jueves, 19 de febrero de 2009

Hacia San Pedro Manrique por la Ruta de los Torreones: Magaña, iglesia de San Martín de Tours

Nacido en Hungría y soldado de las legiones del emperador romano Juliano 'el Apóstata', la vida de San Martín de Tours constituye un auténtico compendio de milagros y leyendas que han llegado hasta nosotros acompañando a una figura que, si la juzgamos en base a las numerosas iglesias a ella consagradas, enseguida comprenderemos que goza de un auténtico fervor popular. Dicho fervor, no se centra sólo en España, sino también en Italia y Francia -donde existe, quizás, un número excesivo de iglesias bajo su advocación- y por supuesto, también en Hungría, donde es uno de los Santos Patrones.
Sí sorprende, sin embargo -y esto es una apreciación meramente personal- dicho fervor en una tierra habitada por celtíberos (pelendones), a los que combatió con dureza en Germania y las Galias antes de convertirse definitivamente al cristianismo y perseguir al paganismo en todas sus facetas.
Pero se trata, tan sólo, de uno de los numerosos enigmas que cualquier curioso o investigador puede encontrarse en un lugar como la iglesia de San Martín de Tours, en Magaña. En efecto, junto al misterio y al simbolismo que acompaña la vida de este santo, tanto dentro como fuera de los muros, podemos encontrar la sombra de unos no menos intrigantes personajes cuya fama, secretismo y final, han hecho correr verdaderos ríos de tinta, alimentando hipótesis tan verosímiles como fantásticas: los templarios.
No voy a decir que la huella del Temple sea visible en la distancia con sólo observar el ábside de la iglesia, alimentando la eterna hipótesis que se formulan muchos investigadores acerca de si hubo una arquitectura templaria. Pero sí es cierto, que este tipo de iglesia-fortaleza de ábside poligonal, es muy corriente en la zona; como corriente resulta, así mismo, la presencia de los freires milites en una comarca cuya sombra se va haciendo más evidente a medida que uno se va acercando hacia San Pedro Manrique.
Posiblemente, la huella más clara de su presencia -y que, por poner un símil, cumple el mismo objetivo que la huella de pertenencia que se pone en el ganado- sean las cruces patadas -el tipo más común de la variada gama de cruces utilizadas por el Temple- que se pueden observar en su fachada. A este respecto, pude observar hasta tres, y eso que apenas tuve tiempo de echar un vistazo subliminal.
Casualidad o causalidad -que cada uno lo juzgue como mejor le parezca, aunque, por el momento, prefiero reservarme mi opinión- cuando llegué a Magaña y aparqué el coche cerca del ábside, la puerta de la iglesia estaba abierta y había unos visitantes en su interior. Dado que era una hora avanzada -poco menos, las tres de la tarde- y a la guía -denominaremos así a la persona que tenía la llave- la estaban esperando para comer, apenas tuve tiempo de echar un vistazo detallado. Pero agradezco la amabilidad de permitirme sacar la escasa media docena de fotos que se muestran en el vídeo y que, por el momento, resultan suficientes para ilustrar la serie de conjeturas que deseo aventurar a continuación.
El Retablo Mayor es barroco y los expertos observan en él influencias de origen riojano que, evidentemente, yo, a fecha de hoy, no sabría identificar. Pero sí puedo decir, que preside éste una imagen de San Martín, con alegorías pictóricas referentes a su vida, así como otras que hacen referencia a pasajes del Antiguo Testamento, entre las que cuenta aquella que muestra a Juan el Bautista (he aquí uno de los santos predilectos del Temple) bautizando a Cristo en las aguas del Jordán. Más arriba de la imagen de San Martín, hay otra imagen, que posiblemente represente a un santo bastante desprestigiado por la Iglesia, pero que durante muchisimo tiempo acompañó a los automovilistas por todos los caminos del mundo: San Cristóbal. Y si se tratara de éste santo, quizás tuviera cierta concordancia con la presencia de otro santo muy venerado en la provincia, que se puede apreciar en un pequeño retablo situado a uno de los lados del altar: San Roque.
Como ya aventuraba en la primera de las entradas dedicada a Magaña, el desconocido artista que talló a este San Roque, sustituyó la figura del tradicional perrillo que suele acompañarle, por un niño. Ambos, infante y santo, señalan con un dedo de su mano hacia la herida abierta en el muslo izquierdo. Curiosamente, y he aquí la importancia del detalle, la mano del niño es completamente desproporcionada al resto del cuerpo. ¿Una torpeza del artista o se trata de un detalle dejado a propósito?.
Pero las sorpresas no acaban aquí. Hay también, cerca del altar y colgado de la pared, un curioso cuadro de artista desconocido, que parece mostrar en varias de sus escenas, a monjes templarios o cistercienses, en base a los colores blanco y negro de sus hábitos. La escena de la izquierda, muestra, probablemente, una de las visiones legendarias de San Martín, pues muestra a un personaje coronado y de rostro indefinido en el que sólo destacan los ojos, y que podría corresponder con el Diablo que, según la tradición, se le apareció pretendiendo hacerle creer que se trataba de Cristo. A los pies de esta figura, dos monjes oran; el de la izquierda, probablemente Martín, mantiene la cabeza ligeramente gacha, como rechazando el origen divino de la aparición, mientras el monje de la derecha ora observándola. Lo curioso del tema, es que la figura supuestamente del Diablo mantiene los brazos extendidos, dejando entrever la casucha negra de su pecho que, -¿casualidad de casualidades?- tiene una forma inequívoca de Tau. ¿Se trata, quizás, de una alegoría templaria?. Recordemos la losa sepulcral que se conserva en la iglesia templaria de San Pedro, en Caracena, y que hace referencia a 'un caballero de la mala secta'.
Para más inri, la siguiente escena del cuadro, la escena del centro, no deja de ser tremendamente alegórica y trata, en mi opinión, con otro de los símbolos asociados a la Orden del Temple: el Santo Grial.
Pues bien, en esta escena, son dos los ángeles que, arrodillados, portan el sagrado cáliz, frente a lo que parece ser un altar. Las alas de los ángeles, parecen también tener cierta peculiaridad, pues una señala hacia arriba y la otra hacia abajo. Divagar por divagar: ¿estamos ante una alegoría de un símbolo solar por excelencia, la esvástica?.
Y por último, la tercera escena, no menos interesante que las anteriores, que muestra una figura solitaria que parece una mujer: ¿María Magdalena?. Por cierto, otra curiosidad que añadir: el lazo que une la capa al cuello parece, también, recordarnos un importante símbolo matemático: el número pi.
Los enigmas, pues, en Magaña, no han hecho más que comenzar.

4 comentarios:

KALMA dijo...

Hola! Veo que “has dejado la inspiración de la madre tierra” que mola también. Más allá de Ágreda, no he pisado, pero písare. Te has documentado bien, no pierdes detalle. San Juan Bautista y el Temple, creo recordar que la Ermita de San Bartolomé, fue antes la de San Juan, la situación … el río, o algo así, de memorieta. Te sigo visitando. Saludos.

juancar347 dijo...

Bueno, habría mucho que discutir. En efecto, algunos investigadores apuntan a que donde actualmente se levanta la ermita de San Bartolomé, antiguamente existía el convento de San Juan de Otero. Pero no hay base ni elementos que lo demuestren. Espero continuar explorando mañana. Aún queda mucho por ver e investigar en esta zona.

Anónimo dijo...

Juancar. yo esta parte de Soria es probablemente la que menos conozco y te doy las gracias por traerla y hacernos participes a todos.
Saludos/Jose Maria

juancar347 dijo...

Para serte sincero, José Mª, para mi también constituye un Nuevo Mundo. De ahí que dedique algún tiempo a su exploración, porque te aseguro que merece la pena.