lunes, 21 de abril de 2008

Almazán, iglesia de San Miguel: el enigma de la Virgen y la Estrella


'Resulta totalmente inexplicable que la mayoría de nuestros arquitectos se hayan preocupado tanto de lo ornamental y tan poco de la geometría, lo más esencial de la arquitectura'
[Christopher Wren]
La 'Virgen con Niño' de San Miguel
Se halla situada en una hornacina que se encuentra en la pared frontal derecha del ábside, según se entra en el templo, probablemente no demasiado lejos del lugar donde -se ignora cuándo, por qué y por quién- fue enterrada. Aunque no se trata de una Virgen Negra, propiamente hablando, conserva ciertos aspectos y atributos de éstas, incluido, lógicamente, el subyacente en el misterio de su aparición, siquiera sea para cumplir con una de las tradiciones a ellas asociada.
Se la data en el siglo XIII, y en cuanto a su estilo, se le supone de transición al gótico, como así parece demostrarlo la suave serenidad de sus rasgos, en contraposición al aspecto severo y mayestático de sus antecesoras eminentemente románicas. Como se desconoce absolutamente todo acerca de Ella, la refieren -más que nada para saciar la curiosidad del visitante inquisitivo, en mi opinión- como la 'Virgen con Niño'.
Fue encontrada enterrada antes de estallar la Guerra Civil española, hecho que probablemente sea significativo, cuando no determinante, a la hora de entender el terrible estado de conservación en el que se encuentra, y que corrobora también el estado de conservación en que se halla el Cristo articulado del siglo XVI, que se exhibe debajo del coro. Éste se encontró sepultado debajo del altar, el día 2 de diciembre de 1998.
Probablemente a causa de ello, se observa un desperfecto en la nariz de la Virgen, apreciándose, así mismo, la falta de parte de su brazo derecho, detalle que impide argumentar acerca del objeto que portaba y comparar su simbolismo con los objetos que portan otras vírgenes de similares características, y que varían, según el simbolismo o mensaje que pretendiera darles el artista.
Tampoco se aprecian posibles rasgos de 'gigantismo', que pudieran situar el origen de ésta talla en siglos anteriores al XIII -lo más común-, o bien que pudieran ofrecer una pista acerca de su influencia -son caracteristicos, sobre todo, en la zona de Navarra, donde existen multitud de tallas que así lo demuestran-, si bien es cierto que mantiene en vigor los colores tradicionales: rojo, verde o azul.
Otra de las características del rostro de la Virgen, es que los ojos los mantiene ligeramente entornados hacia arriba, como queriendo denotar una cierta arraigambre celestial. No obstante, si se observa la talla de perfil, no resulta difícil apreciar que el ojo izquierdo parece conservar una ligera nota de estrabismo, que pueda o no, ser intencionada, o tal vez constituya un defecto sin importancia, detalle en el que en modo alguno creo.
Por otra parte, el Niño se mantiene sentado sobre la pierna izquierda de la Madre, mostrando un libro abierto entre las manos, detalle bastante significativo, aunque común, en este tipo de representaciones.
Es de resaltar, sin embargo, el rostro del Infante, donde se aprecian unos rasgos poco menos que de adulto, que cumplen -por así decirlo- otra de las condiciones sine qua num de este tipo de tallas, misteriosas, tradicionales y sobre todo, garantes de un fervor popular que se ha mantenido a lo largo de los años: el aparante desapego que existe entre Madre e Hijo.
Se trata de un detalle que ha levantado numerosas suspicacias entre los investigadores, siendo no pocas las teorías al respecto.
Significativo resulta, también, el detalle de que el Niño -al contrario de muchas otras representaciones de ésta época- tiene los pies descalzos. Detalle, para terminar, que no parece coincidir con la Madre, cuyo pie izquierdo -los pliegues de la túnica ocultan el derecho- parece calzar una especie de sandalia.
La Estrella de Ocho puntas
Por su perfección y originalidad, se trata, sin duda, del elemento cumbre de la iglesia de San Miguel. Elemento que, resulta oportuno destacar, atrae todos los años a numerosos curiosos y visitantes, acrecentando la fama de la iglesia principal de Almazán.
Para Gaya Nuño, ésta cúpula -uno de los pocos elementos que conserva de sus primigenios orígenes románicos- 'desciende directamente de las cúpulas laterales que preceden a la del mihrab de la mezquita de Córdoba', encontrándose similitudes en el esquema compositivo con las bóvedas de Armenteira, Torres del Río, San Millán y la capilla de Talavera, situada ésta última en la catedral vieja de Salamanca.
Cronológicamente hablando, se tiende a situar la cúpula de San Miguel, a fines del siglo XII.
Resulta curioso, cuando no impactante, observar el juego geométrico desplegado en su elaboración, advirtiendo cómo el cuadrado del crucero se convierte en octogono -para soportar así la cúpula- mediante la utilización de cuatro trompas de cinco arcos abocinados, de indudable influencia persa.
Como características fundamentales, no está de más añadir que la cúpula está realizada en base a ocho arcos de medio punto que, lejos de cruzarse en el centro, lo hacen en los laterales, consiguiendo en su interior un ojo o polígono.
Los arcos de medio punto, lisos y de sección rectangular, dibujan la estrella de ocho puntas, recuerdo típicamente morisco.
En base a la proyección inicial de los arcos y posterior de los plementos, algunos investigadores, como Martínez Frías, tienden a observar una influencia constructiva típicamente francesa.


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