miércoles, 23 de mayo de 2007

Museo Antropológico de Ambrona


No muy lejos de Medinaceli, en dirección a Miño de Medinaceli y Barahona -pueblo famoso por la caza de brujas practicada en tiempos por la temible Inquisición- el pueblo de Ambrona custodia entre sus cerros -el valle del Mansegal, un afluente del río Jalón que nace en el pueblo- restos de un pasado prehistórico que, por circunstancias del destino o simplemente porque la tierra estaba cansada de conservarlo en secreto, se abre al mundo para hacernos ver -supongo-, la vanidad de lo que en el fondo somos y y el destino sedentario de lo que algún día nos convertiremos.
Lejos de dejarse amedrentar por la terrible bestia que aguarda solitaria en un punto determinado del camino, el visitante ha de pasar por su lado como si lo hiciera al lado de un perrillo faldero, aunque ésta, por timidez, no se acercará a lamerle la mano. Segundos después, tras tomar la curva en la que se esconde una pendiente no demasiado pronunciada, apenas tendrá dificultad alguna en vislumbrar una casona de estilo moderno, pintada del color de la yema de un huevo, sobre cuya pared principal, es de suponer que esperando el traqueteo del camión que ha de venir a liberarlo de su indigesta carga, descansa un contenedor verde destinado al depósito de basura. Junto a él, aunque situado más hacia la esquina, un cartel de color rojo y blanco le informará, oportunamente, de que se encuentra en el Museo Antropológico de Ambrona; de los horarios, y también -es de vital importancia no olvidarlo- de que los lunes y los martes permanece cerrado a cal y canto.
Los madrugadores, aquellos que lleguen antes de las 10 de la mañana y se encuentren la puerta cerrada, pueden dar un paseo por los alrededores, y acercándose hasta donde se encuentra la 'bestia', leer un cartel explicativo, en el que -poco más o menos- dice que el elefante de Ambrona podía llegar a medir hasta 4,5 metros de altura; pesar hasta 8 toneladas; consumir en torno a 150 litros de agua y 200 kilos de comida diaria. Que eran animales que antiguamente habitaban junto a una gran charca, donde, en tiempos de sequía, morían en masa. Razón ésta por la que, al haberse encontrado restos de hachas y otros utensilios, se supone que el Homo Heidelbergensis merodeaba por los alrededores -como el buitre a la carroña- dándose estupendos festines con su abundante carne.
Después, y puntual como un antiguo sereno, el guarda llegará, levantando polvo y piedrecillas del camino a su paso, y abriendo la puerta con gesto soñoliento, dejará que el visitante recorra a su antojo la media docena de vitrinas, donde -si no me falla la memoria- podrá observar vértebras, colmillos y mandíbulas de elephas antiquus; escúpulas (omóplatos) y fragmentos de huesos largos; costillas, así como piezas líticas, restos de bóvidos y de cérvidos, y también, una réplica a tamaño natural, de una cría de elefante junto a dos estremecedores colmillos.
Una vez contemplado esto, en realidad, poco más se puede añadir de lo mucho que, en mi opinión, se podría hacer en Ambrona; como, por ejemplo, ampliar las excavaciones o hacer un parque temático de interés, sin menosprecio, por supuesto, del medioambiente. Pero claro, es sólo una opinión. Y como todos sabemos, las opiniones son gratuítas.
Datos de interés
Yacimiento Museo Arqueológico de Ambrona
Carretera Torralba - Miño de Medinaceli, Km 3,1
42230 Ambrona - Soria
Tel.: 975.22.13.97 y 975.22.14.28

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