jueves, 16 de octubre de 2008

Misterios de la Sierra del Almuerzo



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SUELLACABRAS

Población distante, aproximadamente doce kilómetros de Almajano y seis de Narros, mi presencia en Suellacabras resultó tan inesperada, como inagotable es mi sed de comprobar in situ, antiguas referencias a objetos y lugares de interés. En efecto, si hemos de encontrar algún culpable de ello, no se me ocurren mejores candidatos que un cronista soriano de nombre Antonio Ruiz Vega, y una publicación, dirigida por el ya fallecido Andreas Faber Kaiser, que causó verdadero furor allá por los años setenta y principios de los ochenta: Mundo Desconocido.
En efecto, corría el mes de noviembre de 1980, cuando éste excelente conocedor de la provincia -cuyo nombre resultará de sobra conocido a más de uno- publicaba un artículo excepcional, cuyo título -'La Sierra de los Siete Infantes'- descubría una ruta mágica y poco menos que desconocida hasta entonces para el público en general, que se adentraba en los supuestos 'misterios de la Sierra del Almuerzo', dando a conocer una serie de poblaciones -Renieblas, Omeñaca, Narros, Suellacabras, El Espino- y su curiosa vinculación con tradiciones y restos de arcaico y legendario interés.
Evidentemente, hace veintiocho años, no disponía de la independencia y los medios de que dispongo ahora, como para lanzarme a la aventura por esos caminos de Dios, aún a sabiendas de que me esperaban cosas realmente increíbles y de suficiente interés, como para hacer que los desplazamientos, por tortuosos y largos que pudieran ser, merecieran siempre la pena.
La casualidad -que a veces se disfraza de tal, pero que en mi opinión, pocas veces lo es- quiso que en el invierno, y mientras acometía una pequeña obra en casa, apareciera de entre el polvo y las telarañas que lo cubrían, ese viejo baúl de los recuerdos que, al abrirse, dejó en mis manos una pequeña colección de 'reliquias' cuyo valor se me antoja hoy en día inestimable.
De entre ese polvo primordial, comenzaron a surgir ejemplares de la revista anteriormente mencionada, así como algunos números de otra revista pionera en España -Karma 7- y cómo no, algunas joyas bibliográficas de considerable interés: 'El mito del eterno retorno', de Mircea Eliade; 'El misterio de las catedrales', de Fulcanelli; 'El Rey del Mundo', de René Guénon...También aparecieron, como por arte de magia, dada su inesperada oportunidad, algunas primeras ediciones de un auténtico erudito y pionero en la investigación de la 'España mágica', Juan García Atienza, la información de cuyos libros constituye un auténtico maná a la hora de visitar, investigar e intentar comprender esa fascinante multiculturalidad, que hace de España un lugar sorprendente, repleto de magia y tradición.
Embriagado, pues, por esa magia de los caminos, en la bolsa donde guardo con celo el equipo fotográfico, que no sin esfuerzo he conseguido ir reuniendo a lo largo de este tiempo, reposaban, también, la libreta de notas y el ejemplar de la revista Mundo Desconocido, con el artículo ya mencionado de Antonio Ruiz Vega.
Reconozco que, mientras devoraba los kilómetros poco menos que en solitario -cualquiera diría que como un vampiro que pretendiera echarle una carrera vital al amanecer- muchas dudas me asaltaban: ¿seguiría existiendo la losa medieval de Narros?. ¿Y los curiosos, incomprensibles grabados de la casa de Suellacabras?. ¿Seguirían existiendo, en la actualidad, referencias y devociones a ese extraño santo, San Caprasio, cuya ermita, y a juzgar por la fotografía del artículo, ya estaba completamente en ruinas hace veintiocho años?...
De cualquier manera, no era la primera vez que me ponía en marcha, siguiendo las referencias del artículo de Ruiz Vega, pues en agosto, aprovechando las vacaciones de verano, descubrí lugares relacionados de interés, como Tozalmoro y su espectacular iglesia románica de San Juan Bautista, así como la iglesia de Nª Sª de la Concepción, en Omeñaca, los arcos de cuya galería porticada corresponderían -siempre tomando como testigo a la leyenda- a los siete infantes de Lara y al lugar exacto por el que atravesaron con sus monturas huyendo de la persecución árabe. Renieblas no cuenta, porque ya la había visitado algún tiempo antes, aunque siempre gracias al referido artículo.
Llegué a Suellacabras pasadas las diez y media de la mañana -mucho antes los gallos ya habían cantado en Medinaceli, cuando me detuve a tomar café y a repostar- siguiendo una carretera comarcal que, a diferencia, por ejemplo, de aquélla otra termesina que conduce a Pedro, se encontraba en excelentes condiciones. Que yo recuerde, no me crucé con nadie durante el trayecto, aunque observé cierta actividad en los campos, donde algunos agricultores faenaban con el tractor.
Entré en el pueblo, observando que el núcleo principal quedaba a la izquierda de la carretera, mientras que a la derecha, los esqueletos ennegrecidos de algunas antiguas casonas de piedra me hicieron temer que tal vez fuese alguna de ellas el malogrado objetivo de mi búsqueda.
En contra de lo que esperaba, observé cierta actividad humana -en otros lugares de mi ruta, no vi un alma siquiera- de manera que detuve el coche a un lado del camino, junto a la imponente mole dieciochesca de la iglesia de el Salvador, y con la revista en la mano, abierta por la página donde se mostraba la fotografía de la 'casa de los símbolos', interpelé al primer vecino que me encontré.
Venía éste acompañado de un perro perdiguero, de esos de caza que, al contrario que otros perros más acordes a un carácter nervioso y de ladrido fácil, apenas se inmutó por mi presencia, una vez olfateados los bajos de mis pantalones. El pobre hombre se rascaba pensativo la cabeza, mirando y remirando la fotografía. Al final, desalentado, se encogió de hombros, recomendándome que me acercara hasta el club social -situado, aproximadamente, a unos 50 metros de distancia, junto a la calle del Hoyo- y que preguntara allí.
Aunque el día había amanecido nublado, la temperatura, no obstante a pesar de algunas circunstanciales y molestas ráfagas de viento, era agradable. Tal vez por eso, y porque es tradición en pueblos y ciudades -posiblemente más en aquéllos que en éstas, pues las ciudades cada día se están deshumanizando más- me encontré con dos señoras que platicaban animadamente enfrente de la puerta del referido club, con las bolsas del pan en la mano. Cuando las interpelé, una de ellas negó enseguida con la cabeza; sin embargo la otra, observando con interés la fotografía de la revista, dijo:
- Puede ser la casa de 'la Julia'...No estoy segura, pero yo diría que es la 'casa de la Julia', aunque sé que la remodelaron hace algunos años.
Existía, pues, una esperanza de que la 'casa de los símbolos' -como ya la había bautizado- se conservara en pie. Ahora bien, ¿seguirían estos existiendo por encima del balcón, después de la remodelación?.
Pronto iba a averigüarlo, pues algunas personas más se unieron a nosotros, y aunque algunos se encogían de hombros, dubitativamente, otros abogaban a favor de la 'casa de la Julia'. Entre ellos, había uno que descendió la calle abajo, indicándome que le siguiera. Lo hice algunos minutos después, una vez manifestado mi agradecimiento a las señoras por su atención.
Casi al final de la calle, el señor al que me refería, me estaba esperando. Se le había unido una mujer, y ambos me observaban con cierta curiosidad. Reconozco que soy un poco despistado por naturaleza; y por culpa de dicha naturaleza, aunque de manera totalmente inocente, desvié mis pasos hacia la izquierda, cuando apenas estaba a unos veinte metros de ellos, metiéndome por una calle, en la que el balcón de una de las casas me recordó aquél otro de la fotografía.
No tardé en darme cuenta de mi error, cuando ambos -el hombre y la mujer- se acercaron hasta mi, y aquél me interpeló, ligeramente molesto:
- ¿Te has metido por aquí para no darnos los buenos días?.
Era evidente que no, y así se lo expliqué, disculpándome por haber dado lugar a tan inesperado malentendido. Una vez vueltas las aguas a su cauce, la conversación derivó por senderos realmente interesantes. Sin saberlo al principio, estaba hablando con los poderes fácticos del pueblo: la alcaldesa y el primer teniente de alcalde. Éste último, según me comentó, residente en Madrid.
Sin terminar de creerme mi buena suerte, he de reconocer que fue un auténtico privilegio, escuchar de tan primerisima mano, algunas anécdotas referidas al lugar. 'Cosas de pueblo', se puede llegar a pensar, pero bajo mi punto de vista, testimonios de gran importancia para encauzar una investigación.
Al poco de comenzar a escuhar lo que me contaban, enseguida me embargó cierta tristeza, pues -como ya había tenido ocasión de comprobar en otros pueblos de la provincia- tampoco en Suellacabras los vecinos habían sido nunca conscientes de la riqueza histórica, arqueológica y cultural que habían poseído, y asún seguían poseyendo, aunque en menor medida.
- Ni siquiera sabíamos que había un castro romano en las cercanías -comentó la alcaldesa, cuyo interés en hablar de su pueblo resultaba evidente-. Hace unos años, estuvo por aquí un catedrático de la 'Universidad de Madrid'; creo que se llamaba Fernando Gimeno -era uno de los que había estado realizando trabajos arqueológicos en las cercanas ruinas de Numancia- que nos estuvo dando algunas clases. También hubo gente que vino por aquí a comprar cosas viejas, por las que pagaban apenas dos perras y a las que nosotros no dábamos importancia. Ya sabes, calderos de cobre, muebles antiguos...Ahora sabemos un poco más del valor de estas cosas, pero entonces...La gente de por aquí siempre han sido mesteros.
Llegados al punto de las tradiciones, aunque todos conocen a San Caprasio, apenas saben nada de él. Sobre este tema, reitero mi interés en volver y preguntar a los más ancianos del pueblo. Sí parece evidente, por otra parte, que este enigmático santo no gozaba de las simpatías de la Iglesia -tal y como afirmaba Antonio Ruiz Vega en su artículo- y que una vez echada a perder la antigua ermita donde se le rendía culto desde tiempo inmemorial, pronto contribuyó a la instauración del culto a la actual patrona del pueblo: la Virgen de la Blanca. Ésta se venera en la iglesia de El Salvador, y su festividad se celebra el domingo siguiente al domingo de Calderas.
- Sin embargo, -comentaron ambos a continuación- hubo otro Caprasio famoso en el pueblo. Emigró a Méjico, donde parece ser que hizo una gran fortuna. Montó allí una cadena de tiendas parecida a las antiguas Galerías Preciados de Madrid...
Al preguntarles sobre la época en que este curioso paisano emigró 'a las Américas', no terminaban de ponerse de acuerdo, aunque suponían que su éxodo debió de producirse en las postrimerías de la Guerra Civil, o en los años posteriores, cuando el hambre y la necesidad azotaba a una España que había quedado mortalmente herida después de la guerra.
- Compró tierras en el pueblo, -continuó explicando la alcaldesa- y una buena casa, donde vivieron sus padres. Instauró, también, la tradición, por Navidad, de dar un euro de aguinaldo a todos los niños del pueblo. Fíjate, que hasta mis hijos conocieron ésta tradición, que se ha mantenido vigente hasta hace unos pocos años...
Al parecer, éste Caprasio moderno, vivió y dejó de existir en Méjico. Los intentos de la familia por viajar a Méjico y verle, resultaron siempre infructuosos. Parece ser que vino una vez a Suellacabras, acompañado de una mejicana mucho más joven que él. Algunos pensaron que era su hija; otros, que era su amante. Pero lo que resulta evidente, es que se casó en Méjico y que después de su muerte, la familia política se quedó con toda su hacienda, cuidándose de hacer desaparecer todo rastro que pudiera conducir hasta él. De igual manera, pues, que el santo de la tradición, el rastro de este Caprasio se pierde, también, en la nebulosa noche de los tiempos.
Continuamos hablando de las 'vírgenes antiguas', esas veneradas estatuas de origen románico y gótico tan enigmáticas, a las que en los pueblos apenas se concedía valor material -que no espiritual, pues eran muy queridas y veneradas, dada su extraordinaria fama de milagreras- pero que para cualquier anticuario o amante del Arte, valen su peso en oro, y más de un anticuario sin escrúpulos ha hecho una verdadera fortuna traficando con ellas.
- Recuerdo que había una muy antigua en un pueblo de por aquí cerca. Pero se la robaron a los albañiles, mientras estaban trabajando en la iglesia...
No puedo evitar sonrojarme, ya que me acordé de una anécdota que me sucedió en verano. Recuerdo que venía de Renieblas, y al acercarme al pueblo de Ventosilla de San Juan, la iglesia, situada en lo más alto, me llamó la atención. Como no tenía prisa, y sí mucha curiosidad, decidí desviarme y echar un vistazo. La iglesia estaba abierta, y había albañiles trabajando. Estaban arreglando el tejado de una casa cercana y tomaban el punto de luz para su maquinaria en el cuadro eléctrico que se encontraba en el interior de ésta. Al pedirles permiso para echar un vistazo en el interior, me lo concedieron de buena gana, dejándome solo y a mis anchas. No había ninguna virgen románica en el interior, pero sí algunas piezas de cierto valor artístico, dada su antigüedad, entre las que destacaba una curiosa figura de época de San Antonio Abad, que mostraba una coloreada cruz en forma de Tau en su pecho.
Algo más de una hora después, y siguiendo las indicaciones de ambos, continué la búsqueda de la 'casa de los símbolos'. Al final de la calle, sin embargo, otra casa, que lucía un escudo nobiliario junto al que se encontraba una inscripción rodeada por algunos símbolos, me llamó enseguida la atención. En efecto, situado en medio de la inscripción, de manera inocente como un símbolo piadoso más, un círculo encerraba una perfecta cruz paté, que puso inmediatamente en guardia a mi ya de por sí desvelada suspicacia. Dadas las experiencias anteriores en Renieblas, apenas tenía duda alguna de la presencia de la Orden del Temple en la zona. Ahora bien, frente a mi se levantaba un misterio cronológico de difícil solución.
Según la fecha que se apreciaba en la inscripción, aquélla casa había sido levantada en 1747; es decir, algo más de cuatrocientos años después de la disolución 'oficial' de los templarios, cuya historia, a grosso modo, es de todos conocida. Me encontraba, pues, frente a un nuevo reto; otro enigma que hacía de Suellacabras -a nivel comparativo, por supuesto- un pequeño Rennes-le-Chateau español.
La inscripción completa, decía lo siguiente:
'AÑO DE 1747 y cuatro símbolos a continuación: signo de exclamación con el punto hacia abajo; dos círculos concéntricos, similares a los que se podían apreciar en algunas estelas funerarias; el anagrama de 'viva Cristo Rey, y al lado de éste, una punta de lanza o una paleta.
En la línea de abajo, especificaba lo siguiente:
ESTA CASA (a continuación una cruz paté encerrada en un círculo) HIZO ANTONIO CASADO Y JOSEPHFA LAPEÑA'.
Pero había otra particularidad, que al principio me pasó desapercibida: todas las aes, estaban escritas en mayúscula -como el resto de las letras-, pero con la particularidad de que la línea pequeña de separación entre uno y otro palo, formaba un pequeño ángulo cuyo vértice apuntaba al suelo, ofreciendo, de esa manera, un curioso símbolo cantero observado en numerosos templos románicos y adoptado posteriormente por la masonería: la escuadra o el compás.
Al final de esa misma calle, al pie de la carretera, se alzaba la 'casa de los símbolos'. Y en efecto, tal y como habían asegurado las vecinas, dicha casa había sido por completo remodelada. Hasta tal punto se había cambiado su aspecto, que lo único que permanecía igual que en la foto del artículo de Ruiz Vega, era el pequeño balconcillo y los símbolos que tanto le habían llamado la atención a éste hacía veintiocho años.
Constituían estos un pequeño enigma, formado por una cruz o custodia, a la que escoltaban, a ambos lados, dos aves. Dado que todo lo relacionado con el fascinante mundo de la simbología, se mueve por caminos de subjetiva apariencia, el principal inconveniente se hallaba en identificar a las aves en cuestión.
Tal vez la pista se encontrara en el único elemento, a mi juicio, que podía ofrecer una pista: su largo pico. ¿Se trataba, pues, de dos cigüeñas escoltando a la cruz o custodia?. Si esto era así, ¿señalaban el posible origen oriental de sus constructores?.
Dado que el nombre de 'Josephfa' visto en la casa anterior evidenciaba una indudable etimología hebráica, tal suposición no parecía en absoluto descabellada. Pese a la expulsión de los judíos -llevada a cabo en 1492 por los Reyes Católicos- y su posterior persecución, tampoco sería de extrañar su continuidad y supervivencia en la sombra. ¿Símbolos de identificación entre ellos?. Pudiera ser. No obstante, si ese fuese el caso, las aves, necesariamente, debían de pertenecer a otro linaje, pues entre el pueblo hebreo la cigüeña -como el águila, el buitre, el cuervo, etc- era considerada como un ave impura, al menos en cuanto a alimento se refiere. El misterio, pues, se acrecentaba.
Sin embargo, como pude comprobar momentos después, la simbología en Suellacabras invitaba, sin duda, a una interminable especulación.
Junto al club social de Suellacabras, aunque situada algo más adelante y haciendo callejón con éste, se encuentra la calle del Hoyo. Se levanta allí una casona grande, de piedra, tosca en apariencia, como la mayoría de las existentes en el pueblo. No obstante, y en vista del enorme escudo nobiliario que adorna la fachada -cuál mascarón de proa del buque insignia de una flota de galeones- cabe suponer que en el pasado sirvió de residencia a una figura importante del pueblo.
Aparte del escudo, también es posible vislumbrar una inscripción fundacional. Inscripción, para más inri, en la que de igual manera que en el caso anterior, una cruz paté templaria denota la posible existencia de un enigma: ¿existió una masonería neotemplaria en Suellacabras?. Es una posibilidad a tener en cuenta.
La inscripción, para más señas, reza lo siguiente:
'AÑO DE (ave, cruz paté y ave) 1750'
Las letras, como era de esperar, conforman simbolos de cantería bien conocidos, siendo el compás el más evidente. Ahora bien, si dicha inscripción mantiene vigente la existencia de un enigma en Suellacabras, la simbología figurativa asociada al escudo no le va, ni mucho menos, a la zaga.
Se observa, en la parte superior, una cimera con unos pendones recogidos en ambos laterales, que indica la existencia de un linaje de caballeros. Debajo de ésta, y dividiendo el cuerpo del escudo en dos partes, se observan un macho cabrío -recordemos a San Capra-sio, así como el propio nombre del pueblo Suella-cabras- y un león en actitud rampante o enfrentados. De manera simbólica, bien se podría pensar que nos encontramos frente a una alegoría que representa la eterna lucha del Bien y del Mal. Ahora bien, ¿en cuántos escudos nobiliarios de la provincia se representa al macho cabrío en actitud rampante o en cualquier otro tipo de actitud?.
Dicha figura, asociada simbólicamente con la figura del Diablo -recordemos los famosos aquelarres brujeriles, donde según la leyenda éste aparecía como tal- contrasta con ésta otra figura del león, la cuál sería su contrapartida, representando, en éste caso, a Cristo. ¿Se trata, tal vez, de una referencia a un antiguo linaje de guerreros?. ¿Tal vez templarios?. No resultaría una idea descabellada, teniendo constancia de su presencia en la región y su activa participación en la Reconquista, siendo Soria, como era, la frontera del Duero.
Hasta aquí, y a faltar de continuar la investigación, sólo algunos de los muchos misterios que se preveen asociados a un pueblo en teoría poco conocido, pero que, por las huellas que aún hoy día se vislumbran, esconde numerosos enigmas que bien merece la pena intentar desvelar.

10 comentarios:

Lima dijo...

De pequeño estuve un verano en un campamento en Salduero y había un chico de Suellacabras. Cuando me dijo elnombre del pueblo pensé que estaba de broma. Más tarde oi hablar de San Caprasio que me temo que no viene en los calenarios con santos.
Salud y buen camino

juancar347 dijo...

Es cierto. San Caprasio es todo un enigma; como el mismo pueblo, como los pueblos de alrededor, como Narros. Eso sí, la gente de Suellacabras -como iré comentando- 'chapeau': de lo más amable que he conocido. Por cierto, me hablaron de otro Caprasio actual...
Saludos, amigo.

Anónimo dijo...

Yo os puedo decir que mi abuelo (obviamente ya murio yo casi voy para los 60) se llamaba Caprasio.
Joer menos mal que a mi no pusieron igual.
Por cierto y ademas fue un hombre muy religioso, y creyente, ademas muy muy buena persona (no es porque fuese mi abuelo, solo hay que preguntar en Alcubilla del Marques por el, ahora que esta tan de moda lo de la memoria historica su intervencion salvo a varias personas de ser fusiladas en la zona) lo digo porque yo no me parezco mucho en lo bueno a el, de entrada no soy nada creyente.
A nuestra familia para nada ese nombre sonaba a no cristiano.
Saludos/Jose Maria

Anónimo dijo...

Lima, cuando yo era pequeño tambien estuvo en Salduero en el alberque de Caja Soria (entonces) tendria unos 10 años y fue la primera vez que sali de casa y la primera vez que tome cola cao y foigras (no se me olvidara nunca)
Saludos colega, igual coincidimos.
Jose Maria

juancar347 dijo...

Parece que Caprasio viene a ser un nombre con algunos candidatos. Ya iré contando la historia de un Caprasio que debió de ser de la quinta de tu abuelo, José Mª, y aún se le recuerda en el pueblo. Coincido con Lima, en cuanto al santo. Da la impresión de haber sido 'cristianizado'.

Lima dijo...

Invito a José María a escribir una semblanza de su abuelo y de su modesta lista de Schindler; y me ofrezco a publicársela en El Ojo

juancar347 dijo...

Comparto la iniciativa de Lima: ¡ánimo, José Mª, y preséntanos esa semblanza de tu abuelo!

Anónimo dijo...

Joer no me pongais en ese brete, pero os aseguro que en el pueblo lo saben todas las personas algo mayores.
Aunque la lista no fue muy grande. solo de una o dos personas que todo el mundo saben quien eran y que viven todavia hijos de esas personas.
No puedo decir mas, cuando nos veamos os lo comentare.
Saludos/Jose Maria

Anónimo dijo...

Pues el Caprasio actual creo que ya ha fallecido, Juan Caprasio regentaba un restauran /bufet en soria

juancar347 dijo...

Tomo nota del dato. Muchas gracias