martes, 10 de junio de 2008

Camino a Caracena: Navapalos, Segunda Parte


Lo reconozco: soy un nostálgico. Siento una dolorosa sensación de pérdida cuando camino por las calles de un pueblo poco menos que despoblado, cruzándome tan sólo con las sombras de sus muñones, transformados en recuerdo, seguramente por necesidad.
Recuerdos, por otra parte, que me traen a la memoria parte de esa España profunda y sacrificada, que tantas y tantas historias tiene todavía que contar. Quizás el vídeo ayude un poco a comprender esa sensación; y también la música, esa 'tonada al viejo amor' de Waldo de los Ríos.
Pero, por si acaso, no estaría de más citar aquí una parábola corta de Paulo Coelho, contenida en su libro 'Maktub'. Por si alguien se anima, y lugares como Navapalos comienzan a despertar, aunque sólo sea en el papel:
'Dice el maestro:
Escribe. Ya sea una carta o un diario, o unas notas mientras hablas por teléfono, pero escribe. Escribir nos acerca a Dios y al prójimo. Si quieres entender mejor tu papel en el mundo, escribe. Procura plasmar tu alma por escrito, aunque nadie lo lea; o, lo que es peor, aunque alguien acabe leyendo lo que no querías. El simple hecho de escribir nos ayuda a organizar el pensamiento y a ver con claridad lo que nos rodea. Un papel y un bolígrafo hacen milagros, curan dolores, consolidan sueños, llevan y traen la esperanza perdida.
La palabra tiene poder' (1).


(1): Paulo Coelho: 'Maktub', Editorial Planeta, 2007.




video

3 comentarios:

Diario de un burgense dijo...

Siempre ha habido un intento por repoblar y levantar el pueblo de Navapalos. Pero segun cuentan, aquellos que recibieron las ayudas las dedicaron para otras cosas diferentes que las de hacer adobe para reconstruir las casas de Navapalos.

Hoy dia Navapalos se ha quedado estancado en el tiempo.

Un saludo desde Diario de un burgense.

juancar347 dijo...

Sí, eso he oído. Y es una verdadera lástima, porque puede ser un hermoso lugar para vivir.

koborron dijo...

A este hermoso poema al adobe que pudo ser Navapalos, le viene faltando quién lo recite.