domingo, 10 de agosto de 2008

Romería de la Virgen de la Santa Cruz: agradecimientos



No podría poner punto y final a este pequeño monográfico sobre Conquezuela y la Romería de la Virgen de la Santa Cruz, sin mencionar, aunque sea brevemente, a Francisco Carlos Solé Llop. Con personas como él, es difícil ser una isla. Lo supe nada más aparcar el coche y pisar la yerba dorada por el sol. Fue la primera persona con la que me cruzé y de hecho -lo siento San Miguel- se convirtió en mi perfecto ángel de la guarda durante el transcurso de la Romería.
Francisco es escritor. Y muy bueno, en mi opinión, porque sabe hablar con maestría de las cosas sencillas. Una de sus últimas aportaciones para la reparación del tejado de la ermita de la Santa Cruz, es un cuento. Un cuento entrañable, sencillo, interesante y ameno, que recomiendo a todos aquellos que quieran profundizar un poco en las características del entorno de Conquezuela y de sus habitantes. Leyendo el cuento de Francisco -'Conquezuela y la ermita de la Virgen de la Santa Cruz'- es difícil no penetrar en la piel de sus protagonistas y dejarse envolver por la sencillez con la que afrontan su vida en un entorno maravilloso, pero también de extrema dureza. Es, posiblemente, comprendiendo esto, como se entiende un lugar espiritual y trascendente y una devoción mariana que está por encima de cualquier divagación extraordinaria.
Pero si sorprende la faceta de Francisco como escritor, sorprende mucho más su exquisita amabilidad. Su sentido, profundo y noble, de la hospitalidad. Sentido, por otra parte, extendible a su señora y familia, que me recibieron con los brazos abiertos y aunque mi presencia podía ser un pequeño incordio, ocupados como estaban en los preparativos de la romería, su paciencia y buena voluntad, ocuparán siempre un lugar entrañable en mi corazón.
No sé, Francisco, si podré asistir a tu generosa invitación para comer dos corderos el próximo sábado en Conquezuela y presentarme 'al Javi', ese otro madrileño que conoce muchas cosas del lugar. Pero lo que sí sé, querido amigo, es que siempre estaré en deuda contigo por tu extraordinaria generosidad. No es nada fácil, en los tiempos que corren -como diría Agapito- encontrar personas tan nobles como tú. Muchas gracias por todo. Y como bien dices debajo del Calendario Perpetuo que sirve como contraportada de tu cuento:
'Sólo hay pasado y futuro, el presente no existe, porque el tiempo no se detiene'.



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