jueves, 7 de abril de 2011

Duruelo de la Sierra

Apenas comienzan a bostezar los habitantes de Duruelo de la Sierra, y no obstante, en la torre de la iglesia de San Miguel, una pareja de cigüeñas desarrolla una actividad frenética, ensamblando, rama a rama, los engranajes de lo que, a juzgar a vista de objetivo de cámara fotográfica, comienza a parecerse a un auténtico hogar para los polluelos. El sol hace tiempo que ha dejadó atrás la línea del horizonte, elevándose hacia un cielo sobre el que se observan algunas nubes que apenas inquietan como si se tratara de cortinas de humo. Sus rayos acarician ahora buena parte de la fachada de una iglesia que apenas conserva trazas de aquél románico original que, supuestamente, se remonta a los siglos X y XI.

La claridad solar también avanza por el verde césped que circunda la iglesia, hasta el punto de que llega un momento en el que tienes la impresión de mirar a través de una ventana abierta. Una ventana que lentamente, a medida que se desplazan las sombras, deja al descubierto un pequeño mundo; un mundo sombrío, desde luego; y silencioso. Un mundo dedicado a la memoria de los antepasados que un día, lejano, devolvieron su cuerpo a la tierra, pagando su tributo con la Parca. Se trata de la necrópolis mozárabe, datada por los expertos en los siglos IX-XIII. Una necrópolis de cierta importancia -aproximadamente, 65 tumbas- como aquella otra que se encuentra algunos kilómetros más allá, en Canicosa de la Sierra, aunque bastante menor que la más grande de todas, que se localiza en Palacios de la Sierra, éstas últimas, ya en la provincia de Burgos.



Independientemente de la época, no deja de ser un hecho constatado que a veces se tiene la sensación de que ni siquiera la muerte nos iguala finalmente a todos, teniendo en cuenta las diferencias que se aprecian en los lechos de piedra que han de acogernos. Las formas, características de ese periodo turbulento de la historia de España, no difieren en esta necrópolis de Duruelo de aquellas otras de las necrópolis de los pueblos burgaleses mencionados. Respondiendo a los patrones de la época, éstas tienen aquí, también, la forma antropomorfa y la forma de bañera.

Posteriores a éstos, y apartados a un lado del jardín situado en el frontal de la iglesia, hay varios sarcófagos de piedra, con probabilidad del siglo XIII, que denuncian por sí mismos la relevancia en la época de los huéspedes que contuvieron.

Dentro de que todo, incluso una necrópolis, es Arte, no resulta vano suponer que Duruelo, en tiempos, debió de tener cierta relevancia, pues, de similar manera a como sucedió en Calatañazor, contó con numerosas ermitas, hoy día desaparecidas, aunque posiblemente sobreviva algún resto, aunque irreconocible.

Desde aquí, también se pueden realizar interesantes excursiones, como la subida al Varal de Cuestaembrillo, o a la cascada de los peñascales de Castroviejo. Mucho más allá, incluso, alrededor de 14 kilómetros por un sendero forestal, según me comentó un vecino, se accede al lugar de nacimiento de uno de los ríos más emblemáticos de España, en tiempos, frontera natural entre moros y cristianos: el Duero.


4 comentarios:

RIVIERE dijo...

Muy interesante la necrópolis...Por cierto, la banda sonora, ¿a quién pertenece?.
Un abrazo.

juancar347 dijo...

Hola, Rivi. Se trata de una zona muy interesante y espectacular, en cuanto a necrópolis, situada en la frontera entre Soria y Burgos. La banda de los dos vídeos es del mismo grupo: Dagda, y los títulos de las canciones: 'Abhaile' y 'Celtic Trance'. Un abrazo

Baruk dijo...

A mi me han gustado mucho más los escudos labrados, tienen su miga. Me gutan, me gutan!

Juancar, llevas timempo muy calladito, espero oirte gritar en breve. A por los sobaos!!

Abrazines

*

juancar347 dijo...

Je, je...no descubrí muchos, pero sí tienen su puntillo de interés. Como bien has observado, te habrás dado cuenta que me estoy reservando para gritar a pleno pulmón. Eso sí, no pienso catar ningún sobao que antes no esté aprobado por el Magister Templi. Hasta dentro de muy poquito. Un abrazo