertirse en aguila. Gormaz es una droga dura

juancar347 dijo...

Cierto.Pero merece la pena subir hasta allí para, a través de su desolación, contemplar esos paisajes variopintos que se extienden hasta donde alcanza la vista. No deja de ser toda una experiencia pasear entre sus ruinas en soledad, sumido en uno y mil pensamientos. Y cosa curiosa, no parece ser lugar predilecto de pájaros. No recuerdo haber visto alguno. Un abrazo