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Al Espíritu del Otoño

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H oy, rebuscando en el baúl de los recuerdos, me he encontrado este vídeo que, aunque breve y ya expuesto en otra ocasión, recoge parte de esa arma cargada de melancolía, que en el fondo, estoy convencido, no deja de ser una estación como el Otoño. En el gran viaje de la vida, una vez traspasado el umbral de la mítica caverna platónica –a día de hoy, continúo preguntándome, si éste no plagió en realidad al convidado amigo Parménides-, y reencarnados en el mundo de la idea, posiblemente el influjo del Otoño provoque que ese concepto junguiano conocido como sombra –en la cual encerramos nuestras propias miserias como una bomba de relojería que proyectamos sobre los demás-, nos lleve a reflexionar, y por un momento, nos recuerde, observando esa explosión de belleza que precede siempre a un final gris, que la vida, además de efímera, es tan sólo un frenesí, un sueño, una ilusión… Y al final del Camino , bueno es saber, en definitiva, que los sueños, sueños son. Sí, amigos: el otoño e...

Eleusis: un Círculo Hermético en las Tierras Altas sorianas

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C reo que este fin de semana, las Tierras Altas –o si se prefiere, el alto llano numantino - abrirán para unos pocos privilegiados las puertas doradas de la Gnosis , y allá, en las frías soledades serranas donde las antiguas tradiciones van y vienen con el viento que se cuela también por los viejos laberintos, el Velo de Isis tal vez deje abierto un resquicio por el que atisbar una ínfima parte de esa antigua sabiduría que ha traído de cabeza a la humanidad desde el alba de los tiempos. Sin ánimo de intrusismo, pero sí de poner de manifiesto en lo posible todo aquello cuanto atañe a ésta, mi querida Soria, y como complemento, además, a la entrada anterior sobre ésta interesante población de Castilfrío de la Sierra, diré que allí, bajo la atenta, beatífica y sonriente mirada del Buda o Iluminado , Eleusis saldrá por unas horas de su letargo, aunque tampoco en ésta ocasión cuente con la presencia del inolvidable chela Soseki –se me hace quizás más entrañable, llamarle por su sobr...

Castilfrío de la Sierra

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Q uedan atrás, pues, Carrascosa y sus misterios y en media docena de kilómetros, aproximadamente, recalamos en un pueblo, Castilfrío, también de la Sierra, que todavía, y aun a pesar de los estigmas de la despoblación que tan hondamente afectó a ésta pintoresca parcela soriana conocida como las Tierras Altas, mantiene ciertamente viva una parte meritoria de su antiguo espíritu y esplendor. No es una afirmación baladí, en modo alguno, si se tiene en cuenta, primero, que hablamos de una de las poblaciones serranas más importantes, junto con Oncala y San Pedro Manrique; y segundo que, erguidas todavía con desafiante orgullo, numerosas son las antiguas casonas de su acolmenado casco urbano, que lucen, con mayor o menor deterioro –que al fin y al cabo, el orgullo frente al tiempo, poco o nada tiene que hacer-, una heráldica que habla de antiguos linajes y señoríos probablemente otorgados en época de reconquista y con posterioridad aumentados, conservados y ampliados por la riqueza gener...

Carrascosa de la Sierra: iglesia de San Juan Bautista

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M erece la pena, no obstante las circunstancias de la notable pérdida de la práctica totalidad de su primitiva fábrica románica, no abandonar Carrascosa de la Sierra, sin haber visitado su iglesia, dedicada, como ya se aventurara en la entrada anterior, a la siempre fascinante figura de San Juan Bautista, cuya onomástica, reciente, por cierto, se hizo convenientemente coincidir con una de las festividades que más expectación y veneración despertaba en las culturas precristianas: el solsticio de verano. Dado que sólo sobrevive el ábside o cabecera de un románico rural, que podríamos datar, cuando menos a finales del siglo XII o comienzos del siglo XIII, aun si fuéramos expertos -que no es mi caso, objetividad, que no falsa humildad aparte-, difícil, cuando no imposible, nos sería comprobar el código aritmológico que, según Jean-Paul Lemonde (1), conformaría el rito fundacional de toda iglesia, colegiata o catedral que, en función de la onomástica del Santo Patrón, permitiría relaci...

Carrascosa de la Sierra

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D ejamos atrás las místicas soledades de ese antiguo lugar de culto megalítico que se conoce con el nombre de Alto del Casar, y salvando una breve distancia, llegamos a un pueblo, que ya en la propia raíz de su nombre, no sólo nos indica la condición del terreno sobre el que se asentaron los antiguos arévacos, sino que además, nos recuerda la veneración a la figura primordial de una Virgen Negra, la de la Encina o de la Carrasca , y su más que casual vinculación con la orden medieval de los caballeros templarios: Carrascosa de la Sierra. Obviando este tema para más adelante, cuando los pormenores de nuestra ruta nos obliguen a detenernos en Castilfrío -de la Sierra, también-, el viajero curioso podrá comprobar, apenas se adentre en el íntimo entorno municipal, que Carrascosa es un pueblo que contiene numerosos detalles, a cuál de ellos más significativo e interesante. No encontrará, por ejemplo, la proliferación de escudos nobiliarios que otorga esa rancia condición de poder y señ...

El dolmen del Alto del Casar

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A ntes de entrar en Carrascosa de la Sierra, a mitad de camino, metro más metro menos, de otra interesante población serrana que visitaremos en un futuro próximo, Castilfrío, conviene escuchar la llamada del espíritu y dejarse llevar hacia esas especiales soledades que conforman el denominado Alto del Casar. Allí, donde todo es silencio e incluso el viento trata con respeto ese pelado altozano, que no obstante bate denodadamente por sus cuatro costados, desmochado y apenas reconocible su estructura original de verdadero templo antediluviano, los restos de un antiguo dolmen atraen la atención hacia capítulos olvidados que subyacen en lo más recóndito de esa oscura Caja de Pandora que, comparativamente hablando, podría considerarse a ese capricho científico que arrogantemente conocemos como Historia. Tarde, demasiado tarde como para evitar un vandalismo que a buen seguro se produjo en un momento indeterminado –y no por efectos del tiempo, que suele ser más inocente, en el fondo, de ...

Aldealices: iglesia de Santa María Magdalena

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S iguiendo los derroteros de nuestra ruta en dirección a Carrascosa de la Sierra y Castilfrío, se propone una breve parada en un pueblo que tiene un curioso nombre, Aldealices, y motivados por la curiosidad, echar un vistazo a ese delicioso templito con el que, bajo la sorpresiva advocación de Santa María Magdalena, hemos de toparnos de improviso, situado como está, a escasos metros de la carretera general. Aun con reformas posteriores, en conjunto, su visión no deja de producir cierto sentimiento de sosiego, o cuando menos, cierta melancólica impresión de curiosidad, posiblemente motivada por esa aparente sencillez, esa sugestiva mezcla de rusticidad y de antigüedad, que sin necesidad alguna de soberbias conjugaciones estilísticas, combinan lo sencillo pero imprescindible con la técnica artesanal, respetando, no obstante, los principios básicos contenidos en la geometría sacra en la que teóricamente se basa. Mirando su espadaña hacia la referencia inequívoca de esas sierras del Al...