Matanza de Soria
[Juan García Atienza: 'En busca de la historia perdida', Editorial Martínez Roca, 1983]
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Dado que una parte fundamental de ese testimonio oral al que se refiere Juan García Atienza, se deforma con el paso del tiempo, engrosando -bien por fantasía, bien por exageración- ese maravilloso mundo de sueños y quimeras que son las leyendas, sería imperdonable por mi parte, no comenzar la presente entrada señalando, precisamente, el origen legendario de este curioso pueblecito, situado a una distancia aproximada de 15 kilómetros de una importante población, como es San Esteban de Gormaz.En efecto. Cuenta la leyenda, que cuando Almanzor se retiraba de Calatañazor -encaminándose hacia Medinaceli, herido de muerte- en este preciso lugar -tomado al asalto por la niebla e incluso por las ocasionales ráfagas de agua-nieve en ese, mi último viaje por el momento, acaecido el día después de Año Nuevo- un grupo de cristianos le salió al paso, desarrollándose una cruenta batalla, que sembró estos campos de muertos y heridos. Fueron precisamente estos quienes, si hemos de hacer caso a lo que afirma la leyenda, fundaron el pueblo, llamándole, en honor a los desastres de la guerra, Matanza de Soria.
Si esto es cierto, podemos aventurar, entonces, que la historia de este pinturesco lugar se remonta, cuando menos, al año 1002, fecha de la famosa batalla donde el extraordinario caudillo musulmán perdió el atambor, o lo que es lo mismo, la buena estrella que le había acompañado hasta entonces, y de hecho, también la vida. Esto último, acaeció en el mes de agosto, siendo todavía un formidable enigma saber si lo hizo efectivamente en Medinaceli o rindió cuentas a Alá en otro notable pueblecito, como asevera la tradición,cercano a Caltójar y a un lugar tan emblemático como San Baudelio de Berlanga: Bordecorex.
Posiblemente, por el hecho de concentrarse en ésta parte lo que bien podría considerase como el románico más antiguo de la provincia, resulta paradójico comprobar, asi mismo, que es, en mi opinión, una de las zonas donde mayor genocidio artístico se ha cometido, hasta el punto de que en algunos pueblos apenas quedan huellas significativas de este Arte, que llenó la Península de belleza, historia y saber ancestral.
La parroquial de Matanza de Soria, no es, desde luego, una excepción. No obstante, a diferencia de la iglesia de San Andrés, en Fuentearmegil, ésta aún conserva su ábside semicircular, así como los sencillos canecillos originales que lo circundan.
Se encuentra situada en la parte más alta del pueblo, avistándose desde allí una panorámica realmente impresionante del lugar. Tal es así, que a poco que uno se entretenga en pasear la mirada alrededor, observará -aparte de una vega en la que proliferan pequeños huertos de tierra aterida por las heladas- otro de los detalles que caracteriza a la mayoría de los pueblos de la provincia: su progresiva pérdida de identidad arquitectónica tradicional.
Comentarios
Lo poco que queda de la iglesia, casi gastada o borrada, la ventana ¡Es preciosa! Un abrazo.
No obstante la esperanza nunca hay que perderla.
Saludos cordiales/Jose Maria
Lo tenéis en http://www.soriaymas.com/ver.asp?tipo=articulo&id=2298
Salud
Ángel Almazán