domingo, 10 de agosto de 2008

Conquezuela: interiores de la ermita y cueva


Ignoro si se abre en ocasiones especiales, como ciertas fiestas de renombre -San Juan, por ejemplo- o en Navidades. Hasta donde mi información llega, la ermita permanece obstinadamente cerrada hasta el día 9 de agosto, festividad de la Virgen de la Santa Cruz y consiguiente romería. Bien es cierto que tenía una enorme curiosidad por ver esta ermita por dentro. Son varias las veces que he deambulado por el entorno y siempre, siempre me he preguntado cómo sería su interior. Pues bien, ayer, por fin, pude saciar mi curiosidad. Y en modo alguno puedo decir que la espera no haya merecido la pena.
Se equivoca aquella persona que pretenda encontrar grandes tesoros en su interior; o respuestas a un sin fin de misterios relacionados con su entorno, su ubicación de soledad o el rancio abolengo temporal de su Virgen.
Sí es cierto, que uno siente que se encuentra en un lugar sagrado desde el mismo momento en el que pone los pies en el umbral. Como dice Agapito, la ermita se construyó hace cuatrocientos o quinientos años. Y no fue el clero quien la construyó -he aquí otra desmitificación, por cuanto que, aunque cierta en otros lugares de culto posteriormente sacralizados por la iglesia, no es éste precisamente el caso- como ha dejado bien claro Agapito en sus declaraciones. Fue la fe de los vecinos de Conquezuela y de otros pueblos de alrededor quienes, seguramente influenciados por la benéfica naturaleza del lugar, decidieron dejar cumplido testimonio de su amor y devoción por la figura de la Virgen.
Sí es cierto, sin embargo, que en tiempos, la Santa Cueva albergó algún que otro eremita, como parecen atestiguar las tumbas antropomorfas labradas en la roca, que están perfectamente localizadas en uno de los salientes del peñasco. Ahora bien, el ascenso, en la actualidad, es poco menos que imposible y, por supuesto, desaconsejable.
Su interior, como no podía ser menos, es humilde, como corresponde o debería corresponder a una ermita. Esto no quita para que gente sin escrúpulos, vergüenza ni dignidad -y en esto, opino que la Guardia Civil debería ejercer un control mucho más exhaustivo sobre los anticuarios- haya penetrado en su interior en varias ocasiones, robando algunas piezas de relativa antigüedad -como una lámpara, cuyo cable desnudo aún es visible en las inmediaciones del altar- y mutilado las manos de la Virgen. Hay en la pared, algunas estampas -el Santo Rostro de Cristo, por ejemplo- cuya antigüedad pueda tener unos cuarenta o cincuenta años, y algunas otras de la Santa Virgen. Destaca, pues está situado enfrente de la entrada, el 'árbol de la rifa', de cuyo desconcertante simbolismo para el profano, ya nos ha hablado también Agapito.
En fin, el verdadero tesoro de la ermita de la Santa Cruz, bajo mi punto de vista, ha de buscarse en el corazón de cada uno; en la tremenda sensación de paz que se se percibe a los pocos minutos de hallarse en su interior. Vaya, pues, este mensaje a quien sea capaz de comprenderlo y le sirva de ánimo para asistir el próximo 9 de agosto a una romería cuyo encanto, espero, haya quedado, al menos, suficientemente demostrado en los vídeos consignados en este blog.


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