domingo, 4 de julio de 2010

Hay otros mundos, pero están en éste: Edelia de Villasayas

Afirmaba Paul Elouard, escritor y filósofo francés, que hay otros mundos, pero están en éste. Mundos que tenemos cerca y que, aunque casi tocamos con los dedos de la mano, por regla general nos pasan por completo desapercibidos, porque no los consideramos como tales. Se trata de mundos muy especiales; mundos particulares que constituyen en sí mismos pequeños universos y diminutas galaxias, salvaguardadas siempre por la frontera invisible del anonimato.
Tan sabio o más que el mencionado filósofo, al que Salvador Dalí dedicó un retrato en 1929 -retrato que hoy vale, desde luego, una auténtica fortuna- es, sin duda, ese genio inmortal que, arropado por la más elemental de las sabidurías, conocemos como Refranero Popular. Todos nos nutrimos de él, en algún momento de nuestra vida, y rara es la ocasión que dejamos pasar sin echar mano de sus sabios consejos.

Acudo a él, entonces, aferrándome con idéntica determinación a como lo haría un náufrago a esa providencial tabla en medio del océano, para introduciros en esos mundos que, hemos de suponer, somos o constituimos cada persona, y descubriros a otra persona, o a otro pequeño mundo, si lo preferís, que gira alrededor de un satélite rural, de nombre Villasayas, situado, a su vez, en el interior de una pequeña galaxia llamada Soria.
Villasayas, como muchos otros pueblecitos de esa otra Extremadura -término por el que desde tiempos de la Reconquista y posterior repoblamiento, se conoce también a Soria- aún conserva una parte importante de su patrimonio Histórico-Artístico, localizándose éste entre los muros que conforman su parroquia, nacida en las postrimerías del siglo XII bajo los auspicios de un Arte, el Románico, no en vano considerado por algunos autores -no me cansaré de repetirlo- como el estilo de la peregrinación.


De este estilo de la peregrinación o románico, actualmente no queda mucho en la parroquia de Villasayas, aunque sí lo suficiente, para que durante los meses de verano -tiempo de apertura predeterminado de monumentos- el pueblo reciba numerosas visitas. Visitas que, de hecho, son particularmente atendidas por este mundo que es Edelia, de manera que se puede afirmar, con toda tranquilidad, que la relación entre Edelia y ese pequeño microuniverso espiritual dedicado a la Virgen de la Asunción, o la Asunción de la Virgen -tanto monta, monta tanto- es, por el momento, indivisible e íntima.

Pero el mundo de Edelia, no se reduce tan sólo a hacer de guía, llaves en mano, recorriendo continuamente esos escasos metros que separan la puerta de su casa de la puerta de la iglesia. Su mundo es sencillo, y a la vez, lejos de parecer una incongruencia, también es complejo, interesante y delicado. Es un mundo donde conviven trabajo, fuerza de voluntad, y sobre todo, es un mundo donde la imaginación tiene también un protagonismo destacado. Protagonismo que transmite a través de esas mismas manos que hacen las labores de su casa, o las duras faenas del campo.
Manos, como digo, curtidas en mil y una faenas, capaces, no obstante, de sujetar con delicadeza unos pinceles que, a su vez, exploran y transmiten otros mundos; mundos interiores, donde la magia de los sueños se viste siempre de Luz y de Color, para mostrar paisajes idílicos; escenas campestres o bodegones, que quizás en su diseño íntimo no hayan previsto las proporciones áureas de los grandes maestros de la Pintura Universal -e incluso, posiblemente, aquellos otros que, Magister Muri, levantaron el templo siguiendo estos parámetros-, pero que, fuera de toda duda, otorgan serenidad, admiración y magia simpática en quien los contempla, habiendo merecido el honor de ser expuestos -junto con obras de otros mundos anónimos distribuídos por ésta entrañable provincia- en el que quizás sea uno de los monasterios más emblemáticos del Císter en Castilla y León: Santa María de Huerta.

Es difícil conocer personas tan gentiles y vitales; tan llenas de fuerza, de vida y expresividad, y no sentirse, en el fondo, impresionado. Por eso, vuelvo a repetir aquí lo que he repetido ya algunas veces a lo largo y ancho de las entradas de este blog: una de las cosas que más impresiona de Soria -aparte de su parajes idílicos y su rico patrimonio histórico y artístico- son esas estrellas que le dan un color y un sabor especial: son, sencilla y llanamente, sus habitantes.
Por eso, no puedo, si no, finalizar la presente entrada, pensando, convencido, en ¡cuánta razón tenía Elouard!. ¡Hay otros mundos, desde luego, pero sin duda, lo más interesantes, a mi modo de ver, están en éste!.

2 comentarios:

KALMA dijo...

Hola! Una entrada freca ¡Todos los mundos están en este! ¡Seguro! Se trata de verlo, realizarlo y no soñarlo ¡Todo es posible! Que bonito, lo de que Soria cuenta con estrellas especiales ¡Sus habitantes! Besos.

juancar347 dijo...

Hola, bruja. Cada persona es un mundo. Un mundo desconocido, pero interesante. Cierto que mi opinión es sincera cuando me refiero a los sorianos en general: la gran mayoría con los que he tenido el placer de tratar, excelentes personas. Siempre hay alguna excepción, claro. Pero nadie es perfecto. Ni siquiera el que suscribe. Un abrazo