jueves, 24 de septiembre de 2015

Eleusis: un Círculo Hermético en las Tierras Altas sorianas


Creo que este fin de semana, las Tierras Altas –o si se prefiere, el alto llano numantino- abrirán para unos pocos privilegiados las puertas doradas de la Gnosis, y allá, en las frías soledades serranas donde las antiguas tradiciones van y vienen con el viento que se cuela también por los viejos laberintos, el Velo de Isis tal vez deje abierto un resquicio por el que atisbar una ínfima parte de esa antigua sabiduría que ha traído de cabeza a la humanidad desde el alba de los tiempos. Sin ánimo de intrusismo, pero sí de poner de manifiesto en lo posible todo aquello cuanto atañe a ésta, mi querida Soria, y como complemento, además, a la entrada anterior sobre ésta interesante población de Castilfrío de la Sierra, diré que allí, bajo la atenta, beatífica y sonriente mirada del Buda o Iluminado, Eleusis saldrá por unas horas de su letargo, aunque tampoco en ésta ocasión cuente con la presencia del inolvidable chela Soseki –se me hace quizás más entrañable, llamarle por su sobrenombre de el Carrascalo, supongo que por mi gran interés por la figura de la Virgen de la Encina y porque tuvo el privilegio de ser sacado triunfalmente a hombros con ella-,  aquél intrépido felino, que entre otras grandes verdades, decía aquélla de que quien camina durante mucho tiempo siempre llega al sitio que está buscando (1). Yo no buscaba precisamente ningún Círculo Hermético en estas misteriosas soledades, cuya voz trina tiene todavía muchos secretos que contar, pero me tropecé con Eleusis. O lo que es lo mismo: con aquél viejo sueño del escritor soriano Fernando Sánchez Dragó. Aquél mismo que aseguraba, allá por el año 1999, que sería la obra de su vida. Una obra, como reconoció también, que se basaba en el precedente fundado en Montagnola, Suiza, por otros dos grandes Maestros: Hermann Hesse y C.G. Jung. Y hasta aquí llego. Porque, tal y como hice entonces, respetando al máximo la advertencia que este Gran Maestre de la Orden de Gea puso en la puerta de su casa –visita no acordada, visita no deseada-, y sin olvidar, al fin y al cabo, la sabia máxima popular que dice que lo poco agrada y lo mucho enfada.

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(1) Fernando Sánchez Dragó: 'Soseki, inmortal y tigre', Editorial Planeta, S.A., 1ª edición, Barcelona, octubre de 2009, página 11.

2 comentarios:

El Deme dijo...

Los dioses también se esconden a la vuelta de cualquier sendero soriano. Si uno busca, encuentra.

juancar347 dijo...

Que no te quepa duda, Deme. Ese es otro de los atractivos de Soria que hay que ir descubriendo con paciencia y ojo avizor...