lunes, 9 de mayo de 2011

Las tumbas celtíberas de Miño de Medinaceli

Miño de Medinaceli, es un pueblecito situado a unos 10 kilómetros, aproximadamente, de la ancestral Occilis romana; precisamente aquélla ciudad de las tres culturas, Medinat al Salim (1) o Medinaceli, desde la que dos grandes generales árabes, Galib y Almanzor, lanzaban continuas ofensivas y aceifas mediado el siglo X, en unos momentos en los que el reino de León dejaba un peligroso vacío de poder, con la muerte de Sancho el Craso -o el Gordo- y los nobles, entre ellos el famoso conde castellano Fernán González, se cubrían las espaldas concertando pactos con el poderoso califato de Córdoba, a la sazón gobernado por el sucesor de Abderramán III: Al-Hakén II.

Pero si ésta tierra de nadie, ésta frontera del Duero de la Reconquista que durante siglos tiñó las páginas de la Historia con bordones de rojo y oro es un periodo fascinante y rico en restos que nos estremecen y a la vez nos deleitan, no es menos rica y fascinante una Historia anterior -o Protohistoria, como en su día la definieron algunos investigadores- que hace de la zona, quizás la más árida y menos vistosa de la provincia, uno de los bastiones más ricos de cuantos existen en ésta mal llamada piel de toro que es nuestra Península.

No en vano, desde luego, y a juzgar por la riqueza e importancia de los yacimientos descubiertos, se ha denominado, no sólo al Núcleo sino también a los lugares circundantes, como el vergel de Ambrona. Dentro de los límites de éste vergel de Ambrona, se localizan focos determinantes como Ventosa, Conquezuela y el propio Miño de Medinaceli.

Localidades que, aunque pequeñas y de hábitat en vías de extinción, como ser el caso de Ventosa -apenas 4 ó 5 vecinos- concentran un patrimonio ancestral digno de tenrse en cuenta e interesante de estudiar y visitar.

En relación a Miño de Medinaceli, aparte de los yacimientos denominados Abrigo de la Dehesa -donde se localizaron objetos pertenecientes a diferentes periodos, que van desde el Neolítico hasta la Edad del Hierro- y de el Túmulo de la Sima -con restos del Calcolítico Campaniforme- merece una atención especial este montículo, denominado como el Fortín o el Castillo, fácil de localizar y visitar a las afueras del pueblo, en el que se pueden apreciar una cierta cantidad de tumbas antropomorfas excavadas en la dura superficie de la roca. Tumbas de diferentes dimensiones que, según los estudios realizados, tendrían un origen celtíbero y pertenecerían a otro periodo de la historia de España, caracterizado por episodios de conquista y resistencia tan intensos y fascinantes como los desarrollados a partir de la invasión árabe de 711 y que concluyeron en 1492 con la toma de Granada por parte de los Reyes Católicos.

Los invasores de entonces, pertenecían al imperio más poderoso de su tiempo: Roma. Un imperio que había sojuzgado a medio mundo y del que Hispania apenas era una simple provincia. Precisamente de moda en estos momentos, merced a la serie que actualmente se emite por televisión, se dice que durante una de las numerosas revueltas contra el invasor romano, el gran caudillo Viriato anduvo por estas tierras y participó en alguno de los frecuentes conatos de resistencia. No está demostrado, desde luego, pero el dato ahí queda por la relevancia que pueda tener. En la actualidad, el montículo donde se ubica este cemnterio ancestral, constituye corralas para el ganado, ovino en su mayor parte.

Por otra parte, no deja de ser un dato significativo, así mismo, especificar que a tres kilómetros y medio de distancia, tanto de Miño de Medinaceli como de Conquezuela, se ubica uno de los lugares de culto más fascinantes de la geografía soriana: la ermita y cueva de la Santa Cruz.



(1) Nombre islámico que algunos interpretan como la Ciudad del Cielo, y otros, como la Ciudad de Salomón, precisamente porque las leyendas sitúan aquí uno de los lugares donde, presuntamente, se ocultó la famosa Tabla o Mesa de Salomón, después de la invasión árabe y la caída de Toledo, capital del reino visigodo.



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