lunes, 17 de diciembre de 2012

Señuela: entre un hola y un adiós



Siempre me ha sorprendido la cantidad de acontecimientos, cosas, experiencias o detalles que ocurren entre ese espacio de tiempo que existe entre dos palabras tan simples, como son un hola y un adiós. Recabar en ello, y para ser honesto, debo agradecérselo a ese genial cantautor que es Joan Manuel Serrat. No en balde, sus canciones me han acompañado en tantos viajes, que aparte de proporcionarme un título para calentar la imaginación de todo el que se dé una vuelta por este blog, me ofrecen, a la vez, el título perfecto para narrar unas vivencias que, aunque simples en apariencia, denotan esa singularidad tan especial con la que los sorianos extienden la mano al forastero.
Para alguien que ha leído -e incluso oído- muchos cuentos a lo largo de su vida, comenzar sin el típico tópico de érase una vez, no deja de ser, en el fondo, toda una agradable novedad. De manera que, parafraseando a este entrañable compañero de camino, bien pudiera afirmar, sin faltar nunca a la verdad -o a esa apariencia de verdad, ya que, como las opiniones, todos tenemos una y pensamos siempre que la nuestra es la que vale- que en el momento en el que volví a tener a Señuela a la vista, no pude por menos que decirme: te sienta bien el otoño, qué gusto volverte a ver...
Porque, sin necesidad de acudir a remedios alucinógenos para abrir esas puertas de la percepción -como dirían los clásicos Huxley, Leary, Lilly o Castaneda- es cierto que Señuela apareció, a los ojos de este impenitente viajero, con un aspecto saludable y totalmente diferente a la última vez que la vi. Qué duda cabe, que para un alma celtíbera, el color verde esmeralda con el que la tierra proclama sus ganas de vivir, aprovechando no sólo la última gota de lluvia sino también hasta el último suspiro del rocío matutino, representa una visión tan grata como placentera, que merece, cuando menos, una breve descripción.
Llena de agua a instancias de los vecinos, la forma ovalada de la charca contribuye a crear una imagen surrealista que, como si de un espejismo se tratara, dota al pueblo de un agradable y a la vez pinturesco aspecto marinero. O si se prefiere, y dejándose llevar por la mirada entrañable, cuando no dulce de los impresionistas de todo tiempo y lugar, el aspecto de una acuarela romántica enmarcada en la mediática bondad de sus intensos y naturales matices.
A pie de promontorio -no olvidemos que Señuela se asienta sobre un sólido corazón de roca viva- y laborando con paciencia de artesano al volante de su tractor, un agricultor peina surcos en la tierra, mientras la curiosa torre medieval de la iglesia de Santo Domingo de Silos, se lava la cara en el espejo de la charca, anticipándose a una luna señera que, aunque de manera imperceptible, comienza a bostezar, amenazando con despertar en cuestión de horas. En las calles, aunque se dejan ver y maúllan, faltan gatos. Dicen que hubo un perro, de praxis agresiva, que tan de moda está en los tiempos que corren, que terminó con varios de ellos. Quizás por eso, los que quedan, sin duda previsores o de lección aprendida, se mantienen una prudencial distancia. La suficiente, al menos, para permitirles escapar en caso de que cualquiera de las siete vidas que les otorga la tradición, pueda verse amenazada. Y no es una cuestión banal. Hay amenazas que no pueden preverse, pero que realmente existen. Señuela, como cualquier otro pueblo, no sólo de la provincia, sino de cualquier provincia, sabe bien hasta qué punto es cierto. Amenazas furtivas, en la sombra, cuya deslealtad, premeditación y alevosía, provacan un vómito de repugnancia en la honradez y hacen que la desconfianza hacia el forastero, después de todo, pueda llegar a estar justificada. Me congratula decir que no es mi caso, aunque alguna boca lenguaraz -que como las meigas en Galicia, habelas haylas-, pretenda colgar sambenitos en cabeza ajena, en lugar de ocuparse de colocárselas en la suya propia.
Esto -y vuelvo a lo de las amenazas que, como digo, habelas haylas también- queda de manifiesto, camino del lavadero. Queda éste, algo más allá de un pequeño bosquecillo de aspecto druídico, en el que árboles y maleza arropan un antiguo pozo que, por su forma, bien parece ser sacado de ese juego vital que recorre todo peregrino que, aparte de pretender adentrarse en los misterios del pasado, pretende, de paso, adentrarse también en el conocimiento de sí mismo: el Juego de la Oca. Llama la atención, de hecho, ese moho amarillento que como una segunda piel se adhiere a la corteza de unos árboles de ramas desnudas que sueñan con la resurrección en primavera, y me pregunto, si quizás antiguamente no formara parte de esos remedios caseros, esos remedios de la abuela, en cuyos ingredientes, figuraba también esa mano de santo capaz de poner en pie hasta al mismo Diablo. Debió de ser éste, no cabe duda, aquél que sugirió a la miserable langosta humana cometer la tropelía contra el patrimonio ajeno. De hecho, aparte de algunas piedras caídas del muro, en el suelo aún se conserva la huella de la bestia. Es de forma circular, similar a aquéllas otras que las buenas gentes de Devonshire descubrieron un buen día de mañana en la nieve, y profunda, lo cual demuestra que, después de todo, debió de suponer un gran esfuerzo hacerse con los dos lavaderos, a pesar del brazo articulado del camión. Una completa premeditación para un trabajo, vuelvo a repetir, indigno. No es de extrañar, por tanto, que haya quien, en buena lógica, puesto el suyo propio a buen recaudo. Y esto, en el fondo, no deja de ser una cuestión indignante, pues indica, tristemente, que ya no puedes estar ni tranquilo ni seguro en tu propia casa.
Y aún así, la vida continúa en Señuela. Y qué diantres, lo hace a pesar de meigas y de langostas, de tristezas y de desazones; lo hace, con ese tipo especial de alegría y placer humano que conlleva el simple gesto de sentarse a la mesa con los amigos, sin más ley ni finalidad, que la de gozar de unas horas inolvidables en su grata compañía. Evidentemente, sintiéndome como amigo, corto me quedaría si no expresara también el orgullo, no exento de alegría, que me produjo poder ser parte y dicha, que no juez, en esa mesa y tener unos cortos pero inolvidables momentos de grata conversación con el aliciente añadido de disfrutar de unas delicias que, para colmo de parabienes, no se las zampa ni un rey.


Y para que veáis que ni miento ni exagero, y haciendo bueno el refrán de que una imagen vale más que mil palabras, aquí os dejo este vídeo. Y ahora pregunto yo: después de esto, ¿a quién le importa el pavo en Nochebuena?. Por eso, aparte de mi más sincero agradecimiento, también os juro y os perjuro, queridos amigos de Señuela, que para la próxima no dejéis de avisarme, que como los chistes de Arévalo, me presento en el pueblo, como el cura, a la hora exacta de comer. Un fuerte abrazo a todos.

8 comentarios:

KALMA dijo...

¡¡Pero bueno!! Claro, con horno de leña y cazuela de barro, la tradición que hace que los platos tengan ese aroma, ese sabor tan especial, que decir ¡Ummm! Ahí planto un caldero que ríase la vitro-cerámica.
Como dices, la charca le da un toque fresco al pueblo, como si fuese un espejo.
Tierra de campos donde la vida corre como los surcos de la tierra, donde se vive mirando el cielo, el agua y donde cualquier contratiempo puede dejar una huella casi insalvable.
Un viaje con todas las viandas sin duda y una descripción acompañada de unas imágenes, ah, y un inciso, me encanta la voz de Philips Collins ];D
Un beso.

juancar347 dijo...

Ah, es que lo tradicional, lo de toda la vida es lo auténtico. Y en Soria, como ves, no sólo saben cocinar, sino que saben también comer.
Por otra parte, qué magnífica descripción has hecho: 'tierra de campos donde la vida corre como los surcos de la tierra...'. Tierra que, como sabes, por algo les robó el corazón a tan grandes poetas que la cantaron. Algo especial tiene, y entre ese algo especial, qué duda cabe, sus gentes. Me alegro que te haya gustado, incluida la música. Un abrazo

Syr dijo...

Vale, tío. Que sí, que mucho Caminante, que mucho recuperar tradiciones y poner en valor las gentes de tu amada Soria..., pero vives como un curilla de pueblo. Que si mi amiga de Villasayas me ha invitado a..Que si en Señuela, entre lavadero y lavadero me llevo una de viandas de cerdo,que si la que me abre la iglesuca me invita a comer, que en Extremadura me enseñan su cocina tradicional para que saque un vídeo.

Joder, tío¡. Ahora me explico porque estás tan flaco. Das pena y te atiborras a costa de esas pobres gentes que no te conocen y luego, ¡ al gimnasio pá disimular¡. ¡Habráse visto¡

Un abrazo y hazte tu la cena.

juancar347 dijo...

Pero qué malas son las envidias. Si no te conociera, te diría eso de buena soy para hablar, le dijo la sartén al cazo; pero como te conozco y sé lo que te gusta la buena mesa, te digo que te jorobes y aprendas a hacerte querer, que ya eres mayorcito. Y que conste que, por deferencia, no te he dicho lo mejor para no terminar de ponerte los dientes largos: había anís del Mono. ¿Cómo se te ha quedao el cuerpo?. Aunque bien mirado, no estaría mal que la próxima vez me acompañaras, a ver si dándote de comer comida de la buena hacemos algo de ti, siquiera sea a lo ancho, porque a lo alto...
Cuídate, envidiosón, y un fuerte abrazo

Cándido. dijo...

Hola Juancar.
Fue un verdadero placer compartir ruta y comida.
Te informo, después de preguntar al cocinero, que ni los nícalos a la plancha, escabechados o encebollados, ni las setas de cardo son alucinógenas.
Sobre las langostas, no se si sabes, que las mulas de los reyes cien años viven y la esperanza es lo último que se pierde y yo no la pierdo.
Como dice una joven de 85 años, mi madre, de bien nacidos es ser agradecidos.
Ya sabes que en Señuela tienes casa y casas, por eso "Entre un hola y un adios" siempre hay un hasta pronto.
Feliz Navidad.

juancar347 dijo...

Cándido, el placer fue todo mío. Y ya ves, que aunque el cocinero dijera que entre los níscalos (por cierto, los escabechados, como sabes, fueron mis favoritos) metió alguna amanita muscaria, habría alguno (y no quiero citar nombres, que luego se ponen a rezar el rosario por las sierras de Mágina)que si tuviera ocasión, se lanzaría como un tigre hacia las cazuelas. Yo también confío en que las langostas se lleven un buen escarmiento y tampoco pierdo la esperanza. Y en cuanto a esa joven que tan bien te enseñó, a ver si en próxima ruta o en uno de los futuros hasta pronto, me la presentas, que seguro que disfrutaré un rato platicando con ella. Agradecido por lo de las casas porque, ¿sabes?, no es por el bolsillo, pero es que en los hoteles no te tratan con el mismo cariño.
Por otra parte, te me has adelantado este año, así que, date por abrazado y una muy Feliz Navidad.

Baruk dijo...

Entre el "Hola y el Adios" yo prefiero el: "espera, que ahora vuelvo!"

Así siempre con mis amigos y con mis lugares preferidos. Y dicho esto: Jó! Que bien vives Juancar, y parecías tímido!!


:-)

juancar347 dijo...

No es que lo pareciera, es que lo soy, lo que pasa es que a veces, en determinadas situaciones y con determinados amigos, lo disimulo muy bien.
Espera que ahora vuelvo.
Un abrazo