Más allá de San Pedro Manrique: Yanguas
Los perros se refugian detrás de ellos, cuando el hombre les llama. Es una imagen idílica, pienso, mientras les veo sentarse, muy juntitos, en la baranda de la fuente. No lo puedo evitar. Me acerco a ellos con la bolsa colgada al hombro y una cámara en la mano, y comento:
- Verdaderamente, tienen ustedes un bonito pueblo...
La pareja de ancianos sonríe. No obstante, en el fondo de sus ojos creo ver, fugaz como una estrella, el destello de la nostalgia.
- Se está quedando despoblado -dice él, la vista fija en el horizonte lejano del recuerdo-. La juventud ya no quiere el pueblo...
Triste destino el que afecta a las pequeñas comunidades rurales.
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