Maneras de vivir: Numancia
Es cierto, así mismo, que apenas había visitantes, a excepción de una pareja de Logroño, a juzgar por la matrícula de su coche, y aquél detalle, lejos de decepcionarme, como debiera -no olvidemos, tampoco, que precisamente otro de los males que aqueja a Numancia, es la falta de visitantes- por una vez, me auguraba un recorrido de lo más íntimo y personal.
Las ruinas se veían hermosas, y hacia donde quiera que posara la mirada, un esplendoroso manto blanco aún daba suficiente testimonio de la intensidad de las últimas nevadas.
Situados en lo alto del trecho de muralla defensiva reconstruída por los arqueólogos, la pareja de Logroño inmortalizaba su visita a tan emblemático lugar, posando alternativamente. A escasos metros de ésta, varias casas de típica arquitectura celtíbera, cuyos tejados de ramas y paja aún se veían parcialmente cubiertos de nieve, mantenían abiertas sus puertas, invitando a echar un vistazo. Constituía una oportunidad única de disfrutar a solas de un hogar celtíbero y hacerse una idea aproximada de cómo eran sus vidas, sus costumbres, en definitiva: su manera de vivir.
¿Acaso eran tan diferentes de nosotros?, -me dije, a los pocos segundos de penetrar en una de ellas y ver cómo distribuían las diferentes estancias del lugar -entrada, salón-dormitorio, despensa- no tan diferente a como lo hacemos aún hoy. El mobiliario, escaso pero práctico y ordenado, dejaba cierta amplitud en la vivienda; amplitud que ya quisiéramos aquellos que todavía vivimos en pisos de justitos metros cuadrados.
Perfectamente ordenadas también, las armas del guerrero colgaban dispuestas de la pared: lanza, espada, escudo, cuerno y una piel de animal -probablemente de lobo- que le servía al hombre de capa y protección contra el frío. En una repisa de madera sujeta a la pared, podían observarse algunas vasijas bellamente decoradas. Y a la altura del suelo, cerca del triclinium o camastro, un plato de arcilla al que sólo le faltaban los restos del último guiso.
Pero sin duda, lo que me dejó un poco confuso, fue ver en la despensa la liebre y las truchas que colgaban de la pared. Fue una ensoñación tan real, que por un momento pensé que estaba allanando el hogar de un hombre que no tardaría en entrar por la puerta y pedirme todo tipo de explicaciones.
Algo más real y cercano, era ese entorno, infinito, natural, con cierta nobleza mágica, que se veía a través de la ventana, y cuya belleza inducía una curiosa sensación de paz.
Abandoné la casa numantina como quien se marcha de la casa de un amigo, y a medida que me encaminaba hacia la salida -por cierto, la pareja de Logroño continuaba tirándose fotos mutuamente algo más allá, entre las columnas de una casa de aspecto patricio- no dejaba de pensar: ¿es que acaso estamos tan ciegos, que no vemos lo que estamos a punto de volver a destruir?.
Supongo, querido Santero, que la próxima vez que me acerque hasta Numancia, posiblemente el aire sea igual de fresco, pero desde luego no será tan puro ni ayudará a pensar, después de que el humo de las fábricas, el ruido y la polución generada por el tráfico en el polígono, así como las heces generadas por la Ciudad del Medio Ambiente revivan por segunda vez el cerco de Escipión.
Comentarios
Saludos, amiga.
Y todavia estos cenutrios dicen que eso es desarrollo, ?hay mayor riqueza para el ser humano que el paisaje, la poesia, los sentimientos, la historia en una palabra el Patrimonio.
Asi que ni un paso atras ni siquiera para tomar empuje.
Y para todos los amigos que no entren en este blog y no conozcan nuestra lucha por favor entrar en la pagina web de la UNED, escribiendo en google "nuevo cerco a Numancia" y alli podeis ver todo el movimiento en contra y tambien firmar las plantillas a favor de la declaracion de Patrimonio de la hUmanidad. Ah y ver tambien el fotomontaje de como quedaria si esta gentuza rompen el cerco.
Saludos numantinos/Jose Maria
Saludos
Espero no te importe.
Saludos/jose Maria
http://portal.uned.es/portal/page?_pageid=93,1159208&_dad=portal&_schema=PORTAL
Saludos