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Ruinas misteriosas, testimonio de un antiguo esplendor

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A mitad de camino entre la población de Ciruela y el señorío de la ciudad de Berlanga, el esqueleto de lo que en su día debió de ser parte importante de un entorno fronterizo a caballo entre tierra mora y cristiana ofrece, orgulloso en su desolación, testimonio de un pasado cuya historia parece sumergida en los ríos nebulosos de la leyenda. Aparte de los fantasmas -tímidos y escurridizos, sobre todo por el día- sus inquilinos actuales campan a sus anchas sin más ley que aquella dictada por el capricho. Yerbajos y alimañas; insectos, reptiles y pájaros conviven en un hábitat 'maldito' por el tiempo, y sobre todo, por el olvido de los hombres. En sus muros, resquebrajados y cubiertos de agujeros, parece que la tragedia se dejó sentir un día, y hasta es posible que sufriera los avaratares de la Guerra Civil, durante la cuál, pocos edificios se salvaron de la barbarie fratricida que enfrentó a hermanos con hermanos y a padres contra hijos. Echando un vistazo a los restos, silencios...

Caltójar, iglesia románica de San Miguel (siglos XII-XIII)

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Enclavada en el pueblo de Caltójar, en plena ruta hacia la ermita mozárabe de San Baudelio, la iglesia románica de San Miguel ofrece al visitante, detalles arquitectónicos y simbólicos sobre los que detenerse un instante a meditar y, sobre todo, a valorar. De influencia cisterciense y planta ligeramente cuadrada -según reza el cartel explicativo que se encuentra en uno de sus laterales- posee tres naves rematadas por ábsides, de los que destaca el central, por su mayor profundidad. Las arquivoltas son lisas, excepto las más abiertas, que desarrollan un junquillo en zig-zag y puntas de diamante, quedando el tímpano perforado por dos arquillos semicirculares, separados por el relieve de San Miguel colgado, que simula apoyar en un inexistente parteluz. Independientemente de lo interesante que pueda resultar la fachada de la iglesia, así como el retablo mayor del siglo XVII que se conserva en el interior, llama poderosamente la atención de la figura del arcángel, situada en la cabecera del...

Cruces en el camino, ¿símbolos de fe o algo más?

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Se levantan en mitad de los caminos; en las encrucijadas; en las cercanías de ermitas, iglesias y lugares consagrados; a la entrada y a la salida de los pueblos. A veces en solitario, y otras en grupo -como las de la fotografía de la derecha, localizadas en el pueblo de Pinilla-, las cruces, cruzetas o pairones, constituyen un interesante enigma, tan fascinante, quizás, como el misterio que envuelve las marcas de cantería que acompañan siempre a las principales construcciones de estilo románico diseminadas a todo lo largo y ancho de la geografía peninsular. Algunas contienen elementos bellamente labrados, como una con forma de doble cruz o cruz de caravaca, que se encuentra a la salida de la población de Berlanga de Duero; incluso existe otra en dicha población -situada junto a un parque infantil, muy cerca del castillo-, con la figura martirizada de Cristo; otras -posiblemente la mayoría- están con la piedra tan desnuda de adornos, símbolos y cualquier tipo de abalorio, que recuerda a...

La leyenda de San Baudelio

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Las calendas del año mil no sólo dieron pie a un mundo de temores, de horribles presagios y oscuros cabalismos. También alumbraron signos de esperanza que, como en el relato que aquí se narra, mostraban las señales que podían orientar la búsqueda del paraíso perdido, la tierra de promisión que solo los hombres justos y virtuosos, unidos de nuevo, lograrían ver. La historia que aquí se relata comienza en la noche en que un vértigo de estrellas despertó a los jóvenes Ismael y Omar mientras dormitaban en sus propios lugares bajo la sombra de una palmera protectora. El uno, a la orilla del Mediterráneo; el otro, en uno de esos mares de arena que inundan las lejanas tierras de Sahel. Un extraño resplandor fue iluminando sus espíritus y sus pupilas, como anuncio del mensaje que el Alto Emisario les transmitía desde el cielo. Omar e Ismael -musulmán el uno, cristiano el otro- habían sido elegidos, por su pureza de corazón, para vivir un reencuentro solidario en un escenario muy alejado del qu...

Romance del Duero

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Río Duero, río Duero, nadie a acompañarte baja; nadie se detiene a oir tu eterna estrofa de agua. Indiferente o cobarde, la ciudad vuelve la espalda. No quiere ver en tu espejo su muralla desdentada. Tú, viejo Duero, sonríes entre tus barbas de plata, moliendo con tus romances las cosechas mal logradas. Y entre los santos de piedra y los álamos de magia pasas llevando en tus ondas palabras de amor, palabras. Quién pudiera como tú, a la vez quieto y en marcha, cantar siempre el mismo verso pero con distinta agua. Río Duero, río Duero, nadie a estar contigo baja, ya nadie quiere atender tu eterna estrofa olvidada, sino los enamorados que preguntan por sus almas y siembran en tus espumas palabras de amor, palabras. Gerardo Diego, 1922

En Medinaceli lo encontré

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CAMPOS DE SORIA Más si trepáis a un cerro y véis el campo desde los picos donde habita el águila, son tornasoles de carmín y acero, llanos plomizos, lomas plateadas circuídos por montes de violeta con las cumbres de nieve sonrosada. Antonio Machado ¿Hace falta algún comentario? http://www.chollovuelos.com

Museo Antropológico de Ambrona

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No muy lejos de Medinaceli, en dirección a Miño de Medinaceli y Barahona -pueblo famoso por la caza de brujas practicada en tiempos por la temible Inquisición- el pueblo de Ambrona custodia entre sus cerros -el valle del Mansegal, un afluente del río Jalón que nace en el pueblo- restos de un pasado prehistórico que, por circunstancias del destino o simplemente porque la tierra estaba cansada de conservarlo en secreto, se abre al mundo para hacernos ver -supongo-, la vanidad de lo que en el fondo somos y y el destino sedentario de lo que algún día nos convertiremos. Lejos de dejarse amedrentar por la terrible bestia que aguarda solitaria en un punto determinado del camino, el visitante ha de pasar por su lado como si lo hiciera al lado de un perrillo faldero, aunque ésta, por timidez, no se acercará a lamerle la mano. Segundos después, tras tomar la curva en la que se esconde una pendiente no demasiado pronunciada, apenas tendrá dificultad alguna en vislumbrar una casona de estilo moder...