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Misterios de Fuentelsaz: Segunda Parte

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Fuentes, glorias lejanas y reliquias desaparecidas A firmaba con rotunda sinceridad el inmortal Santero de San Saturio, o de Gaya Nuño (1) si se prefiere   -que al fin y al cabo, autor y personaje suelen ser almas gemelas con más frecuencia de las que uno se imagina-, que las villas, aldeas y lugares sorianos cautivan, ante todo, y frecuentemente sin otro señuelo, por sus nombres . Posiblemente, no haya una aseveración más cierta y más evidente, y sea precisamente buscando el auxilio, por regla general agradecido de las etimologías, como podamos hacernos una idea, en principio puede que con ciertos visos de certera aproximación, de los orígenes de un determinado lugar. Siquiera sea aplicando este principio y dejándose llevar, quizás, por la gracia de las Musas –que en ocasiones gratifican con cal y en otras con arena, pero de una u otra forma, cuando menos sugieren-, asentemos la piedra angular de una probable verdad, si afirmamos –temerosos siempre de equivocarnos, po...

Misterios de Fuentelsaz: Primera Parte

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S oria se hace camino al andar se pone otra vez en marcha. Después de una prolongada parada vacacional, es hora de ponerse otra vez las pilas y comenzar una nueva etapa. Hora, pues, de continuar recorriendo con paciencia e ilusión esos infinitos caminos de la bien denominada Extramadura Castellana y acercar al mundo, en la medida de lo posible –y en eso, hay que reconocer que Internet es una poderosa herramienta global- esos circuitos personales repletos de lugares especiales, de pueblos que se mantienen felizmente ajenos a las complejas guías de gourmets;   de personajes carismáticos y nobles como esa tierra de la que se nutren; de Historia, de Leyenda, y sobre todo, de Misterio y Tradición. Lugares, personajes y circunstancias que, después de todo, hacen bueno el dicho de que hablar de Soria resulta siempre una fascinante aventura. C omo aventura empezó, qué duda cabe, aquélla memorable jornada en la que, de camino a las fascinantes Tierras Altas y sus mediáticos enig...

Feliz Navidad y Feliz Año Nuevo

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R ecapitulando: estamos en Navidad. Una vez pasado el puente de la Constitución, el río que nos lleva, se adorna con campanas, los hogares se cubren de acebo y grandes esperanzas, y se limpia el polvo de las viejas bolas que adornarán, una vez más, ese ceniciento arbolito que, sea natural o artificial, cumplirá con el sacrificio anual en el altar familiar. Los precios se disparan. Primero ha sido la gasolina, y de la luz y el gas, mejor no hablar. Hay quien compra ya productos congelados, temiendo la previsible especulación típica de estas fechas; y no importa si estamos a varios grados bajo cero y la gripe juega a bolos con tó quisqui , como se diría en hispánico vulgatis , porque siempre brota ese milenario germen fenicio que nos acompaña desde que éramos colonia de mercachifles mediterráneos y algunos se frotan las manos pensando en un agosto que prevén comience a colarse como un siroco en sus bolsillos. Es Navidad, y esos sufridos animales que son el cordero y el lechó...

Una pasión por la Pasión

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L o reconozco como una debilidad, pero cuando cualquier asunto requiere una visita al Museo Numantino, no puedo por menos que acercarme a esa sala de la planta baja, atestada de elementos romanos, visigodos y cristianos y detenerme unos minutos, soslayando con íntimo reconocimiento, esa maravillosa recreación de un Calvario, que contiene, según mi modo de ver, por supuesto, todos los ingredientes necesarios para considerarlo, cuando menos, un auténtico thriller histórico. Se trata de una fenomenal tabla anónima, aunque no obstante calificada por los expertos como perteneciente a esa floreciente Escuela Castellana, que allá por los siglos XV y XVI, sembró de rotundas maravillas, numerosas iglesias, catedrales y palacios de ricos hacendados, muchos de los cuales se vinieron a menos llevados por las riadas incontenibles de una Historia en expansión. La Tabla, además -y lo digo en alto con la nostalgia de muy gratos recuerdos y agradecido a unas personas que, aunque no las nombre...

Morón de Almazán, visitando los interiores de la ermita de Nª Sª de los Santos

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S i de puertas abiertas se trata, sería imperdonable abandonar un pueblo como Morón de Almazán, sin aprovechar la oportunidad de visitar esa curiosa ermita, denominada de Nª Sª de los Santos o de los Santos Nuevos, que las canciones del pueblo –ese maravilloso correveydile tradicional, que brota del alma de los siglos- insisten en considerar –o al menos así lo hacían, en un pasado que están dejando escapar las nuevas generaciones que imprudentemente pasan de los cuentos de la abuela-, como un antiguo y venerable convento de templarios. Si lo fue o no en el pasado, lo cierto es que actualmente, y en referencia a su fábrica primigenia, quedan tan escasos restos, o mejor aún, no queda prácticamente nada, que ni siquiera el recurso de las comparaciones, por muy odioso que resulte, puede convertirse en el de un remedio inefable y eficaz, cuando menos para conformar los pilares de una historia. Tampoco es la intención del que suscribe la presente entrada, llamar a rebato y reivindica...

Morón de Almazán: iglesia de Nª Sª de la Asunción

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E n las proximidades de Almazán, el Arte, la Belleza y el Misterio también incluyen a otras poblaciones que, no por mucho pasearlas, se cansa uno de verlas. Una de ellas, qué duda cabe, no es otra que Morón de Almazán. Morón, dicho sea de paso, tiene galanura más que suficiente para presumir; no en vano, constan en su haber de beldades su famoso gallo, su presumida Plaza y su monumental iglesia de Nª Sª de la Asunción, donde, paradójicamente, se venera una imagen cuando menos gótica, cuyo nombre –de la Muela-, ya advierte al visitante de unas longevas raíces de inequívoco caldo celtíbero. Feudo, como fue, de aquél conocido mercenario francés –Bertrand du Guesclin, cuya famosa frase de ni quito ni pongo rey, tan sólo sirvo a mi señor, pasó a la Historia como lema del cinismo servil-, en el silencio de sus calles todavía vagan presencias inquietantes y de oscuros antecedentes, que reclaman, aún hechas añicos, una oportunidad de recuerdo. Tal sería el caso, por ejemplo, de algún símbo...

Al Espíritu del Otoño

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'¿Mi corazón se ha dormido? Colmenares de mis sueños, ¿ya no labráis? ¿Está seca la noria del pensamiento, los cangilones vacíos, girando, de sombra llenos?. No; mi corazón no duerme. Está despierto, despierto. Ni duerme ni sueña; mira, los claros ojos abiertos, señas lejanas y escucha a orillas del gran silencio...'. [Antonio Machado] S ilencio. Sólo quería darle la bienvenida al Espíritu del Otoño.