jueves, 27 de marzo de 2008

Monasterio cisterciense de Santa María de Huerta


TERCERA PARTE

'Caminando sobre símbolos'

Universales, indivisibles, vínculo entre lo terrenal y lo divino o incognoscible, el mundo de los símbolos ha acompañado siempre a los hombres desde que estos tuvieron conciencia, por primera vez, del entorno en el que vivían. Desde el artista que grababa sus percepciones en lo más profundo de las cavernas que habitaba, hasta el nacimiento del márketing y los logotipos empresariales actuales, el hombre ha utilizado la simbología como medio de expresión y vehículo para consignar unos objetivos determinados.

Estos, lógicamente, difieren en cuanto a las intenciones y fines a conseguir. Pero todos, en el fondo, parece que ejercen una curiosa fascinación en la psique humana.

Fascinación, por otra parte, que está presente a nuestro alrededor y no hay lugar, por lejano e inaccesible que resulte, donde el hombre no se tropiece alguna vez con ellos.

En el caso que nos ocupa, el Monasterio cisterciense de Santa María de Huerta, los símbolos están presentes donde quiera que uno pose la mirada. Desde las marcas de cantería talladas en la piedra, hasta la riqueza expresiva y oculta en el trasfondo de pinturas, murales y retablos de diferentes épocas y estilos artísticos que han ido marcando la historia del monasterio.
No obstante, donde más evidentes se hacen -quizás porque el monje paseaba y meditaba en silencio con la cabeza gacha- es en el pavimento de su espectacular claustro de origen gótico.

En Santa María de Huerta, el visitante se encuentra con estilos que se corresponden a diferentes épocas y modelos de expresión: desde el románico de sus orígenes, al gótico de transición, pasando por el barroco y el renacentista, hasta llegar a elementos de reciente actualidad, conformando las piezas de un auténtico museo, que se han ido perpetuando desde la fecha de su fundación, aceptada oficialmente como en 1172.

El pavimento actual del claustro, fue diseñado por el Padre Tomás Polvorosa, en el periodo comprendido entre los años 1960 y 1963.

Cada nave del claustro, tiene una dedicación y una simbología determinadas, que recuerdan al religioso en todo instante, el lugar en el que se encuentra, así como el compromiso ineludible de su advocación espiritual. Éstas dedicaciones, con sus correspondientes simbologías, quedarían estructuradas de la siguiente manera:

* Nave Sur: dedicada al monaquismo cisterciense. Sus símbolos serían 'Pax', 'Ora et Labora', la medalla de San Benito y el báculo de San Martín.

* Nave Oeste: dedicada a Cristo. Sus símbolos serían el Anagrama, el pez, los instrumentos de la Pasión y el Cordero Pascual.

* Nave Norte: dedicada a la Liturgia. Su simbología estaría formada por el Altar, las alianzas esponsales de Cristo y la Iglesia, el símbolo trinitario y la paloma representando al Espíritu Santo.

* Nave Este: dedicada a la Virgen Madre. Compuesta por los símbolos 'Ave', el nombre, la estrella y el áncora.
Como vemos, por tanto, el simbolismo está tan profundamente arraigado en el monasterio, que una visita a sus instalaciones puede resultar también, aparte de sus connotaciones lúdicas, una interesante lección sobre la que meditar y sacar conclusiones.
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