lunes, 11 de agosto de 2008

Tozalmoro: iglesia de San Juan Bautista


Situado a unos veinte kilómetros de la capital, siguiendo la carretera N-122 en dirección a Ágreda y Zaragoza, la primera impresión que se tiene al llegar a Tozalmoro, es que, al igual que en muchos otros pueblos de la provincia, el fantasma de la despoblación ha dejado allí una huella bastante más que notable. En efecto, apenas sobreviven actualmente una veintena de vecinos en este pueblo -el número puede aumentar algo en épocas de estío- situado en las estribaciones de la llamada Sierra del Almuerzo, en un punto que podríamos denominar 'caliente' -histórica y arqueológicamente hablando- ya que se localiza poco menos que a tiro de piedra de otros pueblos de similares características, pero que gozan del aliciente añadido de poseer evidentes muestras de un pasado rico y variopinto, del que apenas se ha estudiado y catalogado una pequeña parte, y aún así, los expolios y robos están a la orden del día, como es el caso del cementerio medieval de Renieblas.
En efecto, a cinco kilómetros escasos de Tozalmoro, el pueblo de La Omeñaca, ofrece una excelente muestra del románico de la región, con su iglesia de Nª Sª de la Concepción; algunos restos de probable origen celtíbero, como la cabeza que engalana la fuente del pueblo -cabeza que en su momento intrigó y dieron a conocer los investigadores que por los años 80 colaboraban en la revista Mundo Desconocido, dirigida por el polifacético y ya fallecido Andreas Faber Káiser-, siendo, además, el lugar donde se sitúa la conocida leyenda de los Siete Infantes de Lara, a quienes corresponderían -siempre según ésta- cada uno de los arcos de la galería de la mencionada iglesia, que atravesaron los hermanos en su frenética huida de los árabes. Entre las figuras de su pórtico, cabe reseñar aquella en particular que muestra a un equilibrista -motivo más propio, al parecer, del románico francés- que inmediatamente recuerda a aquéllas otras que decoran el pórtico de la iglesia de la Virgen del Val, en Atienza, Guadalajara o incluso las contenidas en la iglesia de Fuentidueña, Segovia, cuyo ábside sirvió de intercambio con algunas de las pinturas de la ermita mozárabe de San Baudelio de Berlanga, que actualmente se encuentran en el Museo del Prado, de Madrid.
Dos kilómetros más allá, en Aldealpozo, comienza la llamada Ruta de los Torreones, dentro de la cuál, se advierte al visitante, la posibilidad de conocer algunos despoblados notables, como el de Masegoso, por poner un ejemplo. Cabe destacar, por su altura, forma y sensación de robustez, la torre de la iglesia de San Juan Bautista, situada a la entrada del pueblo.
En dirección a Arancón, y distante, aproximadamente, quince kilómetros de estas poblaciones, se encuentra el pueblo de Renieblas, donde abundan los yacimientos arqueológicos -de origen medieval y anterior- y donde la presencia templaria fue bastante más que notable, como demuestra el escudo con un caballero de ésta Orden -encima de lo que en su día debió de constituir una de las puertas amuralladas de la ciudad-, así como la calle a ellos dedicada: Calle de los Templarios, desde la que se contempla la iglesia de la Virgen de la Luz. Se puede añadir, como dato anecdótico, que en Renieblas estuvo haciendo excavaciones el conocido historiador y arquéologo alemán Adolf Schulten -recordemos sus investigaciones sobre la desaparecida y mítica Atlántida-, hecho que se rememora en un monumento a él dedicado, situado en las cercanías del campo deportivo.
La iglesia de San Juan Bautista, en Tozalmoro, es, sin duda, un hermoso ejemplar de templo románico, en el que confluyen numerosas singularidades que no pasan desapercibidas, a poco que se observen con detalle. Dentro de lo que cabe, el templo se conserva en excelentes condiciones -a pesar de su antigüedad, siglos XII a XIII-, destacando la gran variedad, así como la expresividad y calidad -el tiempo y los hombres parece que han sido respetuosos-, de las numerosas figuras que componen su intrincada red de canecillos y capiteles.
De tal manera que, partiendo de la base, por ejemplo, de que el erotismo no suele ser uno de los motivos más frecuentes dentro de lo que podríamos denominar como el 'románico soriano' -sí suele serlo en provincias como Palencia, Burgos o Santander- sorprenden, por su realismo y crudeza, la pareja de canecillos situados en la zona del ábside, que algunos autores han tendido a identificar como 'los desvergonzados amantes' de Tozalmoro.
De un componente sexual mucho más frívolo y directo, en mi opinión, que las famosas parejas del ábside de la iglesia de Nª Sª de la Asunción, en Castillejo de Robledo, o que la vagina y el pene disimulados en uno de los canecillos del ábside de la iglesia de San Bartolomé, en el Cañón del Río Lobos, los canecillos a los que se hace referencia, representan a la figura de la fémina abierta de piernas, vagina y ano perfectamente perfilados, en completa disposición para recibir al amante, mientras que éste, a escasos centímetros de ella, mantiene agarrado el erecto pene con su mano derecha, mientras que en la izquierda -a juzgar por la forma- podría decirse que porta unas monedas. Curiosa alusión al comercio carnal, teniendo en cuenta que el resto de las figuras representan un simbolismo más místico y conceptual, cuyo significado, en al fondo, estamos aún lejos de comprender.
Entre ellas, aunque de forma vertical, destacan dos serpientes entrelazadas -similares a aquéllas otras que se suele representar enroscadas en el caduceo de Hermes- que pueden ser una alusión a la Sabiduría o al Conocimiento, cuando no, representar el símbolo del infinito.
El tímpano del pórtico de entrada al templo, sencillo, muestra una reproducción -bastante 'infantil', en opinión de algunos autores- de aquélla otra obra maestra que se puede admirar en la iglesia de Santo Domingo, en Soria capital.
En el caso que nos ocupa, el tímpano muestra una figura de la Virgen con el Niño sentado sobre sus rodillas, enmarcada en una rudimentaria mandorla; hay cuatro ángeles, así como cuatro personajes desconocidos, dos a cada lado de los ángeles. De los ángeles, llama la atención la disposición de las alas de los dos ángeles que se encuentran situados en el lado inferior, los cuales muestran un ala hacia arriba y otra hacia abajo, que semeja, por su forma, una media esvástica.
Las figuras de los capiteles que se levantan a ambos lados del pórtico, son de temática variada; no obstante, caben destacar arpías con rostro humano -tanto masculino como femenino-, ángeles, rostros y figuras humanas.
El interior de la nave tiene, también, detalles de cierto interés, aparte de hacer sentir en el viajero que tiene la oportunidad de traspasar el umbral, la curiosa sensación de encontrarse dentro de una pequeña fortaleza, como se puede ver en el vídeo que ilustra la siguiente entrada.


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