miércoles, 29 de enero de 2014

Misterios de Fuentelsaz: Primera Parte


Soria se hace camino al andar se pone otra vez en marcha. Después de una prolongada parada vacacional, es hora de ponerse otra vez las pilas y comenzar una nueva etapa. Hora, pues, de continuar recorriendo con paciencia e ilusión esos infinitos caminos de la bien denominada Extramadura Castellana y acercar al mundo, en la medida de lo posible –y en eso, hay que reconocer que Internet es una poderosa herramienta global- esos circuitos personales repletos de lugares especiales, de pueblos que se mantienen felizmente ajenos a las complejas guías de gourmets;  de personajes carismáticos y nobles como esa tierra de la que se nutren; de Historia, de Leyenda, y sobre todo, de Misterio y Tradición. Lugares, personajes y circunstancias que, después de todo, hacen bueno el dicho de que hablar de Soria resulta siempre una fascinante aventura.
Como aventura empezó, qué duda cabe, aquélla memorable jornada en la que, de camino a las fascinantes Tierras Altas y sus mediáticos enigmas, recalamos en este curioso pueblo de Fuentelsaz. Un pueblo pequeño, asentado en las faldas del Cerro San Juan, en la denominada Comarca de Almarza, a apenas unos insignificantes kilómetros de distancia de Garray, su interesante iglesia románica dedicada a la figura de los Santos Mártires –antiguamente, de San Miguel- y sus celebérrimas ruinas de Numancia y apuntando en dirección a esa otra tierra de misterios y milagros que tanto sorprenden al peregrino y que llevan siglos consignados en el histórico Codex Calistino de Aymeric Picaud, como es la vecina provincia de La Rioja. Un pueblo del que, a pesar de esas carencias de información que obstaculizan un mayor conocimiento en la Red, se pueden contar muchas cosas, si se tiene la sutileza de visitar el lugar y dejarse llevar por lo que el mismo tenga a bien sugerirnos. En base a ello, se puede decir que en Fuentelsaz, como en tantos otros pueblos, existe en la actualidad esa disparidad de clases que define y a la vez limita su pequeño casco urbano, propiamente dicho, entre las ampliaciones o las casas de nueva creación, que demuestran, al menos teóricamente, cierta holgura económica y aquellas otras que todavía permanecen fieles a la tradición. De la tradición, precisamente esa cualidad que hace de nuestros pueblos lugares de pintoresco encanto, sobrevive un número determinado de antiguos atanores que conjugan alquímicamente piedra, cal y teja, hasta conseguir el elemento hogareño tradicional, que destaca, como una rima proporcionada, con la áspera dureza del entorno, que de alguna manera, anticipa la proximidad de esas simas y cerros que con tantos y con tan buenos guerreros pelendones nutrieron al desventurado bastión numantino. De la bonanza, haciendo honor, como en muchas ocasiones ocurre, a que apariencia económica parece tener una ancestral riña con el respeto a la cultura, alguna casa muestra, como adorno caprichoso y disimulado en la vileza del relleno, parte de unos antiquísimos misterios, que se tratarán en una próxima entrada.
Por ello, y una vez llegados a este punto, resulta conveniente que pongamos rumbo a la parte más alta del pueblo y ascendiendo la cuesta, nos detengamos en la vieja parroquial románica, dedicada a la figura de Santo Domingo de Guzmán, sabueso dominico nacido en Caleruega, provincia de Burgos, que fue contemporáneo y participó activamente en la sangrienta cruzada librada en la Occitania francesa contra la denominada herejía cátara. Digno, aunque muy reformado exponente del románico rural de la provincia, puede que este templo tuviera, en sus orígenes, una pequeña galería porticada, totalmente tapiada en la actualidad, como así parecen indicarlo los dos pequeños arcos situados a ambos lados del arco principal. Muestra éste, como motivo destacable en los capiteles -en parte muy desgastados por el tiempo y la erosión-, rosetas hexafolias, muy comunes en el románico en general, y de más que probable origen oriental. De nave rectangular y ábside semicircular, se localiza en éste una pequeña, estrecha y alargada abertura en su parte central y una ventana en la zona izquierda que, a juzgar por la fecha grabada en el sillar inferior, debió de ser añadida durante alguna obra de reforma realizada en el año 1801.
 
En el interior, destacan el retablo central y los retablos laterales, de aspecto barroco, que contienen diversas imágenes de época, entre las que sobresale, luciendo en el pecho su característica cruz en forma de Tau, la figura de San Antón con el tradicional cerdito a los pies. Curioso y a la vez tradicional también en numerosos templos de la provincia, es el retablo que acoge la Crucifixión en su parte central. De igual manera que, por poner un ejemplo, aquél otro que contiene la imagen crucificada del Cristo de la Agonía, en la ermita templaria de San Bartolomé, situada en lo más profundo del Cañón del Río Lobos, en el caso de la iglesia de Fuentelsaz y el retablo al que se hace referencia, se aprecian, así mismo, en ambos laterales, los diferentes elementos de la Pasión, aunque con algunos añadidos, como son el cáliz con la hostia sagrada y el tambor, elemento musical de carácter ctónico, generalmente presente en todas las procesiones, acompañante de los hombres a lo largo de los tiempos en trances significativos de la vida, como pueden ser batallas o ejecuciones, siendo objetos, que a la vez llevan interesantes leyendas añadidas, como puede ser la famosa leyenda turolense del cojo de Calanda. En definitiva, elementos simbólicos, en su mayoría, que posteriormente serían adoptados por las hermandades de canteros medievales; que incluso conforman una significativa, cuando no determinante posición de protagonismo mistérico en los principales relatos caballerescos de la literatura griálica, tan popular en los siglos XII y XIII y que además han permanecido vigentes hasta la actualidad, como símbolos tradicionales de las asociaciones de carácter masónico de todo el mundo.
 
En el Retablo Mayor, coronado por un cuadro que muestra otra Crucifixión, con las figuras de la Virgen y el Evangelista al pie de la Cruz, la parte central está presidida por una figura de Santo Domingo de Guzmán, ataviado de dominico y el Libro Sagrado abierto en la mano. A ambos lados de ésta, la mencionada figura de San Antón y una Virgen con Niño. Más interesante, posiblemente, sea la Virgen con Niño que se encuentra en otro de los retablos laterales, no sólo por el color de su manto, verdoso en casi su totalidad, siendo éste un color asociado tradicionalmente con las Vírgenes Negras –aunque la figura sea de época muy posterior y ya no tenga ni el hieratismo ni la entronización de aquéllas-, sino, quizás, por esa mano desproporcionada que sujeta una bola, así mismo, de considerable tamaño, sobre la que se apoya, curioso detalle, el pie izquierdo del Niño. En la parte superior de este retablo, otro cuadro nos recuerda una escena de la Sagrada Familia, no exenta de simbolismo, como es la huida a Egipto previa a la matanza de infantes ordenada por Herodes, donde se observa otro importante elemento simbólico, que tiene unos magníficos antecedentes en la provincia, como es la ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga. Un árbol, la palmera, que no son pocos los científicos que consideran como el más antiguo del mundo, sino que también en cierta Sura del Corán, se le reconoce como el árbol que proveyó de sombra, alimento y agua a la Sagrada Familia; un Árbor Vitae que, además de ser sus hojas distinción de santidad, suele servir, en numerosas representaciones, de báculo o cayado a ese gigantón caminero portador del Niño, tan apreciado popularmente, pero a la vez tan menospreciado por el facto eclesiástico, pues en el fondo no hace sino referencia al paganismo asociado con los gigantes de los antiguos cultos, siendo, quizás, los personajes más representativos, además de éste, los jentillaks de las tradiciones vasco-navarras: San Cristóbal o San Cristobalón.
Digno de mención, por otra parte, es el artesonado de madera, que en algunas partes todavía conserva restos de la policromía original. Detalle significativo, además, son los canecillos que se localizan a la altura de la cabecera, pintados de blanco, como las paredes de la iglesia y que, representando cabezas humanas, tienen ojos y labios resaltados en negro, observándose en los cuellos, cruces igualmente pintadas.
 
En la pila románica, al menos dos, se está procediendo en la actualidad a su restauración, y aunque se observa alguna rotura, tiene forma de copa y una decoración basada en arcos. En el coro, y muy deteriorados, se observan algunos bancos, en los que figura grabada la siguiente inscripción: Soy del Arciprestazgo.
 
Por último reseñar, algunas estelas funerarias, almacenadas al fondo de la nave, que lucen como motivo principal un tipo de cruz que, aunque muy común, no dejaba de representar, también, a las órdenes militares: la cruz paté o patada.

4 comentarios:

El Deme dijo...

Desde luego, descubrir esos rincones y secretos de la iglesia de Fuentelsaz ha debido ser una experiencia tipo "hombre en la luna". Nunca he estado allí, sin embargo sí en la preciosa iglesia de los Mártires de Garray. Un saludo.

juancar347 dijo...

Hola, Deme. Más o menos, pero de cualquier modo, siempre una experiencia provechosa, de la que animo a seguir la segunda parte. La ermita de los Santos Mártires, de Garray, conserva, sobre todo en su interior, parte del mejor románico de Soria; lo que no parece saber mucha gente. Dado que la has visto, se puede decir que has visto algo que realmente vale la pena.
Un abrazo

Adrian - Soria es turismo dijo...

Me a encantado el articulo y el blog! de lo mejor que hay en Soria la verdad! me has inspirado a seguir trabajando para conseguir que Soria se conozca mucho mas!

Saludos Juancar!

juancar347 dijo...

Muchas gracias, Adrián, por tan amable comentario. Pero no te miento si te digo, que lo que mayor alegría me produce es ver que hay personas que se mueven para que, aportando su granito, Soria deje de ser la gran desconocida y ocupe ese lugar meritorio que por derecho le corresponde. Estoy seguro de que entre todos, conseguiremos que algo se mueva.
Un abrazo