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Barca, marinera tierra adentro

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P asé por Barca, un caluroso día del pasado mes de julio, cuando regresaba de Andaluz, a donde había acudido con las primeras luces del alba para recuperar mi cuaderno de notas que, con gran pesar, había olvidado una semana antes en uno de los últimos bancos de la iglesia románica de San Miguel. Un cuaderno pequeño, de tapas de cartón artisticamente labradas para justificar el precio, en cuyas guardas, junto a una pequeña basílica de recuerdos varios -la mayoría, entradas cuyo donativo, románticamente, me inducen a pensar que servirá para mejorar las condiciones de nuestro Patrimonio Artístico y Cultural-, conservo con especial cariño sellos auténticos de lugares emblemáticos del Camino de las Estrellas -Eunate y Torres del Río, por ejemplo- que me recuerdan constantemente esos deseos enormes que siento de llevar a cabo algún día esa travesía trascendente y que, mientras llega el momento, me consuelan con escarceos de fin de semana en los que, por otra parte, picoteo de pueblo en puebl...

Cañón del Río Lobos: festividad de San Bartolomé y romería de la Virgen de la Salud

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A fuera, brillaba el sol. Vívido, iluminaba los árboles, proyectando negras sombras detrás de las destacadas rocas y, de rechazo, mandando miríadas de puntos resplandecientes desde el azul del lago. Aquí, en el frío reparo de la cueva de la vieja ermita, la luz se filtraba a través de las ramas colgantes y llegaba verdosa, suave, a los ojos cansados de una exposición al sol relumbroso. A sí comienza una extraordinaria historia, de un no menos extraordinario y controvertido libro de Lobsang Rampa (1), extraño personaje que, aún después de muerto, continúa generando multitud de polémicas en cuanto a su verdadera identidad y los pormenores de su increíble vida. Así podría comenzar yo también mi pequeña crónica de la festividad de San Bartolomé y la romería de la Virgen de la Salud si, obviando mi llegada a este fabuloso y mistérico enclave situado a lomos de las provincias de Soria y Burgos, narrara el acontecimiento desde el interior de la mastodóntica Cueva Grande, situada a escasos met...

Gormaz: Fortaleza Califal

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S ituada en lo más alto de ese montículo que adquiere la forma de un pecho natural en la distancia, la que en tiempos fuera la imponente fortaleza califal de Gormaz duerme un sueño milenario, celosamente guardada por un auténtico ejército de rastrojos entre los que sobresale, con regia autoridad, el cardo salvaje, de flor color nazareno -por su similitud con el hábito del Cristo de Medinaceli- y tallo espinoso. Como espinosa es, en el fondo, su arcana historia. Una historia que se remonta, cuando menos, a ese imperativo siglo X en el que, se supone que aprovechando vestigios anteriores de cuya memoria y referencia apenas hay constancia, fue mandada edificar por un personaje que dejó como recuerdo para la posteridad, entre otros, parte de ese maravilloso bosque de columnas que conforman el interior de la Mezquita de Córdoba: Al-hakem II.

Gormaz: ermita de San Miguel

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N o podría comenzar esta entrada, sin mencionar a una persona muy querida, apreciada y por más señas, artista : Laura Alberich, nuestra inestimable Baruk. Bien es cierto que sin ella, el vídeo, así como mis apreciaciones -juiciosas o equivocadas, que cada uno las juzgue como considere necesario y sienta- estarían incompletas. En tiempos de egoísmo como los que corren, encontrar personas capaces de compartir sus tesoros y sus conocimientos, no resulta fácil. Afortunadamente, soy de los que opina que no existe regla sin excepción. Doy, pues, mis más sinceras gracias a Laura, por haberme cedido -con esa generosidad e interés de las que tengo buena constancia que la caracterizan- las fotografías de su archivo personal que, de hecho, son el alma de la ermita de San Miguel de Gormaz: sus pinturas románicas. ******* P uede que sea una gran verdad que el Tiempo, después de todo, termina haciendo justicia, situando las cosas en su justa dimensión y lugar. San Miguel de Gormaz tuvo su primer mo...

Rello, genuino sabor medieval

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E l rollo de Rello es de yerro , asevera el refranillo popular, refiriéndose al rollo jurisdiccional del siglo XVI y único en su género, que se levanta en la Plaza Mayor. Pero lo más interesante de este pueblecito, asentado sobre un altozano al sur de la capital y a mitad de camino entre la señorial Berlanga de Duero y la brujeril Barahona, es que aún conserva esa genuina magia medieval que consigue que una visita constituya, desde cualquier punto de vista, toda una experiencia. S i bien es cierto que los caminos que conducen hasta este pequeño enclave medieval adolecen de una adecuada conservación -en la actualidad, parece que se están llevando a cabo trabajos de reacondicionamiento en la pista que parte desde Barahona- no es menos cierto, que adentrarser por ellos resulta siempre una auténtica aventura. Llanos, montes y quebradas apenas transitados ofrecen un atisbo de romántico aislamiento, de bohemia soledad que aumenta aún más, si cabe, el atractivo de este pueblecito, asentado ...

Barahona: retorno a la Piedra de las Brujas

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V iejas feas y asquerosas nos llama el vulgo traidor; que pregunten si lo somos a nuestro dueño y señor. G uía, guía que ya el día su enojosa luz envía. H ermosas les parecemos, que es cuanto bien deseamos; ni al vulgo imbécil tenemos ni a nadie necesitamos. V iva y reine la alegría mientras esté ausente el día. V ulgo necio, vulgo necio, que bien hallado en tu error, a las brujas nos desprecias, y a su maestro y señor. E stá escrito que algún día se acabará tu manía. E ntre tanto, con pellizcos, escobazos y palizas, el cuerpo os haremos trizas, para forrar el pandero que rompiéndose se va. ¡Ahajá, ahajá, ahajá! [Anónimo] (1) N o deja de ser una visión netamente folklórica, la imagen desvergonzada, en ocasiones abyecta pero sin duda deshinibida y sensual, la asociada generalmente con estos personajes que, de alguna manera, han sobrevivido a las llamas de la incomprensión, introduciéndonos, desde nuestra más tierna infancia, en mundos de fantasía, donde no siempre ejercieron ese papel v...

Romanillos de Medinaceli: Crucetas y Tradición

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U na aldeíta náufraga en un mar de espigas, decía el filósofo y ensayista español José Ortega y Gasset, refiriéndose a esa curiosa entrada a Romanillos, que recibe al visitante según éste se adentra apenas una veintena de kilómetros por tierras del interior de Medinaceli. Confluyen las crucetas -a excepción de un par, que están situadas en el interior del pueblo- en las inmediaciones de la ermita-humilladero, cuya forma y proporción es similar a otras construcciones afines situadas a todo lo largo y ancho de la provincia, así como en provincias limítrofes, como es el caso de Guadalajara. M ientras la carretera continúa en dirección a Barahona -que junto con Zugarramurdi y Trasmoz, conforman, prosiblemente, la trilogía brujeril más interesante de España- de la ermita parte un caminillo sin asfaltar, que se pierde hacia el interior de unos campos que todavía tienen muchas cosas que contar, guardando en sus entrañas retazos de una Historia probablemente más activa en el pasado que en la a...