lunes, 21 de noviembre de 2011

Otoño y vida en Arganza



'¿Volver?. Vuelva el que tenga, / tras largos años, tras un largo viaje, / cansancio del camino y la codicia / de su tierra, su casa, sus amigos, / del amor que al regreso fiel le espera. / Mas, ¿tú? ¿Volver?. Regresar no piensas, sino seguir libre adelante, / disponible por siempre, mozo o viejo, / sin hijo que te busque, como a Ulises, / sin Itaca que te guarde y sin Penélope'. (1)



Tengo la impresión de que, de un tiempo a ésta parte, mi relación con este curioso despoblado situado en las estribaciones del Cañón del río Lobos y poco menos que a la vera de una ciudad -San Leonardo de Yagüe- que comenzó siendo una barriada más del pueblo, se está consolidando, de manera que se podría llegar a pensar en la existencia de una misteriosa fuerza que me impele a volver -siquiera echando mano de la casualidad, en la que no creo, cuando no en las circunstancias- con el propósito de mostrarme algo nuevo. Nada, en principio, que pudiera hacerme concebir esperanzas de rehabilitación, desde luego, porque no creo que se dé tan quimérico suceso; pero si para soñar -a juzgar por lo que pude observar a finales de octubre- con la visita de numerosos excursionistas y curiosos, atraídos por la magia del entorno y las leyendas afines a una orden de caballería medieval que cada día está más de moda: los templarios.




No deja de ser una grata novedad, por tanto, observar que, después de todo, hay ocasiones en las que parece que la Justicia -dama voluptuosa donde las haya- no es tan ciega como generalmente nos pretender hacer creer (2), y al menos ha levantado parte de esa venda que le cubre los ojos, para otorgar a Arganza siquiera un débil resquicio de protagonismo.

Curiosa, por otra parte, resulta a veces la manera en la que se entera uno de algunos detalles relacionados con aquello de lo que habla. Me refiero, sin ir más lejos, a esa casa alargada, situada a pie mismo de carretera, en cuyo lateral, siempre me llamaban la atención una mesita blanca, de piedra, y unos banquitos de similar constitución. Ahora sé, por el cartel que genuinamente luce, que se trataba de las antiguas escuelas del pueblo. Y la esperanza que mencionaba más arriba, se refiere a que la Red de Espacios Naturales de Castilla y León se haya fijado en ellas, invirtiendo la nada desdeñable cantidad de 39.000 euros en su restauración, con vistas a crear un Aula de Desarrollo Ambiental.

Hasta aquí, lo que considero como una feliz iniciativa que pueda otorgar un resquicio de renovación vital a un curioso pueblecito, situado en un lugar de misterios y belleza trascendental, no muy lejos de la frontera de otra provincia, Burgos, que comparte protagonismo e Historia con ese gran foco de atracción turística y cultural, en lo que, desconocido prácticamente antaño, hoy en día todo el mundo conoce: el Cañón del Río Lobos.

Sólo me queda una pequeña duda, que empaña, quizás, ese atisbo de esperanza. Y es la siguiente: ¿se llevará a feliz término el Proyecto o, por el contrario, se quedará en agua de borrajas como la restauración de la iglesia románica de Nª Sª del Rivero, allá, en los cerros de Alcózar?.




(1) Luis Cernuda.


(2) Ocurre con ella, lo mismo que con el Diablo, quien, según Baudelaire, su mejor jugada consiste en hacernos creer precisamente que no existe.

4 comentarios:

Malvís dijo...

Hemos compartido ya algunos otoños y los paisajes que describes y fotografías, sólo son superados por las charlas del anochecer frente a una buena copa de anís del mono.

Muy buena la foto nueva del margen. Ahora, a esperar que alguien la publique sin consentimiento y....

Un abrazo, querido amigo

juancar347 dijo...

No te puedes ni imaginar cómo echo de menos esas charlas nocturnas: son la creme de la creme, y desde luego, la guinda que corona un día perfecto. En cuanto al cambio de look fotográfico, todo el mérito es de la bruja, que con su escoba me señaló un programilla fantástico que me viene ni que al pelo.
Un fuerte abrazo, Manolillo

Alkaest dijo...

Pues ya que lo dices, y sin poder aportar datos objetivos, ese lugar, a pesar de su ruina y abandono, tiene un extraño encanto.
¿Quizá las xanas y los trasgos, que siguen habitando sus arroyos y arboledas? ¿Quizá el espíritu de las meigas, que flota sobre los derruidos tejados? ¿Tal vez el encanto de su templo, con esa misteriosa galería cegada?

De otra parte, certifico lo de las charlas ante una copa de "Licor de Simio", la última fue muy sustanciosa, aunque al levantarme perdiese un poco el equilibrio... por culpa de los malos espíritus, claro.

Salud y fraternidad.

juancar347 dijo...

Yo creo que lo objetivo también puede llegar a ser la coincidencia de sensaciones, y en este caso, me alegro de no ser el único en tenerlas. Lo de la famosa charla, guardando mejor o peor el equilibrio, que como tú estábamos todos, creo que nos sentó como agua de mayo. Fue de lo más agradable e interesante que recuerdo, y ya ves, no me cansaría de repetir. Un abrazo