Caltójar: iglesia de San Miguel Arcángel y Fiesta del Pilar
No es tiempo de Romería en Caltójar, pero sí de fiesta. Súbitamente, recuerdo que estamos en vísperas de una de las principales festividades de carácter nacional: la festividad de la Virgen del Pilar.
En Caltójar no hay desfiles militares, pero sí una imagen de La Pilarica -pequeña y de color plateado ennegrecido, puede que a propósito o por el tiempo, aunque común a numerosas iglesias, y no sólo de la provincia- que es sacada a hombros por los feligreses y paseada por las calles que se aglutinan alrededor de ese centro primordial que es su iglesia románica.
Las nubes, persistentemente irritadas a lo largo de la mañana, deciden soltar parte de su carga, como queriendo rendir también su tributo a la Virgen, pues es conocida la relación simbólica que existe entre ésta y el agua.
Tentado estoy de seguir a la procesión y no perder detalle de su lento caminar por unas calles cuyo empedrado, mojado, comienza a refulgir como las escamas de un pez. Pero la puerta abierta de la iglesia es una atracción mucho más fuerte aún, que mi afición por los usos y las costumbres populares, y deseando ver esa auténtica joya románica por dentro, traspaso el umbral con la cámara en la mano. En realidad, el hecho de encontrarme en ésta ocasión en Caltójar, se lo debo a mi amiga Baruk, cuya página (saludyromanico) recomiendo a toda aquélla persona interesada por tan fascinante estilo arquitectónico. Gracias a ella, sabía que durante los meses de verano se había procedido a su apertura al público, y por las fotografías mostradas en su blog, enseguida supe que una visita bien merecía la pena.
Tentado estoy de seguir a la procesión y no perder detalle de su lento caminar por unas calles cuyo empedrado, mojado, comienza a refulgir como las escamas de un pez. Pero la puerta abierta de la iglesia es una atracción mucho más fuerte aún, que mi afición por los usos y las costumbres populares, y deseando ver esa auténtica joya románica por dentro, traspaso el umbral con la cámara en la mano. En realidad, el hecho de encontrarme en ésta ocasión en Caltójar, se lo debo a mi amiga Baruk, cuya página (saludyromanico) recomiendo a toda aquélla persona interesada por tan fascinante estilo arquitectónico. Gracias a ella, sabía que durante los meses de verano se había procedido a su apertura al público, y por las fotografías mostradas en su blog, enseguida supe que una visita bien merecía la pena.
Una vez traspasado el umbral, me encuentro, sin duda, dentro de un mundo fascinante; un mundo donde se mezclan elegancia y fantasía, como así demuestran la altura de las columnas y los motivos de sus capiteles, así como la bóveda de su ábside, a cuyo pie el Altar o Puerta del Cielo, constituye el nexo de unión con la Divinidad.
Casi todos los feligreses han salido con la procesión, incluido el párroco, por supuesto, entonando el tradicional himno a María. No obstante, permanece en el interior una pequeña guardia de corps, compuesta por mujeres de cierta edad, que custodian con devoción un templo que me parece, como ya he dicho, sencilla y llanamente, espectacular.
No es de extrañar la restauración llevada a cabo en su momento por la Dirección General de Arte, pues no en vano, la iglesia de San Miguel está considerada, con toda justicia, como Monumento Nacional, y como tal, desde luego, constituye todo un tesoro. Fechada en el primer tercio del siglo XIII, los expertos han observado en su elaboración influencias de origen catalano-lombardo, así como otras de índole cisterciense, cuyo foco principal y más evidente en la provincia, lo encontramos en el Monasterio de Santa María de Huerta.
Semejante tráfico de influencias, no debe de resultar extraño en una provincia que fue frontera durante siglos entre musulmanes y cristianos -recordemos, también, la cercana ermita mozárabe de San Baudelio- y repoblada cuando aquéllos se retiraban y estos últimos avanzaban.
Como es de suponer, siempre hay una persona que, en ausencia del párroco, se encarga de velar por la iglesia. Siguiendo dicha suposición, me acerqué al grupo de vecinas, e interrumpiendo sus cuchicheos, les expuse mi interés por sacar algunas fotografías del templo. No me costó mucho romper su reticencia inicial, alegando que me constaba que el templo había abierto sus puertas al público durante el verano, y que me harían un gran favor, puesto que venía de Madrid única y exclusivamente para poder admirarlo y llevarme un recuerdo que estudiar y valorar. Tras el diezmo simbólico de 1 euro -para la Iglesia- y bajo la condición implícita de no utilizar el flash de la cámara para no dañar las imágenes, me permitieron desenvolverme a mi antojo por el interior. Eso sí, debía de darme prisa, y hacer las fotografías antes de que volviera el párroco.
Dado que, como ya he dicho, disponía de unas espléndidas referencias, apenas tuve que dilucidar por dónde comenzar la exploración. No tardé, pues, en localizafr -en la pared izquierda del ábside- las genuinas marcas de cantería, cuyo diseño me trajo enseguida a la memoria las curiosas espirales logarítmicas mayas, cuyas referencias había leído hacía tiempo en alguna revista sensacionalista. De cierta obviedad, también, resultaba su semejanza -en algunos casos- con esas marcas localizadas en el Monasterio de Santa María de Huerta, que en su momento me llamaron, y mucho, la atención.
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Comentarios
Saludos/Jose Maria
Creo que es la gran desconocida.
Todavía este mes pasé un fin de semana en Molinos de Razón.
Gracias por tu blog