'De pronto, sin saber cómo, Nietihw y Sinuhé descubrieron que se hallaban en la plaza de la Lastra, en la recóndita aldea soriana de Sotillo del Rincón, caminando sin prisas hacia la Casa Azul. Un sol radiante hacía brillar dulce y discretamente el bronce de la Diana Cazadora, mientras el caño seguía manando en silencio, como si nada hubiese ocurrido...' [Juan José Benítez, 'La rebelión de Lucifer', Editorial Planeta, 1988] H acía tiempo que tenía deseos de visitar este pequeño pueblecito de Soria, motivado por la curiosidad que me produjo en su momento la lectura de esta conocida novela del periodista de origen navarro, aunque afincado en Bilbao, Juan José Benítez. Feliz por mi anterior experiencia en Tera y con la mente todavía dándole vueltas a los descubrimientos narrados en mi anterior entrada, me esperaba cualquier cosa, salvo que el primer ser viviente con el que me topé en Sotillo, fuera un gato negro que, circunstancialmente, se encontraba tomando el ...
Dentro de un territorio, antaño relevante, el de Berlanga, cuyos polvorientos caminos vieron pasar, en aquellos lejanos tiempos en los que las grandes gestas fueron el preludio a lo más épico de la Literatura medieval, a personajes singulares, que, de una u otra manera, quedaron definitivamente asociados a esa misma España, que ya, desde tiempos protohistóricos, pero recordados en el alba de la Mitología, había asistido, impotente, al paso de ese metafórico ‘fondo buitre’, cuyo nombre, Hércules para unos y Heracles para otros, viendo cómo manos extranjeras, robaban impunemente, cuando menos, dos de sus grandes tesoros nacionales: las manzanas de oro del Jardín de las Hespérides y los fabulosos bueyes de Gerión. Caminos de insólita trascendencia, que además, en vísperas de ese temido y apocalíptico Año Mil, fueron testigos del terror dibujado en los rostros de unos paisanos que asistían, no menos impotentes, al paso liberal de unos ejércitos, los de Almanzor, que, siguiendo los di...
En la proximidad de las tierras de Berlanga, a no excesiva distancia de Soria capital y también de la no menos carismática ciudad de Almazán, donde, como le sucedió a Van Goght, el rey Pedro II el Cruel se encontró con su propia noche estrellada a manos de su hermano bastardo, Enrique de Trastámara, un pueblo sorprende, no sólo por la curiosidad implícita en su nombre, sino también, porque posee una de las iglesias más peculiares del arte románico de una tierra conocida como la Extremadura castellana, que fue, durante siglos, parte indiscutible de esa frontera del Duero, que separaba la España cristiana de la España musulmana: Andaluz. Posiblemente, el nombre de Andaluz sea una consecuencia de la afluencia de aquellos cristianos, residentes en territorio dominado por los musulmanes, a los que se denominaba mozárabes, que se asentaron aquí, en un periodo en el que la Reconquista comenzaba a cambiar el rumbo de las circunstancias históricas, haciendo posible el avance de los ejércitos cr...
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